• Enfermedad de Casal, pelagra o el mal de la rosa

    El Autor

    José Joaquín Alfaro Martínez

    Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete

    La pelagra es una enfermedad producida por un déficit de vitamina B3 (niacina). Se caracteriza por la presencia de lesiones costrosas, eritematosas y descamativas en zonas expuestas al sol, como el dorso de las manos o la base del cuello.

    Ha sido conocida como la enfermedad de las tres D: dermatitis, diarrea y demencia

    También pueden aparecer síntomas digestivos y síntomas neuropsiquiátricos, por lo que ha sido conocida como la enfermedad de las tres D: dermatitis, diarrea y demencia. En nuestro medio es un cuadro raro que podemos encontrar en personas con enfermedades digestivas o alcohólicos crónicos, pero sigue siendo un problema de salud en países subdesarrollados y con ocasión de emergencias humanitarias.

    Gaspar Casal

    enfermedad Casal

    La pelagra fue la primera enfermedad carencial descrita en la literatura médica, y recibe el nombre de enfermedad de Casal en honor a Gaspar Casal, médico español del siglo XVIII quien realizó una excelente descripción clínica de la misma en su obra Historia Natural y Médica del Principado de Asturias.

    Gaspar Casal nació en Gerona el 31 de diciembre de 1680 y procedía de una acomodada familia de clase media. Siendo niño su familia se trasladó a Utrilla (Soria) de donde era natural su madre. En 1713 obtuvo el grado de Bachiller en Artes (necesario para luego obtener el título de médico), pero probablemente antes de esta fecha ya ejercía la medicina en Atienza (Guadalajara) y en la comarca de La Alcarria. Al año siguiente trabajaba en Madrid como médico, asistiendo a personalidades importantes.

    Médico en Oviedo

    En le verano de 1717, por causas no aclaradas, se trasladó a Oviedo acompañando a los Duques del Parque. Poco después fue nombrado médico de la ciudad, cargo que desempeñó hasta 1729 cuando pasó al servicio del Cabildo de la Catedral. Durante su larga estancia en en Oviedo, visitaba pacientes de todas las clases sociales de la ciudad y de muchos lugares de la provincia, y aun de Galicia, que acudían a consultarle, pues era grande su fama y pocos los médicos en Asturias, no sobrepasando la cifra de cinco en todo el Principado.

    Durante esta etapa, Casal mantuvo amistad y correspondencia con importantes intelectuales de la época, como el padre Feijoo (con quien compartía el considerar la experiencia como principal fuente de conocimiento) y el padre Martín Sarmiento (impulsor de la creación del Real Jardín Botánico de Madrid).

    El mal de la rosa

    enfermedad Casal

    Aunque se publicó tres años después de su muerte, fue durante su estancia en Oviedo cuando escribió Historia Natural y Médica del Principado de Asturias, en la cual describió una enfermedad que era conocida en Asturias como “el mal de la rosa”, haciendo especial énfasis en sus síntomas cutáneos: “y este síntoma consiste en una espantosa costra que, si recién salida no produce en la parte afectada más que rojez y aspereza, a la larga degenera en forma de costra muy seca, escabrosa, negruzca, entrecortada por frecuentes y profundas fisuras que, penetrando hasta la carne viva, producen gran dolor, quemazón y molestia”.

    Aunque la afectación más constante era la de carpos y/o tarsos, Casal describió que a veces estaba presente “una aspereza costrosa de un color ceniciento oscuro en la parte antero-inferior del cuello que, a guisa de collar, se extiende de un lado a otro, dejando casi siempre intacta la parte posterior de la cerviz”. La importancia de este signo, que hoy se denomina collar de Casal, la resalta de la siguiente forma: “Jamás he visto en hombre alguno, ni sano ni enfermo, esta señal excepto aquellos que padecen el mal de la Rosa por lo cual creo, aunque no todos piensan lo mismo, que solo conviene a los que sufren aquella dolencia”.

    El maíz

    Aunque Casal no llegó a identificarla como una enfermedad carencial, la relacionó con la alimentación basada en el maíz (los campesinos asturianos pobres vivían en una gran dependencia nutritiva de la borona o pan de maíz) así como con algún factor ambiental.

    Hoy sabemos que aunque el maíz es un cereal rico en niacina, esta se encuentra unida a la hemicelulosa y no es absorbible; sin embargo si el maíz se somete al proceso de nixtamalización, mediante el cual se cuece con agua y cal viva, la niacina se desprende y es utilizable. Por eso en los pueblos mesoamericanos no se da la pelagra incluso en personas con una alimentación basada casi exclusivamente en el maíz; sin embargo cuando el maíz empezó a consumirse en Europa sus derivados se preparaban como los de los cereales autóctonos y la niacina no se absorbía.

    Madrid

    En 1751 Gaspar Casal se trasladó a Madrid donde el 29 de agosto fue nombrado Médico Supernumerario de la Real Cámara y el 8 de enero de 1752 ascendió al Protomedicato de Castilla. Estando en Madrid ingresó en la Real Academia Médica Matritense, antecedente de la actual Real Academia de Medicina.

    Falleció en la capital de España el 10 de agosto de 1759 y al parecer su entierro se llevó a cabo prácticamente en secreto.

    Formación

    Desde el punto de vista profesional un misterio envuelve el ejercicio de Casal: no se tiene certeza acerca de si tenía el título de Medicina o era, como decía Gregorio Marañón, un médico práctico, sin título universitario. Casal poseía, sin ningún género de dudas, una formación médica que puede apreciarse en cada una de las páginas de su obra, formación tanto teórica como práctica.

    De hecho, mantenía un exquisito equilibrio entre la tradición hipocrática, de la que era firme defensor, y la propia experiencia y observación como forma de adquisición de conocimiento (en una época en la que la formación de los médicos era eminentemente teórica, basada en los aforismos de Hipócrates y las enseñanzas de Galeno, que los estudiantes de Medicina debían aprender de memoria, y si lo que se veía en el enfermo no coincidía con esta tradición el equivocado era el enfermo).

    La Inquisición

    Desde el punto de vista personal también el misterio envuelve su vida: Su primera esposa, María Ruiz, había sido condenada por la Inquisición, y esta condena se transmitió a sus hijos. No se conoce la acusación de dicha condena, pero se postula que pudo ser por judaísmo, y que la amenaza de la Inquisición pesaba también sobre él por el mismo motivo, lo que influiría en su traslado desde Madrid a la más discreta ciudad de Oviedo o en las circunstancias de su entierro.

    Recordemos, pues, a un hombre que, conociendo la teoría, situó en la experiencia y la observación la base del conocimiento y que no encontró obstáculo (quizá más bien estímulo) en el hecho de ejercer en una ciudad pequeña y periférica, lejos de los círculos científicos de su época, para hacer un aporte a la Medicina que ha sido reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras.

    Aquí puede consultar otros artículos de José Joaquín Alfaro

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