Alejandro Cencerrado, el albaceteño que calcula la felicidad

Es físico del Instituto de la Felicidad de Dinamarca. Así, como suena, el albaceteño Alejandro Cencerrado vive de medir la entelequia a la que aspira todo mortal. Su padre quería que fuese médico, pero él soñaba mirando las estrellas con ser astrofísico. Hasta que un día, después de un carrerón universitario con mucho número y poca estrella, emprendió camino a Dinamarca en busca de trabajo. Ahora tiene autoridad para decir que la salud pesa, y mucho, en la felicidad.alejandro_cencerrado_feliz

La renta per cápita tiene peso en la felicidad de los países pobres, pero conforme sube el nivel de vida, el dinero deja paso a la salud. Las enfermedades, tanto físicas como psíquicas, tienen la llave del nirvana cuando el dinero está garantizado. Y aquí Alejandro Cencerrado lanza un mensaje a su país: “Para aumentar la felicidad en los países ricos, lo más importante es invertir en salud”.

Y es que se da la circunstancia de que, aunque España está por encima de Suecia y Finlandia en esperanza de vida, bajó de golpe los escalones de la felicidad en 2008 y ahí sigue, sin salir del pozo. Alejandro Cencerrado está convencido de que su país no subirá en el escalafón de la felicidad -ahora está al nivel de Colombia- hasta que mejoren las condiciones laborales. Prueba de ello es que los nuevos puestos de trabajo no han dado la felicidad a un país que llegó a estar entre los primeros.

CLINICA BAVIERA

Pero ¿es feliz Alejandro Cencerrado? Pues lleva trece años apuntando su felicidad, calculándola de 0 a 10 con esos misteriosos algoritmos que sólo unos pocos entienden, y la media de un chico sin problemas de salud o dinero es de algo más de cinco.

A sus 31 años y trabajando en el Instituto de la Felicidad, en Copenhague, este albaceteño ha visto que la felicidad tiene picos muy altos, pero estos duran cuatro o cinco días. Se tiende, por tanto, a regresar a la media. Puede que no hagan falta cálculos matemáticos para llegar a la conclusión de que la vida no puede ser una euforia constante, que hay que buscar ese término medio y disfrutar de los picos de felicidad. Ya lo dice el experto: “Por mucho que te esfuerces, después de aprobar ese examen tan difícil o de que te suban el sueldo, regresas a la media”.

Para aumentar la felicidad en los países ricos, lo más importante es invertir en salud

El problema está en que nadie puede adivinar el futuro aunque pueda orientarlo. Alejandro Cencerrado estudió en el instituto público Amparo Sanz de Albacete. Su padre, enfermero y webmaster del Complejo Hospitalario de Albacete, lo vio claro. Con el expediente que tenía, lo suyo era estudiar Medicina en Albacete. Pero su hijo, además ser medianamente feliz era bastante cabezón, y se marchó a Madrid para ser astrofísico. Con el tiempo, Alejandro vería “muchas matemáticas y poca poesía”. Con este panorama, terminada la carrera y sin trabajo, su hermana le aconsejó que se reuniera con ella en Dinamarca y ahí está desde hace cinco años.alejandro_cencerrado_trabajo

Una cadena de casualidades y el hecho de que Alejandro Cencerrado llevara más de una década apuntando su felicidad, le abrió las puertas del Instituto de la Felicidad, donde, cosas de la vida, ahora busca esa entelequia para la sanidad. En estos momentos mide el efecto que pueden tener grandes inversiones en salud en la felicidad de los pacientes.

Cencerrado también ha podido comprobar que los pacientes con psoriasis mejoran cuando tienen una buena opinión del sistema de salud o que el estrés y la falta de sueño son predictores en esta enfermedad, de ahí que Reino Unido, por ejemplo, esté invirtiendo en mejorar el sueño de sus pacientes.

A sus 31 años y medianamente feliz, Alejandro Cencerrado se quedará en Copenhague, probablemente la ciudad más feliz del mundo, midiendo lo que muchos consideran inalcanzable, incontable e intangible.

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