ANA ROMERO · Peluquería & Belleza

“Hay que agarrarse a la vida”

Carolina Molina es una joven maestra, de 38 años y vitalidad contagiosa, a la que se le paró la vida con un diagnóstico: cáncer. Ella se ha convertido este año en la voz de la asociación de mujeres afectadas de cáncer Amac, porque si bien el mensaje es optimista: cada vez hay mejores tratamientos; también es demoledor: se ven más casos y más jóvenes. Ha sido el ejemplo porque, aunque el cáncer le llegó en el mejor momento y le obligó a frenar en seco, lo ha vencido.

Todo empezó con un bulto en la ingle cuando tenía 35 años. Rápidamente empezó el periplo médico y optaron por analizarlo y extirparlo. Aunque resultó ser maligno, se optó por vigilar y esperar porque la zona había quedado limpia. Carolina recuerda que ya entonces “se me paró el mundo”. No podía quitarse de la cabeza el pánico a que se extendiera, porque su cáncer era linfático. Cada tres meses, tenía que pasar por la angustia de los análisis y los resultados hasta que el año pasado, en una revisión, se confirmaron sus peores presagios.

Carolina quiere transmitir el mejor de los mensajes para todos los enfermos que se enfrenten a un cáncer, pero también considera que los pacientes deben saber que “esto no es rosa”. La primera revisión; los dolores; el cansancio; coger el pelo a mechones o ver cómo te miran cuando sales a la calle con una cara que no puede ocultar la enfermedad. “No es lo mismo escucharlo que vivirlo”, decía a www.diariosanitario.com mientras transmitía una vitalidad totalmente alejada de su testimonio. Y es que, si algo tiene claro esta maestra es que, después del peor año de su vida, “ahora toca agarrarse a ella”.

El del cáncer no es un camino de color de rosa, aunque le gusten el día y la celebración, porque, en opinión de Carolina Molina, el cáncer no debe ser un tabú sino una mala época de la que se sale. “Hay que luchar, investigar, sacar fuerzas y acudir al médico ante la menor duda porque cada vez somos más jóvenes”.

El 7 de noviembre hará un año de la primera dosis de quimioterapia. Carolina lo ha conseguido, así lo confirman los análisis, por lo que ha vuelto a hacer deporte y en breve se incorporará a sus clases en el Colegio Cervantes, un pequeño centro de Albacete donde la esperan con los brazos abiertos.

Ahora que da por cerrado el que no duda en calificar como el peor año de su vida, Carolina tiene claro que tan importante como el tratamiento han sido “mi familia, la patru, mi equipo del cole, mis chicos, las maestricas, mi “doc” y mi chico por su apoyo y amor incondicional”. Y si el cariño de los tuyos es fundamental para afrontar el miedo y los tratamientos, también son imprescindibles las personas que la enfermedad te pone en el camino, como Carmen Tobarra, una voluntaria de Amac que superó el cáncer hace dos décadas y ha sido la guía de Carolina. También la psicooncóloga de Amac está en la lista de agradecimientos de esta paciente que en un año ha pasado de enferma de cáncer a maestra con toda una lista de asignaturas pendientes que piensa recuperar.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo