• Y así fue mi autotrasplante de médula

    El Autor

    Francisco Fernández Tenedor

    Paciente

    Os voy a contar mi experiencia personal con el autotrasplante de médula. Está claro que cada uno es diferente, pero considero interesante el mostrar lo que me ha pasado y cómo ha avanzado todo en un tema tan delicado como es el cáncer.

    Después del tratamiento de quimioterapia y realizadas todas las pruebas pertinentes, mi hematólogo consideró que cumplía los requisitos para un autotrasplante.

    El «ciborg»

    Lo primero: me convirtieron en un ciborg. Me implantaron un catéter Hickman en una vena, que es una vía central para todo tipo de pruebas, transfusiones o realizar analíticas. Como tiene dos cables que cuelgan, parecía un cargador de móvil con acceso USB…

    La aféresis

    Lo segundo: ahora viene la aféresis. Consiste en una máquina que conectada al catéter Hickman extrae la sangre, separa las células madre y las vuelve a introducir en tu cuerpo. Parecido a una diálisis. Dos mañanas entretenidas en el Hospital, dándole conversación a la enfermera. Estas células madre son tratadas y congeladas para el trasplante.

    La habitación con vistas

    El proceso. Una semana antes del autotrasplante ingresé en el Hospital en una habitación de aislamiento. La Seguridad Social me consiguió unas vacaciones diferentes. Me pusieron una pulsera de Todo Incluido para mí y otra para mi mujer con vistas a la Facultad de Medicina para unos 20 días.

    El segundo y tercer día de ingreso me pusieron dos sesiones de quimioterapia diferente a la que me habían puesto antes y preparatoria para el autotrasplante. Ya me avisaron de que era fuerte y mi pelo corría peligro, por eso me afeité la barba para no darle el gusto. Y al quinto día de ingreso (no hay quinto malo) llegó el trasplante.

    Convirtieron mi habitación con vistas en una especie de quirófano. Todo controlado: monitorizado, sondado… y todos los “ados” posibles. Y sobre todo “qué verde era mi habitación”. El autotrasplante consiste fundamentalmente en introducir otra vez las células madre ya tratadas, extraídas previamente en la aféresis. Dos bolsas y tres horas después el quirófano verde dejó paso de nuevo a la habitación con vistas.

    La recuperación

    autotrasplante de médula

    A partir de ahí comienza el proceso de recuperación. Los efectos secundarios son muchos y variados, pudiendo ser algunos dolorosos. Yo tuve suerte, mucha suerte. Pasé dos o tres días con fiebre y me tuvieron que poner plaquetas y plasma. A pesar de esto intenté no cerrar la boca y me mantuve a base de cremas y leche con galletas. Era muy importante no dejar de comer por mí mismo.

    Fui mejorando progresivamente hasta que unos diez días después mis defensas empezaron a subir con la misma velocidad con la que mi pelo se caía. Parecía que teníamos un gato de angora en la habitación. Hay dos momentos que se quedaron grabados en mi memoria: el primero fue cuando de un día para otro los datos de mis defensas pasaron de tener un índice sobre 100 a 4.000. El segundo momento clave fue cuando entró la hematóloga y le dijo a mi mujer que ya se podía quitar la mascarilla.

    Momento emocionante donde los haya. Se acercaba abandonar la habitación con vistas. Y llegó el día. Amaneció bien temprano, como otro cualquiera, con las analíticas pertinentes, la medicación, la toma de temperatura… hasta que llegó el hematólogo y, después de comprobar todos los resultados, dijo las palabras mágicas: “puedes irte a casa”.

    Adiós al «Todo incluido»

    Así, con las células madre limpitas y sin casi un pelo de tonto (ni de listo), con muchos informes y un Hickman colgante, hicimos la maleta. Con mucha alegría nos quitamos los pijamas a los que daban derecho las pulseras de Todo incluido y nos vestimos de calle.

    Fue muy emocionante despedirnos de todo el personal (sanitario o no) que con tanto cariño y profesionalidad nos trataron esos días.

    Este es el relato del mes de agosto más peculiar de mi vida, donde me rejuvenecieron mis células hasta el punto que me han dado una cartilla de vacunación como a los bebés.

    Un hombre nuevo

    Me siento joven por fuera y por dentro. Ahora me encuentro en la fase de mantenimiento que durará dos años. Me miro en el espejo y veo a otro Paco, tanto física como mentalmente. En lo físico, con nuevo pelo, más rizado y más moreno (sin canas), y una pequeña cicatriz donde estaba el Hickman. En lo mental, soy un hombre nuevo y mucho más positivo, con muchas más ganas de disfrutar de algo tan maravilloso como es la vida.

    (Mi hematólogo es Alberto Marín, mi ángel de la guarda).

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