• Ibuprofeno: entre el luto y el aniversario

    El Autor

    Juan Javier Andrés

    Periodista económico

    “Fui el primero en tomarme una dosis y, más tarde, otras más. Siempre creí que si ibas a pedir, primero a unos voluntarios y luego a unos pacientes, que probasen un medicamento, uno también debería estar preparado”. Así contaba hace unos años el padre del ibuprofeno, el químico británico Stewart Adams (1923-2019), la osadía de experimentar, en su propio cuerpo y en un agudo día de resaca, un analgésico inédito.

    Ibuprofeno

    Aquella fue una de las anécdotas que rodearon la creación de este fármaco universal, hoy tan capaz de rivalizar con la legendaria fama de la aspirina como de arriesgarse a un endémico sobre abuso por parte de pacientes y médicos. 

    Seguramente su inventor no habría soñado con semejante cartel en esa vieja casa victoriana de las afueras de Notthingham que le sirvió durante seis años de improvisado laboratorio en aquella Inglaterra de penurias y dificultades que trataba de recuperarse de los estragos de la Segunda Guerra Mundial. 

    ibuprofeno

    Por esas ironías que a veces teje el destino, estas conocidas pastillas están de aniversario y, a la vez, de luto. El pasado 30 de enero el ibuprofeno perdió a su inventor, a la edad de 96 años, a las puertas de una fecha muy especial.

    El 30 de enero de 2019 el ibuprofeno perdía a su inventor

    Hace cincuenta años, el 3 de febrero de 1969, tras dieciséis años de duro trabajo, Adams y todo su equipo asistían al lanzamiento comercial de su obra, bajo el nombre de Brufen y con la etiqueta de ser un tratamiento contra la artritis reumatoide.

    ibuprofeno

    Jamás la farmacéutica británica Boots habría imaginado que aquellas pequeñas pastillas edificarían todo un imperio que sólo en el Reino Unido vende un paquete de ibuprofenos cada 2,92 segundos

    Aquella puesta de largo hace cinco décadas reunió a los protagonistas de esta historia. En plena Segunda Guerra Mundial, Adams, de orígenes modestos e hijo de un maquinista de tren, entraba a trabajar como aprendiz en una tienda de Boots en la localidad de March y dejaba la escuela a los dieciséis años de edad. Nunca dejaría de pertenecer a esta compañía, que le devolvió a la senda de los estudios y le facilitó las cosas para que se graduase en Farmacia y con treinta años obtuviese el doctorado. 

    Boots le encomendaría en 1953 la búsqueda de un remedio contra la artritis reumatoide

    Boots le encomendaría en 1953 la búsqueda de un remedio contra la artritis reumatoide, una de las obsesiones de esta farmacéutica dado que esta enfermedad la había padecido el hijo de su fundador. 

    “Sólo había dos medicamentos efectivos contra ella, los corticoides y la aspirina, y, aunque ésta se había usado durante cincuenta años, su modo de interacción era desconocido”, explicaba Adams en una entrevista en 2012.

    Quince años de trabajo tuvieron la recompensa de un descubrimiento universal

    Aquella búsqueda de un antiinflamatorio tuvo que luchar contra estos gigantes del medicamento, sortear unos erráticos inicios, analizar más de 600 compuestos y desechar hasta cuatro variantes antes de dar con el ibuprofeno. Un largo camino de más de quince años de trabajo que tuvo la recompensa de un descubrimiento universal capaz de hacer sombra a la aspirina.

    Quizás en su particular travesía por el desierto nuestro protagonista de hoy se acordó de aquellas palabras de su héroe, Louis Pasteur: “la suerte sólo favorece a las mentes preparadas”.

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