Fármacos y dieta, consulte al farmacéutico

El Autor

Sara Mínguez

Doctora en Farmacia por la Universidad de Castilla-La Mancha

Es ya habitual que recibamos consejos sobre hábitos de vida y dietas saludables. Consejos como la realización de ejercicio físico diario acorde a las necesidades individuales. También, mantener una alimentación basada en la pirámide alimenticia que todos hemos visto más de una vez. Y, cómo no, proponer y ayudar a dejar el hábito de fumar para la prevención de enfermedades tan importantes como el cáncer o la EPOC.

De ahí el asombro desde la farmacia comunitaria al percibir un gran desconocimiento en sus pacientes acerca de una serie de pequeños cambios en la alimentación que podrían mejorar los efectos de determinadas medicaciones. Es por ello que considero oportuno, y más desde mi puesto de trabajo, proponer qué tipo de alimentos son favorables con la toma de determinadas medicaciones. Y, por el contrario, qué alimentos tomados junto con determinados medicamentos pueden desfavorecer la acción del tratamiento, y, en definitiva, al paciente.

CLINICA BAVIERA

El desayuno, la comida y la cena, son las acciones que habitualmente se asocian con la toma de las medicaciones. Tanto es así, que, normalmente, en vez de contar las horas entre las administraciones, como por ejemplo cada ocho horas, asumimos más el decir “tómese una en el desayuno, etc”. Son por tanto los alimentos los que habitualmente se van a ver combinados con los medicamentos en el organismo.

Conocer los efectos entre el tipo de comida y el medicamento que se toma, se suelen pasar por alto, sin darle la importancia que merecen. En alguna ocasión la medicación no ha cumplido su objetivo por este motivo. Además, es importante tener en cuenta que los alimentos y los nutrientes también pueden afectar a la velocidad con la que su cuerpo procesa o elimina un medicamento.

Médico y farmacéutico deben saber qué dieta sigue el paciente para que ésta no afecte a la medicación

Aconsejo llevar a la farmacia una lista de los medicamentos y de los suplementos alimenticios que esté tomando, indicando la cantidad y la frecuencia con los que la toma. Este gesto podría ayudar a la adecuación del tratamiento en función del proceso patológico. Además, es importante cerciorarse con ayuda del médico de si el tratamiento que le ha prescrito va a verse influenciado por la dieta que normalmente sigue. Este es un consejo que animo a seguir a los usuarios que quieran formar parte del trinomio médico-farmacéutico-paciente.

También es importante reflexionar sobre el progresivo aumento, desde mi punto de vista bastante descontrolado, que estamos viviendo con la presencia en el mercado de diferentes productos enriquecidos o fortalecidos con, por ejemplo, calcio, hierro y otros minerales y vitaminas. Esto es así como consecuencia del interés de los consumidores por el cuidado de su salud. Pero sin el control por profesionales sanitarios cualificados que sepan valorar los beneficios o desventajas reales de estos productos, junto con los medicamentos prescritos, no deja de ser un riesgo para el paciente.

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