• El coronavirus ataca al corazón incluso después del alta

    La breve experiencia con el coronavirus ha llevado a neumólogos, internistas, intensivistas y cardiólogos a confirmar que, demás de atacar a los pulmones, también puede dejar secuelas en el corazón, hasta el punto de que ya se ha definido a la infección COVID-19 como una enfermedad multiorgánica. Los últimos en llamar la atención sobre las secuelas han sido los intensivitas, que han advertido de que «un tercio de los pacientes críticos COVID-19 presentan daños en el corazón».

    coronavirus corazón

    No hay evidencias contra los fármacos para controlar la tensión

    Un tercio de los pacientes COVID críticos presenta daños cardiacos

    Así, los doctores de la Sociedad Española de Medicina Intensiva (SEMICYUC) han indicado que el daño miocárdico por coronavirus afecta a un tercio de los pacientes críticos, lo que manifiesta la presencia del virus en el corazón.

    puesto de manifiesto en diferentes estudios, se trata de una enfermedad multiorgánica en la que también cobran protagonismo las patologías cardiovasculares.

    La buena noticia es que parece demostrado que el uso previo de antihipertensivos no es un factor de mortalidad. Con la evidencia actual, no hay relación entre la medicación antihipertensiva y el riesgo de contagio, ni tampoco con mayor virulencia de la infección. También hay evidencia de que existe un bajo porcentaje de infarto agudo de miocardio.

    En el último seminario de SEMICYUC, el Dr Pablo Millán, intensivista del Hospital La Paz (Madrid), exlicaba que, tras varios estudios internacionales, no se ha demostrado que los antihipertensivos se asocien con un mayor riesgo de infección, ni peor evolución durante la enfermedad. El doctor abogó por seguir administrando los mismos fármacos habituales.

    Riesgo de embolia pulmonar

    Por su parte, el Dr Ignacio Monge, intensivista del Hospital de Jerez de la Frontera, expuso las directrices para la optimización en el soporte hemodinámico en estos pacientes. Además de la infección directa y las comorbilidades previas, se ha comprobado que las propias terapias administradas pueden ser un factor más de inestabilidad. Así, los pacientes pueden desarrollar hipovolemia, vasoplejía (derivada de los altos niveles de sedación), embolia pulmonar o disfunción cardiaca por daño directo del virus al miocardio.

    Un estudio, que desarrolla la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SAMIUC), ha cifrado en un 77,3% el número de pacientes COVID-19 que ha necesitado soporte vasopresor.

    Otros estudios elevan esta cifra al 95% de los enfermos. Así, ante la importancia de minimizar la afectación derivada del soporte hemodinámico, el doctor Monge recomendó el mayor grado de personalización posible, con una monitorización mucho más exhaustiva que la desarrollada hasta ahora durante la pandemia.

    Miocarditis dos y tres semanas después de la infección

    El daño miocárdico fue el protagonista de la ponencia de la Dra Ana Ochagavía, jefa del Área de Críticos del Hospital Parc Taulí (Barcelona). Ella expuso cómo el coronavirus interactúa con el sistema cardiovascular pudiendo incrementar el riesgo de daño miocárdico agudo. Así, provoca
    arritmias, pero también miocarditis a las dos o tres semanas de infección y una elevación de biomarcadores de daño miocárdico. Sin embargo, existe un bajo porcentaje de infarto agudo de miocardio de tipo isquémico.

    La doctora expuso que entre un 25 y un 35% de los pacientes en UCI con COVID-19 ha sufrido daño miocárdico. Su detección es una señal de alarma, ya que empeora el pronóstico. El patrón de intervención ante estos casos no es diferente al que requieren otras infecciones, por lo que recomendó no modificar los protocolos al respecto y realizar ecocardiografías para evaluar la función cardiaca y el estado hemodinámico.

    ECMO

    Por último, la Dra María Paz Fuset, intensivista del Hospital Universitario de Bellvitge (Barcelona), cerró el seminario exponiendo el uso de soporte de oxigenación con membrana extracorpórea (ECMO) en el paciente con COVID-19, una necesidad que ha ido en aumento de forma exponencial durante la pandemia. De hecho, España es el segundo país de Europa que más pacientes con coronavirus ha asistido mediante ECMO, solo por detrás de Francia.

    ¿En que consiste una ECMO?

    La ECMO es una técnica que se usa en pacientes críticos que sufren enfermedades muy graves respiratorias o cardiológicas en las cuales no basta con el apoyo vital convencional. La máquina sustituye temporalmente la función del pulmón o del corazón. Extrae la sangre a través de una cánula gruesa localizada en una vena de calibre grande, la mueve mediante una bomba centrífuga para que atraviese el oxigenador, donde se incorpora oxígeno y se retira dióxido de carbono. Posteriormente, la sangre se reintroduce en el organismo por una vena o una arteria, como se hizo en el caso de Audrey.

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