ANA ROMERO · Peluquería & Belleza

Santa Cristina, medio siglo de historia

La historia de la Clínica Santa Cristina empezó a escribirse hace más de medio siglo. El sanatorio lo levantaron las Obreras de la Cruz para dar forma a su máxima, la formación de la mujer en una época en la que Albacete aún era una provincia pobre donde una joven sólo podía estudiar Magisterio. Así, junto al prestigio del centro sanitario creció el de la Escuela de ATS, apoyado por los doctores José María Sánchez Ibáñez, José Martínez Moratalla, Alfonso González Reolid, dos generaciones de los doctores López-Galiacho, Arturo Gotor, Ramón Ferrándiz, Rodrigo Gutiérrez Córcoles o la profesora Cremilde Fabo.

Si hoy la clínica cuenta con una plantilla de más de doscientos trabajadores, en los años sesenta y hasta 1975 todas las enfermeras eran Obreras de la Cruz. Sujetas a los votos de pobreza, castidad y obediencia, eran mano de obra gratuita para un sanatorio que, como hoy, no tenía ánimo de lucro. Y es que sus beneficios, cuando los ha habido, han ido destinados a reinvertir en el centro o a enviar dinero a las causas abiertas que tiene el instituto secular al que pertenecen estas seglares, centradas en la promoción de la mujer, en formarla para sacarla de la pobreza.

La clínica aún pertenece a las Obreras de la Cruz, pero si en tiempos llegaron a ser 36, en la actualidad quedan 18 de entre 96 y 63 años. La mítica escuela, por la que pasaron mujeres que después dirigirían hospitales como el 12 de Octubre o que ocuparían cargos políticos de relevancia, cerró definitivamente en 1998.

Todo empezó en 1947. Las Obreras de la Cruz ya estaban instaladas en Albacete, en lo que aún hoy se conoce como la Casa de Ejercicios. Dos médicos, los doctores Vidal y Arcos, tenían una clínica cerca del Parque de Abelardo Sánchez llamada Sanatorio San Francisco. Ambos viajaron a Valencia para hablar con el fundador del Instituto de las Obreras de la Cruz, el padre Vicente Garrido Pastor, con el fin de pedirle enfermeras. Al mismo tiempo, otro médico, el doctor Carrillo, acudió con la misma misión, conseguir obreras para otro sanatorio albaceteño, el de Santa Isabel.

Pero aún tendrían que pasar los años porque las obreras encontraron necesidades más acuciantes en la Sierra de Albacete, donde las mujeres eran especialmente vulnerables a la pobreza, de ahí que empezaran por hacerse cargo del centro de higiene de Yeste, hoy centro de salud.

Finalmente, en 1958, el Sanatorio San Francisco cerró y las obreras pasaron a hacerse cargo del Sanatorio del doctor Gaspar, que perdió la vida junto a su mujer y uno de sus hijos en un accidente de tráfico dando un giro al proyecto sanitario. Aquel sanatorio tomó entonces el nombre de Santa Cristina, pero estaba en la calle Dionisio Guardiola.

A finales de los años 60, los médicos no dejaban de hablar de la construcción de un nuevo centro sanitario de carácter privado para Albacete, pero nadie daba el paso, por lo que la directora del instituto de las obreras en la provincia, Cristina Lluna Pérez, decidió dar forma a la idea. Así, el 6 de noviembre de 1960 se ponía la primera piedra en la calle Pérez Galdós y el 28 de junio de 1963 el obispo de Albacete, monseñor Tabera, acompañado del fundador de las Obreras de la Cruz, Vicente Garrido, inauguraba la capilla y con ella el Sanatorio de Santa Cristina.

Desde entonces, aquí siguen María Dolores Herrero Cuevas y Delfina Soriano, obreras que estuvieron desde el principio y que hoy ven con orgullo cómo el paciente sigue siendo el centro de su sanatorio, una clínica que, además de dar trabajo a más de doscientas personas, se mantiene fiel al empeño de su fundador, la formación de la mujer, aunque hoy en lugar de trabajar en la Sierra de Albacete lo hagan en Bolivia, Chile o Brasil.

Santa Cristina convivió con el Sanatorio de Santa Isabel, el Hospital de San Julián –que pertenecía a la Diputación-, la vieja residencia –hoy Perpetuo Socorro- y el hospital de tuberculosos de Los Llanos. Pero medio siglo después, sólo quedan sobre sus cimientos la clínica, la única que las obreras mantienen en todo el país, y el Perpetuo Socorro, que pertenece al Sescam.

Cristina Lluna, Rafaela Ruiz, Josefa Vercher, Dolores Vicent, Julia Ródenas, Carmen García, María Teresa de Moya, Amparo Laparra, Isabel Castelló, Amparo Salvador, Delfina Soriano o María Dolores Herrero son sólo un ejemplo de aquel sanatorio y de aquella primera escuela que hoy dan forma a una moderna clínica con los mimbres del pasado.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo