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Los Llanos, el hospital olvidado

El Autor

Jesús Martínez-Moratalla Rovira

Neumólogo, autor de este reportaje

Los trabajadores se hicieron esta fotografía el día del cierre.

Hace 12 años de su demolición, 20 de su cierre y 70 de su inauguración, pero el Sanatorio Antituberculoso de Los Llanos, el que llegara a ser toda una referencia del Sureste español, parece borrado de la historia de Albacete. Para evitarlo, para que forme parte de la memoria de las futuras generaciones, sus trabajadores se unen ahora con la intención de recuperar y guardar cada uno de sus recuerdos.

El Sanatorio Antituberculoso cumplió una función en la Medicina y Cirugía Torácica de la época. Partiendo de la Tisiología, el hospital participó en la evolución hacia la Neumología y la Cardiología actuales de nuestra ciudad. Llegó a ser -y podía seguir siendo- unos de los iconos de la ciudad. No había familia albaceteña que no hubiese tenido un familiar o un conocido ingresado en este centro, por lo que mantienen su reconocimiento y gratitud. Pero sólo lo recuerdan las  personas mayores. La generación joven actual no sabe que en su ciudad existió un Hospital de Tórax en el que se realizaba cirugía torácica y cardiaca en los años 60 de referencia en todo el Sureste español.

Este año se cumplen dos aniversarios “redondos” del Hospital de Los Llanos: 70 años de su inauguración, y 20 años de su cierre.

Ha pasado mucho tiempo y mucha historia. En la posguerra española, existía un importante problema de salud pública por la tuberculosis, con una alta incidencia de morbi-mortalidad por esta enfermedad.

Fotografía cedida por Pilar Álvarez-Valdés

El patronato nacional antituberculoso decidió organizar, en base a los conocimientos de la época, los dispensarios y sanatorios antituberculosos para diagnosticar y evitar la transmisión y propagación de la enfermedad. El tratamiento se basaba en una buena alimentación con dieta rica en calcio, el reposo y  respirar aire puro. De ahí la arquitectura del centro, diseñada con grandes terrazas orientadas al mediodía y con las “chaises longues” para respirar el aire fresco. En invierno se mantenía el mismo criterio, mientras caía la nieve sobre las mantas con las que se cubrían los pacientes, marcadas con la Cruz de Lorena.

Los hospitales estaban repletos de pacientes, generalmente jóvenes. En principio los tratamientos existentes eran poco eficaces, lo que implicaba una gran mortalidad. Las estancias hospitalarias eran prolongadas, de meses e incluso de años, lo que conllevaba  una gran demanda y lista de espera para  ingresar. Era más frecuente que quedaran  plazas libres por fallecimiento que por curación.  La cirugía de tórax se desarrolló en España en este tipo de hospitales (frenicectomia, colapsoterapia, exéresis de carvernas…).

El fácil contagio y la alta mortalidad potenciaban el estigma y la leyenda negra que arrastraba esta patología. Así, el personal auxiliar de clínica y enfermería durante los primeros años procedía principalmente de órdenes religiosas. En el Sanatorio de Albacete estuvieron desde un principio las Hermanas Mercedarias de la Caridad.

Pinche en la imagen si quiere ver la inauguración del centro sanitario en el NO-DO. (minuto 4,19)

Eran hospitales ubicados a las afueras de las ciudades, incluso en sierras o montañas en los que solía vivir el propio personal que trabajaba en ellos, como el director, administrador, capellán, médicos, cocineros o personal de mantenimiento. Muchos pacientes ingresaron siendo jóvenes y al ser dados de alta pasaban a formar  parte de la plantilla del hospital. Esta circunstancia, junto con las estancias prolongadas,  contribuían a un ambiente de convivencia particular. De ahí surgieron amistades, noviazgos, parejas… En nuestro hospital, como en otros, se celebraban bailes, fiestas de disfraces, se representaban obras de teatro, fiestas  locales y navidades. Este ambiente no estaba exento de la picaresca y socarronería manchegas que bien harían las delicias de nuestros paisanos Pedro Almodóvar o de José Mota.

Con la aparición paulatina de drogas eficaces para la tuberculosis, consiguió controlarse en gran parte la enfermedad.

Fueron directores médicos de este hospital: Venancio Aura, García del Real, Anselmo Martínez Cuervo, Juan Ramón Martínez Fernández y Eloy Rodríguez López. Martínez Cuervo fue el director que estuvo durante más años en el cargo.

En este hospital trabajaron médicos reconocidos en nuestra ciudad como Jesús Sánchez Santos, Camilo Alvarez – Valdés, Ángel Gaude, Enrique Casaponsa, Eloy Camino, Juan Siquier, José Legido, Justo MontesDaniel Romero o Justo Cabral. Desde Murcia venían semanalmente los cirujanos Manuel Fuentes (cardiaco) y Mariano Sanchez Conejero (torácico).

Me incorporé al Servicio de Neumología de este hospital  en septiembre de 1976. Y allí estuve durante 13 años, pasando posteriormente al Servicio de Neumología  del Hospital General. Durante este tiempo, la plantilla médica estaba integrada por Antonio Molina Tomás (jefe de servicio de Neumología) Juan Ramón Martínez Fernández, Santiago Sáenz Lorite,  Eloy Rodríguez López y Nicolás Jiménez López. El Servicio de Cardiología lo componían Agustín Lorenzo Alfaro (jefe de servicio de Cardiología), Jesualdo Masiá Pérez y Juan Antonio Martínez Carbonell. El laboratorio estaba a cargo de Concha Martínez Riaza.

En el año 1987 pasa a depender del Insalud convirtiéndose en Hospital de Enfermedades del Tórax Nuestra Señora de los Llanos. Aumenta la plantilla y  la Farmacia pasa a ser regida por Hernando Martínez Herrero, Radiología por Alejandro Cugat y Medicina Interna por la Beatriz Vila Meizoso. Posteriormente, se incorpora Rafaela Sanchez Simón-Talero en Neumología. Paralelamente se abre el Servicio de Geriatría a cargo de Pedro Abizanda, Carmen Luengo y Luis Romero.

El hospital se cerró el 14 de abril de 1997, trasladándose los pacientes al recién rehabilitado Hospital Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Otra fecha, “no tan redonda”, es el 19 mayo de 2005, día en el que el edificio del Hospital fue demolido.

Independientemente de la estrategia sanitaria del momento, y  de los titulares de la propiedad del edificio, es injustificable la demolición de un hospital  impresionante, de estilo racionalista (arquitectos: Pérez Villena y Arroyo Vilata). Una vez más hay que recordar a las autoridades políticas y, en este caso también a las sanitarias, que el patrimonio arquitectónico y cultural pertenece a los ciudadanos.

Este sábado, 22  de abril, nos encontraremos los antiguos trabajadores del centro en una comida, para reunir documentos y fotos que, formando una base de datos, nos ayuden a recuperar, al menos, una parte de la memoria de este hospital.

El ministro de la Gobernación, Blas Pérez, en la visita inaugural.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo