• El SIDA en casa: “Póntelo, pónselo”

    El Autor

    Alberto Nájera López

    Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Autor del blog radiandando.es

    En 1991, mi padre, anatomopatólogo, trabajaba en el Instituto de Salud Carlos III, en la calle Sinesio Delgado de Madrid, con pacientes afectados por el SIDA, investigaba, hacía autopsias, etc. Ese año, un 24 de noviembre, hace 27, murió Freddie Mercury. 

    Recuerdo la muerte del cantante de Queen. Fue un golpe terrible. Aquel año yo estudiaba 2º de BUP en el Colegio Decroly de Guzmán El Bueno 60 de Madrid, donde habían estudiado, también, mis padres y hermanas ¡y muchos de mis tíos! Fuimos a Madrid por un año en 1989 y yo me quedé hasta COU, en 1994. 

    La muerte de Mercury y el anuncio de Magic Johnson daban un toque a la sociedad

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    La muerte de Mercury y el anuncio de Magic Johnson de que padecía el síndrome de inmunodeficiencia adquirida daban un toque a la sociedad. Pues, aunque no era así, la enfermedad parecía afectar únicamente a drogadictos, prostitutas y homosexuales. 

    Si un niño, o sus padres, padecían la enfermedad, se generaba una reacción de rechazo en los colegios

    SIDA_póntelo-pónselo-magicSi un niño, o sus padres, padecían la enfermedad, se generaba una reacción de rechazo en los colegios hasta el punto de conseguir su expulsión. Los telediarios recogían los testimonios de las APAs, hoy AMPAs, ¡preguntándose que qué pasaría si un niño vomitaba o si hacían un pacto de sangre! 

    En muchas ocasiones esas declaraciones iban acompañadas de las respuestas de Rafael Nájera, mi tío, desde el Instituto de Salud Carlos III o desde el Centro Nacional de Virus de Majadahonda, donde también habían trabajado mis padres. 

    Yo vivía con mi tía Pilar Nájera, Mari, en Mirasierra, Madrid. Mi padre iba y venía cada día de Ávila a Madrid mientras estuvo en el Carlos III. Recuerdo que, a veces, se quedaba con nosotros en Mirasierra, solía venir tras una larga autopsia, agotado, directo a la ducha. 

    En casa de mi tía había folletos, pegatinas e, incluso, condones

    En casa de mi tía había folletos, pegatinas e, incluso, condones, que usaba en sus cursos y charlas educativas bien en la Escuela Nacional de Sanidad, bien en la UNED o en programas del Ministerio de Sanidad. Yo le pasaba a ordenador sus transparencias, así que, sin querer, aprendía higiene, nutrición o sobre el SIDA. 

    Recuerdo que en aquellos años, en el marco de la asignatura de Biología, tuve que hacer un trabajo expositivo. Junto a un compañero, hoy enfermero, preparamos una charla cuya estructura recuerdo perfectamente: historia del SIDA, mecanismos de transmisión y cómo prevenirlo. ¡Usamos transparencias a ordenador y en color! 

    En aquel momento, el SIDA se cebaba sobre todo en África

    A la profesora le pareció muy interesante y propuso que diéramos la charla a todos los grupos y cursos de BUP. Nos pusimos hasta traje y, en el salón de actos del colegio, dimos la charla. Algunos compañeros ni nos reconocieron. 

    La charla había sido revisada y avalada, ni más ni menos que por Rafa y Mari, ambos metidos de lleno en aquella época en la Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA. Incluso nos facilitaron condones para repartir. Pero el colegio, a pesar de ser muy abierto, decidió no permitir, para evitar líos con los padres. 

    En aquel momento, el SIDA se cebaba sobre todo en África, y sería conveniente recordar el término “socioepidemiología”, acuñado, años antes, por mi otro tío Enrique Nájera para describir la importancia de las condiciones socioeconómicas “en el puente de la vida a la muerte”. También, se debe recordar la postura de la Iglesia Católica con respecto al uso del preservativo que era absolutamente demencial, como tantas otras veces. 

    Se debe recordar la postura de la Iglesia Católica con respecto al uso del preservativo

    Aquel mensaje, del hoy santo, Papa Juan Pablo II caló en la sociedad. Mientras la pandemia causaba estragos y se extendía, se impedía el acceso al método de prevención más eficaz y barato posible. El Vaticano debería, una vez más, pedir perdón por aquella barbarie. 

    Anteponer creencias a la evidencia llevó a que luchar contra el SIDA fuera mucho más complicado. El mensaje estigmatizador y tratar a los afectados como auténticos apestados, además del terrible desenlace de la enfermedad, eran temas recurrentes en las comidas familiares a las que yo asistía boquiabierto, admirando a aquellos que, de manera tan natural, intentaban dar respuesta a esta pandemia con tantos frentes abiertos. 

    Se trató a los afectados como auténticos apestados

    Todo el mundo recuerda aquella campaña del “Si Da/No Da”. Ver aquellos anuncios que llegaban a la gente más allá de las críticas de la Jerarquía Católica, era muy satisfactorio. ¡Ya era hora! Quién no recuerda la del “¡Póntelo, pónselo!”

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    Si hoy en día preguntáramos si trabajarías con un enfermo de SIDA, ¿cuál sería la respuesta? Pues en el marco de un trabajo de primero de la Facultad de Medicina de Albacete, se lo preguntamos a los alumnos. Sorprende comprobar que casi un 10% contesta que “no”. 

    Recuerdo a todos aquellos que lucharon, una vez más, contra el miedo, el desconocimiento y el odio con Ciencia y Educación

    27 años después quería recordar a Freddie Mercury, pero también el Día Mundial de la Lucha Contra el SIDA… y a quienes se esforzaron por tratar a los enfermos de forma humana, por enseñar, por investigar, por cambiar la sociedad. 

    Recuerdo a todos aquellos que lucharon, una vez más, contra el miedo, el desconocimiento y el odio con Ciencia y Educación.

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    Un comentario

    1. En los primeros años del SIDA lo que había era mucho desconocimiento y eso conduce al miedo. Se sabía que era una enfermedad mortal sin tratamiento alguno, es normal ¿no?. Presumir que la postura de la Iglesia tuvo una repercusión real en la evolución de la enfermedad y hacerlo sin pruebas y con tanta dureza es algo que aleja al autor de los postulados de la ciencia. En los ámbitos donde se empezó a manifestar el SIDA, en África por un lado y en homosexuales y drogadictos por otro la atención a los postulados de la Iglesia es mas que discutible. La transmisión heterosexual, por otra parte, entre quienes observan los mandatos de la Iglesia es improbable ya que predica la abstinencia. Pero cuando hay prejuicios, sean por parte de la Iglesia o por la de sus contrarios, los hechos son lo de menos.

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