• Es la verdad, tonto, y el resto son bulos

    El Autor

    Juan Javier Andrés

    Periodista económico

    Se conocía como la Sala de Guerra. Estaba en la oficina electoral que montó Bill Clinton en Little Rock, capital del estado de Arkansas (Estados Unidos). En una de sus paredes colgaba un eslogan claro, agresivo, contundente, que pasaría a la historia de la comunicación política y que sustentaría el eje central de Clinton para acabar venciendo a George Bush padre en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 1993. “Es la economía, tonto”. Ahora que hay quienes tratan de obviar el pasado más reciente, esos hospitales colapsados, la despreciable falta de medios de protección para los sanitarios, esa gravísima falta de respiradores y otros medios para atender a los pacientes y esa vergonzosa desatención a las residencias de ancianos, convendría parafrasear aquel eslogan de 1993. “Es la verdad, tonto”. Los más de 2.500 muertos oficiales por coronavirus en Castilla-La Mancha, muchos más extraoficialmente, se merecen la verdad y no una mentira tras otra.

    ¿No es el Gobierno regional el mayor generador de bulos?

    Me viene a la cabeza esa desnudada y malparada estrategia del Gobierno de España de haber tratado de controlar los “bulos y noticias falsas susceptibles de generación de estrés social y desafección a instituciones del Gobierno”. Hay que hacer un inciso y recordar la definición de bulo que hace la Real Academia de la Lengua Española. Un bulo es una “noticia falsa propalada con algún fin”. Aquí, en Castilla-La Mancha, muchos tendrían trabajo para rato. De hecho, ¿no son bulos muchos de los anuncios fantasmas que ha hecho el Gobierno regional desde que empezó esta crisis sanitaria?

    ¿No es un bulo anunciar “672 camas y 157 respiradores libres” en los peores días de la crisis, como entonces dijo el consejero de Sanidad, Jesús Fernández?

    ¿No es un bulo afirmar aquellos nefastos y trágicos días de marzo que “con 1.170 camas tenemos un escenario muy positivo“, como remarcaba entonces la directora gerente del Sescam, Regina Leal?

    ¿No es un bulo insistir en que “los servicios de Urgencias no están aglomerados“, como decía Fernandez Sanz el 21 de marzo, cuando los pacientes pasaban noches y días enteros en sillas en los pasillos de los hospitales por falta de camas?

    Los famosos respiradores

    ¿No es un bulo acusar a Turquía de requisar los 150 respiradores de ambulancia que finalmente llegaron a Barajas y que sirvieron para la despreciable foto del presidente regional, Emiliano García-Page, y Fernández Sanz a pie de respirador en Barajas en pleno Estado de Alarma?

    ¿No es un bulo anunciar la distribución de un millón de equipos de protección personal (mascarillas, guantes, trajes, calzas) cuando los sanitarios tenían que protegerse con bolsas de basura e incluso sacos de abono?

    ¿No es un bulo asegurar que “nunca hemos carecido de respiradores”, como se atrevió a afirmar García-Page el 3 de abril?

    ¿No es un bulo, a la par que vergonzoso, asegurar que “no dejamos de ingresar a nadie en UCI por falta de medios“?

    ¿No es un bulo afirmar que “Castilla-La Mancha es la comunidad que menos contagia”, como dijo el consejero de Sanidad el pasado 29 de abril?

    Las enfermeras de Urgencias

    ¿No es un bulo acusar a las enfermeras del Hospital de Albacete de “estar en otra cosa que no era la pandemia“, como recriminaba el presidente regional en sede parlamentaria el pasado sábado 2 de mayo?

    Mientras tantos bulos proliferaban desde el Gobierno regional, cientos de ancianos morían en las residencias de mayores. Castilla-La Mancha se convertía en la comunidad autónoma con peores datos de mortalidad de todo el país, faltaban material de protección para los miles de sanitarios que se jugaban la vida en su batalla diaria contra el coronavirus y cada día la región se asomaba a ese abismo que bien reprodujo un periódico de Madrid, El Fígaro, en 1918 en pleno estrago de la gripe española. Sólo el tiempo pondrá a la verdad en su sitio, y a los bulos, en otro.

    bulos
    Caricatura de Aguirre en El Fígaro de 25 de septiembre de 1918.

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