ANA ROMERO · Peluquería & Belleza

Vellando, una saga de médicos ligada al Albacete Balompié

De izquierda a derecha, los doctores Javier Lucas, Eduardo Rodríguez-Vellando hijo y padre, el fisioterapeuta y podólogo Daniel Bleda, el médico Juan Miguel Armero y el fisioterapeuta Juan Abad.

Todo empezó cuando, allá por la década de los cincuenta, llegó a Albacete un médico madrileño apasionado del fútbol. Se llamaba Eduardo Rodríguez-Vellando y se convertiría en el primer traumatólogo de la provincia. Aquella afición por el deporte lo llevó a entrar en la directiva del Albacete Balompié y, debido a su especialidad, a tratar a los futbolistas de forma altruista. Con él empezaba una saga que durante más de medio siglo ha aunado la Traumatología con una afición al Alba que roza la adicción. Tres generaciones han sacrificado su vida personal para atender al primer equipo y a las categorías inferiores. El primer Vellando no lo dudaba cuando lo llamaban en plenas vacaciones y sacaba a su hijo de la playa para que observara, con cuatro años, lo que hacía su padre en el quirófano. Así, abuelo, padre e hijo, tres generaciones, han crecido como médicos del Albacete Balompié.

Primera generación. Rodríguez-Vellando fue el primer traumatólogo de Albacete y el primer médico del Alba.

Ser facultativo de un equipo como el Albacete Balompié implica que eres responsable de la salud de 28 jugadores y de sus familias durante las 24 horas del día. Las intervenciones pueden ir desde coser un pene, que ha sido el último incidente, hasta una intervención de cadera por artroscopia, pero también atender un infarto en las gradas, una fiebre por amigdalitis de madrugada o los problemas de salud del hijo o la novia de un jugador. El facultativo también es la referencia de las categorías inferiores y el primer auxilio en unas gradas que pueden llegar a los 17.000 espectadores. Sin olvidar que los fines de semana o los festivos no existen, que los días libres se aprovechan para los tratamientos o que los jugadores, la mayoría extranjeros, llegan a una tierra donde todo les es desconocido, por lo que el médico actúa como un padre.

Segunda generación. Rodríguez-Vellando no descarta volver a viajar con el Alba.

Hoy, esta carga de trabajo la asumen Eduardo Rodríguez-Vellando, padre e hijo, ambos traumatólogos de la segunda y la tercera generación, además de  los médicos de familia Juan Miguel Armero y Javier Lucas. La atención sanitaria la completan los fisioterapeutas Daniel Bleda, que también es podólogo, y Juan Abad, pero el equipo también cuenta con el apoyo de médicos del Deporte, nutricionistas y endocrinos. De hecho, Marta Rodríguez-Vellando es la odontóloga del equipo.

A lo largo de los últimos 70 años, los Rodríguez-Vellando han permanecido fieles a un Albacete Balompié que, como todo equipo, ha combinado temporadas de gloria con auténticos infiernos. En las diferentes travesías han contado con compañeros como los doctores David Belmonte, Gonzalo Fuentes, Vicente Ferrer, Luis Martínez Riaza o Manolo Bleda.

Tercera generación.

Los viajes en autobús, las noches de hotel, las victorias y derrotas o los entrenamientos con calor, hielo, nieve o lluvia dan pie a mil anécdotas. Así, un roce fortuito en el pene, con diez puntos de sutura, ha dado la vuelta al mundo, pero este equipo médico también se ha enfrentado a infartos en las gradas o en pleno vuelo, a balonazos capaces de dejar ciega a su víctima y a complicadas lesiones que han acabado en el quirófano de la Clínica Santa Cristina.

Médicos y fisioterapeutas disfrutan con el equipo y mitigan el sacrificio de los viajes, fines de semana y festivos con la afición al fútbol, pero no pueden renunciar a un segundo y hasta a un tercer trabajo, por lo que su día a día es maratoniano. Rodríguez-Vellando padre no olvidará nunca el viaje a Santiago de Compostela. Después de toda la noche en el autobús, tuvo que reenganchar con una jornada en el Hospital General.

La mayoría de las anécdotas no se pueden contar, pero a esta entrega de 24 horas se suman sorpresas como la que se llevó el doctor Juan Miguel Armero, que se encontró con una tarjeta roja que le obligó a abandonar el campo.

Imagen, del archivo de Josema Moreno, del ascenso, en 1991, a Primera División.

Todos sueñan con vivir momentos como los que añora el más veterano, los tiempos de la Primera División. Y eso que el ascenso también tiene anécdota para Rodríguez-Vellando, ya que lo vivió en la típica cabina roja inglesa, lloviendo, rodeado de pastos y ovejas. Retrasó el viaje a la Universidad de Cambridge todo lo que pudo porque el Alba estaba muy cerca del ascenso y, justo cuando no le quedó más remedio que marcharse, ascendió. Dejó al equipo en manos del también médico Ricardo Fuster, al que tuvo colgado del teléfono dándole partes. Eso sí, ese mismo fin de semana viajó para sumarse a las celebraciones.

Pero igual que su hijo ha llegado a formarse en el mismísimo Hospital Monte Sinaí, uno de los más prestigiosos de Estados Unidos, Rodríguez-Vellando también ha tenido que actualizarse durante toda su carrera porque de cómo responda ante la lesión de un jugador depende que vuelva al campo o que arruine su futuro. Así, cuando recibió el testigo de su padre, ya dominaba la cirugía artroscópica, un método que permite intervenir con una cámara de televisión y unas mínimas incisiones. Precisamente, ese interés por la formación fue el que le obligó a vivir el ascenso en Cambridge.

Si allá por los años 50 el primer médico del Alba se enfrentó a la directiva por abonar el césped con estiércol, lo que exponía a sus jugadores al tétanos, y por aquel entonces veía una quimera el ascenso, el equipo actual sólo se agarra a una motivación, vivir un ascenso a Primera División.

Parte del equipo sanitario después de un entrenamiento.

Juan Abad, fisioterapeuta, después del entrenamiento.

Daniel Bleda, fisioterapeuta y podólogo.

El entrenador consulta una radiografía con Rodríguez-Vellando.

El equipo albaceteño salvó a Amunike de una complicada lesión.

Imágenes del archivo fotográfico de Josema Moreno (www.masquealba.com)

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo