• Las Minas y el Cañón de los Almadenes

    El Autor

    Rigoberto López Honrubia

    Profesor de Psicología de la Salud en la Facultad de Enfermería

    A la altura de El Pitón de Cancarix nos desviamos hasta Agramón y desde ahí hasta Minas. Cruzamos Las Higuericas, paraje fantasmal, en la falda de la Sierra de los Donceles.

    Cañón de los Almadenes

    Las rutas senderistas del psicólogo Rigoberto López y el dentista Manuel Martínez son una invitación a disfrutar de un ejercicio físico imprescindible para la salud.

    Dejamos el coche en el desvío del pantano de Camarillas, un poco antes del cementerio de Minas, junto a unos carteles informativos. Ahí tomamos un camino a la izquierda entre oliveras que dejaremos por otro a la derecha un poco más adelante para continuar una senda-arroyo que baja a Minas.

    En ocasiones hay atisbos de senda, pero la mayor parte del recorrido vamos abriéndola. Un paraje singular, encajados entre paredes estratificadas de yeso y tamizados por plantas bajas. Hace años hubo un incendió en esta zona que arrasó toda la vegetación. Los troncos calcinados están ya integrados en el paisaje, el esparto y otras plantas bajas han tamizado el suelo y el color verde resulta predominante junto con el blanco de las montañas de yeso y cal.

    Olor a azufre

    Cañón de los Almadenes

    Algún tamarindo de color naranja pálido, adelfas y pitas también contrastan. Pasamos debajo de montañas de residuos de la mina, huele a azufre. Y de vez en cuando algún pozo para extraer minerales; algunos carteles recuerdan que hay pozos abiertos, de uno de ellos una bandada de palomos salen en retirada, aunque podemos oír muchos más en alguna de las galerías allá abajo.

    Llegamos hasta la carretera muy cerca de Minas. Algún lugareño se asoma a su balcón, aunque no parece que haya muchos en esta época. Detrás del pueblo resalta el Cerro Salmerón de 492 m, muy llamativo; se trata de un volcán, que junto con La Celia y Cancarix conforman una línea de afloramientos volcánicos de la zona.

    Hacia Calasparra y Murcia

    Cañón de los Almadenes

    A la derecha de la carretera están los bancales, algunos recientemente recolectados, aunque aún se ve alguna coliflor; otros están de rastrojos de maíz, y algunos ya en barbecho posiblemente para sembrar arroz, a ambos lados del río Mundo que discurre por medio del valle, y al fondo a la izquierda se junta con el Segura en dirección a Calasparra y Murcia.

    Dejamos atrás otras aldeas en avanzado estado de descomposición, Casa Blanca, y seguimos por la carretera donde varias casas llaman la atención como La Casona, en una atalaya un poco antes de la senda de Camarillas que tomaremos y que tras pasar por un túnel se une con el camino junto al río dejando terrenos de labor entre ambos.

    La obligada parada

    Al otro lado la vía férrea y la Estación, teniendo la oportunidad de escuchar los pitidos de dos trenes y saludar a los vagones fantasmas hasta que se pierde en un túnel de más de un km de largo. Después de varios granados con sus frutos secos colgando, buscamos acomodo junto a las Casas del Salto para comernos el bocadillo, acompañado de la cata de varios quesos, cabrales y de romero del Bonillo, con un traguito de excelente vino, coupage de tempranillo, sirac, merlot y cabernet sauvignon de Cogolludo, norte de Guadalajara.

    Y de postre una pera de invierno de Bogarra, pelada y repartida con la navaja, a trocitos como buenos hermanos, como hacia mi padre cuando éramos niños. Frente a nosotros, en el barbecho, varios montoncitos de tierra que delatan el quehacer de los topos, y toda la ribera del río poblada de cañas, excepto un álamo blanco que ha resistido la quema.

    El cañón de los Almadenes

    Cañón de los Almadenes

    A nuestras espaldas, en altura, un canal repleto de agua. Reconstituidos continuamos, con un runrún de motor, constante, que resultó ser de la central hidroeléctrica, Coto Minero, y hasta la presa de los Almacenes donde se inicia un recorrido sorprendente, el Cañón de los Almadenes, inicialmente idílico, con pasarelas flotantes a la izquierda del río, galerías de las antiguas minas, y luego cruza el río y continúa por la otra orilla, pero ahora es un circuito temerario, no tiene quitamiedos y algunas de las planchas de cemento están rotas, además llega un momento que no se puede continuar, la única opción es dar la vuelta…no apto para personas con vértigo.

    Y además un cartel prohíbe el paso hasta allí. Luego ambos reconoceremos que nos ha dado un poco de yuyu. Otra vez en la presa, donde barbos de buenas dimensiones, aparecen en pequeños bancos, y una pareja de ellos, uno más pequeño y vientre más claro, juguetean y se restriegan. Una lavandera amarilla danza y picotea la ova verde y un pequeño correríos realiza su característico paseo picoteando con su largo y fino pico. Ha sido una de las zonas donde más pájaros hemos observado, bandadas de verderones y colorines, que se refugiaban en los espinos negros y granados ante el vuelo de un gavilán.

    Paisaje de ensueño

    Cañón de los Almadenes

    De regreso decidimos alterar el itinerario y saltamos el canal repleto de agua, para subir por un arroyo que se ha ido formando desde tiempo inmemorial para recoger el agua de las cimas de las montañas y llevarlas hasta el río, pero dado lo peculiar del terreno, caliza y yeso, ha ido serpenteando y formando figuras, pozas, y mostrando los estratos, que nos parece de ensueño.

    Además, nos va subiendo con facilidad a la cima desde donde podamos ver el pantano, y tal vez el poblado íbero de Los Almadenes. Solo al final tenemos que salir del arroyo para hacer un poco de subida libre, y llegar a un camino que nos llevará al punto donde satisfacer ambas pretensiones. Y vale la pena, es el monte más alto de este lado del río, el punto geodésico está en el pico Túnel 509 m, al otro lado del desfiladero.

    Pantano de Camarillas

    Vamos viendo el pantano de Camarillas, su cola, cuerpo, e isla junto a la desembocadura, las Casas de la Presa, y un montón de siluetas de montañas, entre los que reconocemos La Albarda y la Almenara. Muy cerca nuestro nos llama la atención la sierra de Los Donceles, próxima candidata.

    Y más a la derecha la Sierra de las Cabras con su monumento natural el Pitón volcánico de Cancarix. Y seguimos subiendo hasta lo más alto con la pretensión de visitar el yacimiento íbero, y aunque al principio solo nos parece una loma con un par de casetas y antenas, empezamos a ver gran cantidad de restos de arcilla muy elaborada, piedras de sílex y paredes de piedra… nos damos cuenta que es un poblado que ha sido excavado, dejando al descubierto la estructura de algunas casas, la muralla exterior y nos hacemos una composición de cómo podrían sentirse y sentarse a tomar esta puesta de sol nuestros antepasados.

    12 kilómetros en 3,30 horas

    Son las 5 de la tarde, y escogemos dos piedras para interiorizar esta experiencia, y tomarnos un té y unos mantecados, viendo las escarpadas paredes del desfiladero, oyendo rugir el agua, sintiendo el sol y el aire en nuestra piel e impresionados con tanta belleza. Nos sentimos dichosos, y chocamos nuestros vasos deseándonos seguir haciéndolo unos pocos años más.

    Regresamos por el camino y visitamos una calera de grandes dimensiones y en relativo buen estado, para volver al camino y llegarnos a nuestro coche. Paramos a la salida de la Sierra en el Camino de Aníbal, donde unos carteles nos informan que es un mirador de la zona y lugar de acceso a la sierra y pico de los Donceles. Y ya en Agramón, visitamos la Luna, para probar sus michirones y bacalao. Y cotilleamos con la camarera para saber qué pasó con Las Higuericas. Hemos hecho 12 km, en 3,30 horas, y disfrutado de una etapa extraordinaria.

    Aquí puede consultar otras rutas

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo

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