Actividad física: cuanto menos hago, menos puedo

El Autor

María Dolores Masiá Mondéjar

Responsable del Servicio de Cardiología Deportiva del Hospital IMED Levante/Elche

La verdad es que lo primero que me viene a la mente cuando empiezo a escribir algo así es en la cantidad de gente que está cansada de oírnos hablar de los beneficios del ejercicio físico. Luego me paro a pensar detenidamente y mi conclusión es que debemos estar fallando en algo, porque a pesar de ser “pesados” con este tema y sabiendo que la gente se está animando cada vez más a realizar actividad física creo que estamos lejos de aspirar a los resultados que deberíamos obtener. 

Personalmente, cuando intento animar a la gente que acude a mi consulta a que realicen ejercicio físico mi ideal se aleja bastante de lo que a lo mejor algunos se imaginan, y es que mi finalidad no es que se compren un pulsómetro, las mejores zapatillas del mercado (ojo, que un buen calzado es imprescindible pero no siempre se correlaciona calidad/precio) y se vuelvan un “runner “ (lo digo en inglés porque si empleo cualquier otra palabra en español parece que no es lo mismo…).

CLINICA BAVIERA

Mi única finalidad es que mejoren su calidad de vida y evidentemente también que disminuyan el riesgo de padecer enfermedades (ya sé que alguno de ustedes habrá tenido un conocido que ha fumado y que no se ha cuidado y ha vivido hasta los 105 años… pero ya tenemos datos de sobra para saber que este tipo de comentarios carecen de sentido salvo que hay gente que nace con mucha suerte…).

Mi experiencia valorando a personas como médico me ha demostrado que un pilar fundamental para nuestra profesión es la prevención, y como todos ustedes se pueden imaginar la prevención comienza por la propia persona, por lo que no es difícil concluir que como algunos están cansados de oírme: el mayor responsable de la salud de una persona es uno mismo y la mejor medida para preservarla es hacer ejercicio físico.

El mayor responsable de la salud de una persona es uno mismo

No es raro tener enfrente a una persona relativamente joven, de unos 60 años (piensen que es posible que a esa edad todavía quede un tercio de la vida por vivir), acuda a nosotros con los típicos factores de riesgo: hipertensión, colesterol, un poquito de azúcar y sobrepeso. Lo primero que pienso es: “usted tiene fácil solución, haga ejercicio, pierda algo de peso y coma mejor y es posible que estos factores de riesgo desaparezcan o disminuyan”.

Lo siguiente que pienso es en las probabilidades que tengo de que me haga caso, a veces creo que soy poco convincente (porque desde luego tiempo le dedico, y si hay hábitos tóxicos ya ni se lo imaginan…) o algo pasa que es más complicado de lo que a mí me parece. Una respuesta no poco común es: “cómo lo voy a hacer si no puedo caminar porque me duelen las rodillas”. Y yo me imagino que será de ellos entonces cuando tengan 80 años si siguen así.

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Lo que ya me sorprende del todo es cuando me dicen: “no me gusta tomarme pastillas” pero por supuesto lo que yo no puedo permitir es dejar que les dé un ictus o un infarto en el futuro, ¿no? Y este es un tema que ya que viene al caso me gustaría aclarar: me da la sensación de algunas personas se creen que recetamos pastillas porque nos gusta (o por otros intereses) y les aseguro que no es así, al menos ni a los compañeros que me rodean a mí (cierto es que no pongo la mano en el fuego por todos…). La mayoría ponemos pastillas porque la situación nos obliga a tener que hacerlo, jamás pongo algo que no esté indicado. Cuídense y en el futuro seguro que pondremos menos.

El caso es que, y siguiendo con esta persona de 60 años, esto se convierte en un círculo vicioso, menos me muevo, más sobrepeso tengo, más pérdida muscular hay, peor controlado tengo los factores de riesgo, más enfermedades, peor calidad de vida y en definitiva: “cuanto menos hago menos puedo” y este punto es al que no debemos llegar. Hay que luchar por mejorar, y se puede, claro que se puede, o al menos hay que intentar hacer lo imposible por no empeorar.

Ahora tenemos la tremenda suerte de que hay preparadores físicos muy formados para intentar revertir la situación, aunque actualmente hay varias barreras que impiden llegar a una escenario ideal (algunos no pueden permitírselo, a otros les parece ridículo…) pero poco a poco tendríamos que verlo como una situación normal e ideal (gente de edad avanzada entrenando, ¿por qué no?). Simplemente da la sensación de que cuando uno se hace mayor desaparece el concepto del ejercicio físico y es un tremendo error. De nada sirve tener una apariencia externa de 40 teniendo 60 si luego la calidad de vida es de diez o veinte años más a la que en realidad tiene.

El ejercicio físico no hará solamente que aumenten sus probabilidades de que vivan más sino también provocará algo casi más importante, y es que vivan mejor. Tengan en cuenta que conforme uno se hace mayor la historia natural es que se pierda músculo, por lo que en un futuro tendremos menos fuerza para levantarnos de la silla o cosas básicas como por ejemplo abrir un bote de conservas (incluso algunos “abre fácil” parece que están hechos a traición), también se pierde capacidad física para salir a dar paseos sin fatigarnos y por desgracia aumentan los ingresos hospitalarios por enfermedades.

Es importante hacer actividad física dentro de los hospitales

Pues bien, el ejercicio físico nos ayuda, entre otras cosas, a que se pierda menos músculo (lo que provoca una mayor autonomía con la vejez, la fuerza es importantísima), que se fatiguen menos, que disminuyan los ingresos y muy importante: que si lo hacen se recuperen mucho o ¡muchísimo mejor! Un ingreso de tres días a veces provoca que la gente salga del hospital sin andar (incluso es importante hacer actividad física dentro de los hospitales) con la enorme repercusión que ello provoca tanto a nivel personal como familiar y vemos una enorme diferencia entre una persona que ingresa con una buena forma física y los que lo hacen estando más deteriorados.

Supongo que con esta columna no conseguiré mucho, pero al menos mi deber es intentarlo: con sólo una persona que se anime a realizar actividad física merecerá la pena y a cualquier edad. El cuerpo está diseñado para moverse. La genética no nos toca más remedio que asumirla, pero las papeletas externas se compran y eso depende de ustedes. Hagan algo de ejercicio físico, coman sano y se sentirán mejor. Apoyemos las horas de educación física en el colegio y pensemos que ya ha llegado el momento de plantearnos la importancia de la actividad física a todas las edades, imprescindible en las avanzadas. No soy una obsesionada con el tema, les cuento una realidad que vivo en mi día a día, por desgracia.

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