• Rompemos la maldición del Castillico

    El psicólogo Rigoberto López y el dentista Manuel Martínez proponen salir de Albacete, hasta el Castillico, para alcanzar la ración de ejercicio semanal

    El Autor

    Rigoberto López y Manuel Martínez

    Profesor de Psicología en la Facultad de Enfermería y dentista licenciado en Cirugía y Medicina

    Carretera de Ayora hasta las casas de Juan Gil. Desvío Jarafuel, y al tercer camino a la izquierda hasta la Casa de Pino, que hace honor a su nombre.

    Aparcamos en una era encementada, ¿secadero de algo?. Seguimos el camino a la izquierda entre las casas de la Médica y el Palomar, para abandonarlo y seguir campo a través entre almendros y monte bajo, para retomar el camino del Castillico.

    Cruzamos la Rambla de la Cañadilla y a la altura de la casa del Peral iniciamos una senda que señala la Fuente de las Doncellas. El terreno se empina, pero la senda nos va subiendo sin mucho esfuerzo. Iniciamos la ruta en 770 m y el pico Castillico se encuentra en los 1072 m. Algunos traguitos de agua nos dan un respiro.

    La tarde esta airosa y algunas nubes cubren ocasionalmente el cielo. Hoy repetimos el equipo de la última ruta, lo que parece va a ser la tónica, si nos fijamos en las nuevas botas de Juan, última adquisición. En un pequeño despiste, y que no esta bien señalizada, nos dejamos atrás la fuente y alguna planta endémica. Necesitaremos regresar en otra ocasión para dar con las Doncellas.

    Un mal recuerdo

    En 2016 realizamos esta ruta Manu y yo. Fue un día aciago. Veníamos preparados para el agua pero nos calamos hasta los huesos, ¡y el gps!, y nos quedamos sin señal y sin orientación. Intentamos cobijarnos momentáneamente en el refugio que hay en el punto geodésico, pero el agente medioabiental que vigilaba la sierra no nos lo permitió.

    Era diciembre y la tarde se nos hecho pronto encima, no encontramos la senda que nos acortaría el recorrido para llegar al coche, y hubimos de dar vueltas y más vueltas hasta que al final dimos con ello, eran las 10 de la noche, habíamos andado casi 20 km y llegábamos empapados y cansados. Interiorizamos esta etapa con cierta animadversión. Y hoy nos hemos propuesto reeditarla amablemente.

    De momento lo estamos consiguiendo. Salimos al camino casi en la cima, donde el refugio y el punto geodésico. Unas vistas estupendas, la Sierra del Boquerón, y la Serrezuela de la Pared, entre las que, encajonado, fluye el rio Júcar; varios pueblos, Villa de Ves, La Pared, Balsa de ves; el valle de Ayora-Cofrentes, la Sierra de las Atalayas, el Puntal del Cuerno, Pico Colorado. Y además, no lo recordaba, hay un asentamiento íbero (S. IV a. C), cuyas paredes verticales del macizo suponían una buena defensa, y la cercanía de la fuente les aseguraba el agua.

    Tal vez la caza era abundante y las cosechas de cereales les aprovisionaran, como relata un cartel. La cerámica encontrada parece bastante elaborada y de gran tamaño. La especialista del grupo en relaciones sociales conversa con el vigilante que nos aporta algunas informaciones relevantes, las sierras que vemos en el fondo, su tarea de vigilancia forestal, y que es un lugar bastante visitado. Recomienda la vista a Cortes de Pallas, el embalse y sus Quebradas.

    El aire casi arranca de las manos el móvil de la proveedora de vídeos, y tras una somera exploración, buscamos un lugar protegido para avituallarnos. Siguen los cacahuetes, frutas escarchadas y el clásico té.

    No queremos que nos pille el toro e iniciamos el regreso. Decidimos andar y optamos por el camino que bordea los Cerros del Castillico, la ruta más larga, y no el arroyo por el que podríamos acortar bastante. A ratos vamos calentándonos con el sol, ya poniente, y otros en la umbría y con bastante aire. Bajamos y subimos. La marcha es rápida.

    Una reata se organiza para tirar de una de las andarinas que flojea, y que no tarda en arrear a sus “mulas”. Risas en el ambiente y una luz especial en los cortados de piedra debajo del Castillico. Varios ciervos se adentran entre los pinos evitándonos. El cielo es ahora quien cobra el protagonismo. La puesta de sol trae consigo una tabla de variados colores amarillos, naranjas, violetas, azules…cuando empiezan los grises, salimos del camino y cogemos una via alternativa en un cortafuegos, que abandonamos para buscar una senda entre los pinos.

    La luz justa

    La maleza abunda, también las aliagas y los afilados enebros que sacan algún chillido. Se oscurece el monte y no aparece la senda. Planea la venganza del Castillico en el ambiente. Sabemos que estamos cerca y vamos en la buena dirección, pero la luz es escasa, finalmente damos con los restos de un antiguo camino, ya casi en la Casa del Pino. El GPS nos dice que hemos andado 14,5 kilómetros en 3,15 horas con un desnivel de 470 m. Las piernas lo atestiguan.

    Y decidimos recompensarnos con unos higadillos en Alatoz. Finalmente los sustituimos por otros aperitivos y probamos el vino de la comarca. Una excelente tarde en buena compañía. Los efectos de los caldos animan la conversación de vuelta. Aunque no revelare ni pio de ella.

    Aquí puede consultar la sección de Senderismo

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