• De farmacéutico rural a «coach» de empresarios

    Pudo conformarse con la tranquilidad que pueda dar una farmacia en propiedad, pero, a falta de una, pasaron tres por sus manos y vendió las tres. También se pudo acomodar en su plaza de farmacia hospitalaria, pero pidió la excedencia. Y es que este farmacéutico de expediente brillante tenía alma de empresario y vocación de servicio público. Quizá por eso su aventura política, que pagó de su bolsillo, resultó un caro descalabro. Hernando Martínez Herrero es un hombre tan brillante como diferente, cercano y de optimismo contagioso.

    Este villamalense, hijo de un agricultor y un ama de casa, el primero de cinco hermanos, estudió Farmacia en Valencia. Empezó porque le gustaban la Química y la Biología, pero entre golpes de suerte y esfuerzo, se encontró con que, con 22 años, era titular de una farmacia en Villalpardo (Cuenca). Un año antes de que terminara la carrera, se liberalizó la apertura de nuevas boticas en aquellos pequeños pueblos donde no había.

    Aún recuerda que la Caja Rural le concedió entonces un préstamo de 500.000 pesetas que pensó que nunca podría pagar. Pero pudo con eso y con más. En los siete años que estuvo en aquel pueblo de 1.200 habitantes, Hernando Martínez hizo la mili, contrató a una farmacéutica y aprobó e hizo el FIR (Farmacéutico Interno Residente) en La Fe, en Valencia.

    Con 29 años, ya había vendido su primera farmacia y empezaba a trabajar en el Hospital de Los Llanos y en el General, en Albacete. Revolucionaría aquel centro desaparecido de tuberculosos, ya que informatizó el sistema de compras, puso en marcha la dispensación automatizada y creó una guía de fármacos. Lo mismo haría en el Perpetuo Socorro cuando lo trasladaron.

    Revolucionó la gestión de la farmacia en los tres hospitales por los que pasó, pero en 2002 se embarcó en una nueva aventura. Optó a la concesión de nuevas farmacias y abrió una en su pueblo, en Villamalea. Mientras tanto, también informatizó y automatizó las boticas de las residencias del Paseo de la Cuba y Vitalparque.

    En 2011, en plena crisis económica, Hernando Martínez vendió su farmacia de Villamalea y abrió una nueva en Las Rozas. Al ser licenciado en Farmacia, nutricionista, especialista en Farmacia Hospitalaria y Análisis Clínicos, con másteres en Atención Farmacéutica e Investigaciones Biomédicas, además de firmar en más de una treintena de publicaciones, llegaba a las concesiones de nuevas farmacias cargado de puntos.

    Pero la aventura madrileña le duró cuatro años. Entre 2013 y 2015, vendió la farmacia de Las Rozas; se tomó un año sabático y se lanzó a la política sabiendo que tenía las de perder, pero convencido de que las ideas merecían la pena. Fue el candidato de UPyD a las últimas elecciones municipales. Encabezaba en Albacete a un partido en declive. De hecho, su carta pidiendo la unión con Ciudadanos dio la vuelta al país, aunque Rosa Diez hiciera caso omiso. En cualquiera de los casos, obtuvo 1.532 votos y la política -situación inusual- le costó el dinero, pero considera que fue una experiencia personal muy positiva.

    Hernando Martínez se dio de baja de UPyD, pasó página a su breve etapa política, y dio un giro a su futuro profesional. Se matriculó en un curso de «coaching» en la Universidad Rey Juan Carlos y, ahora, con 58 años, es el delegado para Castilla-La Mancha y Murcia de The Growth Coach.

    «Tengo que hacer algo productivo; me encanta jugar al golf, pero no puede ser lo único que haya en mi agenda», dice un farmacéutico dispuesto a no jubilarse nunca, a estar ocupado en aquello que le entusiasme. Y es que a veces hay que abandonar la zona de comodidad para aventurarse en lo que a uno realmente le gusta.

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo
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