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Diagnóstico: infarto agudo de miocardio

Joaquín Navarro Valera, un empresario albaceteño de 49 años, sufrió un infarto agudo de miocardio el pasado 15 de enero. Ese día volvió a nacer porque todo funcionó a la perfección. Él llegó a Urgencias a las cuatro de la madrugada, con los primeros síntomas, y un diagnóstico certero permitió que en cuestión de 45 minutos saliera del quirófano con un muelle (stent) que abría una de sus arterias coronarias. La prevención y la respuesta rápida son las mejores armas ante el infarto agudo de miocardio, ya que si en la actualidad se cobra más de cien vidas al año sólo en Albacete, hace 25 años la mortalidad, con más de 200 defunciones, era el doble.

Joaquín Navarro Valera ya estaba diagnosticado como hipertenso. Al tratarse de una persona muy activa, no tenía problemas de peso, pero sí era fumador de un paquete diario desde que tenía 16 años. Empezó a sentirse mal, mareado y con angustia, junto con presión en la espalda y el pecho. A pesar de que la tensión la tenía perfecta, decidió ir a Urgencias porque su estado general no mejoraba. Así, entraba en el Hospital General Universitario de Albacete a las 4 de la madrugada y antes de las 5 salía del quirófano.

El pronóstico de estos pacientes ha mejorado en Castilla-La Mancha gracias al Código Infarto, conocido como Corecam, que establece que no deben pasar más de 60 minutos entre el electro y el cateterismo. Y es que el tiempo que se tarde en abrir la arteria obstruida es clave para evitar daños en el corazón. El Código de Reperfusión Coronaria en Castilla-La Mancha (Corecam) es un protocolo de coordinación entre el servicio de Emergencias y las unidades de Hemodinámica y cuidados intensivos coronarios de la región. El objetivo es la detección precoz del síndrome coronario agudo, la asistencia inmediata y el traslado ágil y seguro,  esté donde esté el paciente, a un hospital donde se le pueda realizar un cateterismo de urgencia.

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Joaquín Navarro estaba en Albacete capital y acudió a Urgencias por su propio pie, pero el Código Infarto se puede activar desde los hospitales de Hellín, Almansa y Villarrobledo, para el traslado a Albacete, o desde el 112, tal y como ha explicado el cardiólogo Juan Gabriel Córdoba.

En Castilla-La Mancha, los hospitales de Albacete, Ciudad Real, Guadalajara y Toledo son los que están capacitados para dar esa respuesta rápida que requiere el infarto.

“Estoy vivo porque los cardiólogos son unos fuera de serie y porque en Urgencias me hicieron todas las pruebas en un tiempo de récord”, comenta ahora Joaquín Navarro, quien está convencido de que su infarto lo ha provocado una combinación de estrés y tabaco. Y es que, empresario desde los 21 años, con la crisis económica y los recortes de plantilla ha pasado los peores momentos de su vida. Ahora, le toca vivir una segunda oportunidad, sin estrés ni tabaco.

Así, según el Instituto Nacional de Estadística, el infarto se cobra más de 700 vidas cada año en la región. No obstante, en torno a 2.500 pacientes acuden cada año a los hospitales de Castilla-La Mancha con un infarto agudo de miocardio. Recibida el alta, llega la hora de la verdad.

El paciente no debe meterse en una burbuja. Tiene que perder el miedo, pero no el respeto, a lo que le ha pasado. Toca vivir, aunque de otra manera. Aquí la Unidad de Enfermería de Cardiología tiene mucho que decir. De hecho, ha colgado unas sencillas recomendaciones en la página web del Hospital General Universitario de Albacete que todos los usuarios deberían tener en cuenta.

Y es que después de un infarto no hay que llevar una vida en reposo. Tranquila, sí, pero no exenta de ejercicio físico. Se debe caminar o montar en bicicleta dos o tres veces por semana, sin llegar a cansarse, poco a poco. Si el paciente fumaba, debe olvidarse por completo del tabaco y optar por nuevos hábitos en la alimentación, por aquellos productos considerados cardiosaludables.

Es importante tener confianza con el médico o con enfermería para resolver cualquier duda. No obstante, es básico controlar el estrés. Es decir, llevar una vida tranquila y normal. Volver a coger el coche a las cuatro o seis semanas; retomar las relaciones sexuales dos semanas después del alta; no fumar; tomar la medicación; hacer ejercicio con moderación; tomarse la tensión con la regularidad que indique el médico y, en definitiva, aprovechar esta segunda oportunidad que dan la vida y los protocolos sanitarios para cambiar.

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