• De talentos y doncellas necias

    El Autor

    Julio Valer Corellano

    Facultativo Especialista de Área de Anatomía Patológica

    Soy un simple remero del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, Hospital de Villarrobledo y Almansa, trabajando en esta nave desde diciembre de 1988, contra viento y marea. He visto pasar a gerentes, supergerentes, directores, subdirectores y jefes. Yo seguiré aquí. si Dios quiere, y este maldito virus me lo permite, aunque confío muy poco en lo que me rodea.

    Así está, desde mayo de 2019, uno de los edificios del Hospital General Universitario de Albacete. Conocido como CAS, servía de aulario y tenía habitaciones con camas que habrían supuesto un respiro durante esta crisis sanitaria.

    Sin talento malgastarán los talentos y acabarán con el aceite de las pocas lámparas que nos queden encendidas

    Hace muchos años un cargo de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha redactó un artículo en un periódico local. Preguntaba al gobierno central, de un partido político no afín, qué había hecho con los talentos recibidos en materia sanitaria. Con tono bíblico, mencionaba la famosa parábola del Nuevo Testamento. Pocos meses después se transfirieron las competencias sanitarias a nuestra Comunidad, y fue nombrado gerente de un hospital regional.

    No quiero utilizar esa parábola, ya sabemos cómo los han gestionado estos años. Se puede recurrir a otra, la de las diez doncellas. Cinco permanecieron vigilantes y fueron previsoras. Las otras cinco eras necias, se quedaron dormidas mientras esperaban la llegada del esposo, y sin reservas de aceite para mantener sus lámparas encendidas.

    Todo controlado, aparentemente

    Nos dicen que no se podía prever. En un primer momento yo confiaba en los sistemas de alerta. Habíamos tenido varios avisos, gripe aviar, gripe A, SARS, MERS. Existían sesudos protocolos, incluso para nuestras residencias de mayores. Las muestras se debían enviar al Centro Nacional de Microbiología, ningún laboratorio de referencia regional. Todo controlado, aparentemente.

    «Es una enfermedad leve«

    Por lo que hemos sufrido, dichas normas dormían el sueño de los justos en las estanterías y anaqueles de los despachos de los organismos oficiales autonómicos. En enero de 2020, crearon el Consejo de Enfermedades Emergentes de Castilla-La Mancha, cuya misión era velar por nosotros. Ningún problema.Uno, dos, tres, la mayor responsable del Sescam nos tranquilizaba en la localidad de Ciudad Real más afectada, “es una enfermedad leve, la gripe produce más muertes anuales”.

    Italia es Italia, a nosotros no…

    Italia es Italia, a nosotros no. Más infectados, fallecidos, anuncio de estado de alarma, estado de pánico, supermercados abarrotados sin medidas de protección ni para clientes, ni para empleados, mascarillas no hacen falta, no hay. Lo demás ya lo hemos vivido. Empezaron a oírse nombres que circulaban solamente en determinados ambientes, PCR, tests, IgG, IgM, especificidad, sensibilidad, prevalencia, incidencia, letalidad, EPI (EPP), mascarillas de todo tipo, respiración mecánica, ventilación asistida, gotas de diferente tamaño con nombres raros.

    Muertos que no hemos podido despedir

    Todo el mundo opina. A nivel nacional un experto indocto, nombrado por el dedo tonto del poder, decide sobre nuestras vidas y haciendas. Muertos y más muertos, a los que como en las tragedias griegas no nos han dejado enterrar, ni despedir dignamente.

    De repente, una tarde mi móvil empieza a recibir numerosos mensajes, y entre ellos uno muy inquietante.

    El cambio

    Con un total desconocimiento del funcionamiento de determinados servicios, el responsable de la Gerencia de Atención Integrada de Albacete, firmó una orden. En dicho bando todo el personal estaba disponible, nos podían movilizar, a cualquier unidad que lo requiriera, independientemente de tu experiencia o capacitación, y sin comprobar la existencia de trabajo en tu mesa y en tu servicio. Nombra una especie de “junta civil”. He vivido varios estados de excepción en un régimen autoritario, jamás me habían “militarizado”. Las órdenes se transmitieron a través de mensajes de whatsapp, y por los jefes de servicio. Todo muy moderno, en consonancia con las tecnologías actuales. Además se apelaba a un documento hipocrático famoso, que nunca he jurado. En mi infancia y adolescencia, los reverendos Padres Escolapios me enseñaron a no utilizar el nombre de Dios en vano, y menos los de Apolo y compañía, cuya vida disoluta no era bien vista.

    Acostumbrado a amenazas de jefes, gerentes, subdirectores y algún que otro compañero, ante tal edicto uno no podía dejar de sentir temor, porque ponía en manos de una autoridad civil, poderes cuasimilitares, potestad que en la antigua Roma se le concedía a un magistrado, y con un nombre que acabó desprestigiado por el abuso de sus atribuciones.

    Aparcados

    Días después, a algunos nos eximieron de la obligación de acudir a las trincheras, nos relegaban a nuestra tarea habitual, tomando en consideración las canas, no así nuestros conocimientos que nunca los valoran.

    Mi especialidad ha salido a la palestra a nivel nacional, por las declaraciones de un personaje siniestro con afán de protagonismo, ignorando reglamentos y protocolos elaborados por una sociedad científica. Nadie ha preguntado nada, el alto mando no se da por aludido, solamente ha dispuesto de nuestros médicos internos residentes, facultativos y personal administrativo.Y aprovechan la situación, para despachar un problema interno por la puerta de atrás, y endosarlo a otro hospital.

    Examen de conciencia

    Una vez superada esta pesadilla, espero y confío que los poderes omnímodos usurpados se devuelvan a quien le corresponde, y que aprendamos de los errores cometidos. Van a quedar muchas heridas, personales, familiares y económicas, algunas irreparables. El futuro es muy negro, y alguien tendrá que hacer examen de conciencia, y decidir si nuestro hospital sigue en manos de quien nos ha abandonado a nuestra suerte, con un edificio a medio derruir, y promesas incumplidas una y otra vez. En medio de esta tormenta, el cancerbero de turno, comete la desfachatez de anunciarnos la enésima reanudación del proyecto de reforma y ampliación del hospital, riéndose de nosotros una vez más.

    Me quedan pocos años en activo, pero no podía imaginar que serían tan terribles. Sin talento malgastarán los talentos y acabarán con el aceite de las pocas lámparas que nos queden encendidas. Como ha ocurrido otras veces el señor de la finca no vendrá a pedirles cuentas. Pero no olvidemos que los dueños somos nosotros.

    No olvidemos que los dueños somos nosotros

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo

    Un comentario

    1. ¡Excelente artículo!.

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