• ¿Quién se acuerda de los jóvenes investigadores?

    En enero de 2014, fue noticia que el hellinero Juan Carlos Izpisúa, referente mundial en investigación, se marchaba de España. Por aquel entonces, la científica Margarita Salas advertía de la pérdida de toda una generación de científicos. Y en 2020, cuando no se ha superado la crisis de 2008 y se barrunta otra peor, la investigación sigue en segundo plano. España forma a los mejores y los deja escapar. La historia de Diego Fernández, investigador en la Facultad de Medicina de Albacete, es la de cientos de jóvenes investigadores.

    El futuro del investigador Diego Fernández, que ultima en Albacete su tesis en Oncología Molecular, apunta hacia Francia, Alemania o Reino Unido

    ¿Habrá recambio generacional en los laboratorios? ¿España retiene el talento o lo forja y lo deja escapar? La respuesta está, por ejemplo, en Diego Fernández Aroca. Tiene 27 años y nueve años universitarios en su haber. Graduado en Bioquímica y Ciencias Biomédicas, con un máster en Biomedicina Experimental, el próximo año terminará su tesis en Oncología Molecular en la Universidad de Castilla-La Mancha. Es un español más que ha decidido ser científico, que con 27 años y un currículum de vértigo nunca ha cotizado. Cobra 800 euros mensuales, y eso gracias a que está becado; no entiende de fines de semana o festivos, porque las células y ratones no cogen vacaciones y, como está en el laboratorio por pura vocación, en 2021 su futuro estará en Alemania, Reino Unido o Francia.

    Y es que Alemania invierte en investigación el 3% de su PIB, mientras que las cifras españolas rondan el 1,2%. La ciencia no es rentable para la política porque es una carrera de fondo sin grandes resultados a corto plazo, sin fotos o anuncios grandilocuentes. Pero esta falta de atención hacia la investigación quema y agota a los científicos que, cansados de burocracia y de inestabilidad laboral, acaban marchándose. Diego no piensa ahora en un laboratorio español sino en un país europeo, mejor si se trata de Alemania o Francia, ya que Reino Unido, con el brexit, ha perdido atractivo.

    Para Luis Montuenga, investigador de la Universidad de Navarra y decano de la Facultad de Ciencias, hay un problema muy serio, el del recambio generacional. La edad media de los jefes de grupos de investigación en España es de 55 años. «Los grupos de investigación envejecen; y la capacidad de estabilización de investigadores jóvenes brillantes en nuestro país es todavía muy limitada», advierte en su último artículo de opinión.

    Así, con 27 años, Diego Fernández, que entró en la Universidad con una media de 11, 9 y un bachillerato de sobresaliente, dirá adiós a dos décadas de formación en España, una de ellas en la universidad, para que otros exploten su talento. Su vocación está en el laboratorio, en el reto de buscar, investigar, en la paciencia que supone esperar resultados, poner un mínimo grano de arena en la lucha contra el cáncer. Hasta ahora, ha tenido el apoyo privado de la Fundación Leticia Castillejo, una familia conquense que, víctima del cáncer, ha decidido luchar contra él. Pero, terminada la tesis, el futuro de Diego está fuera, muy lejos de su pueblo, Casasimarro, y de Albacete, donde aún hoy pasa las horas en los laboratorios.

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