• La hermandad que hizo de la sangre un bien gratuito

    Desde 1971, Albacete no paga por la sangre que emplea en las intervenciones quirúrgicas o en el tratamiento de numerosas enfermedades hematológicas. Hasta que nació la Hermandad de Donantes de Sangre, los pacientes podían morir en la mesa de operaciones. La sangre se pagaba y, por tanto, escaseaba.

    Hermandad Donantes Sangre Albacete

    El destino quiso que un grupo de amigos dedicados a la banca tomaran conciencia del problema. El 1 de abril de 1971 nacía la Hermandad de Donantes de Albacete. Desde entonces, siempre ha hecho falta sangre, pero nunca ha faltado. Sus fundadores aún recuerdan cómo en los comienzos los donantes eran capaces de responder a una llamada a las cuatro de la madrugada. Si era necesario, aparecían en pijama y con el brazo extendido.

    Todo empezó en los pasillos de la antigua Residencia, hoy Perpetuo Socorro, donde trabajadores del Banco Español de Crédito (Banesto) pasaron de administrar los ahorros de los albaceteños por las mañanas a garantizarles la sangre por las tardes. Invirtieron todo su tiempo libre y su entusiasmo.

    Blás González

    La sangre se obtenía de los familiares del enfermo o pagando, pero sin reconocimiento médico, se ponía el brazo y punto. La casualidad, la suerte, la providencia o todas a una quisieron que Blas González, empleado del Banco Central, estuviera presente en una reunión de los jefes de servicio de la Residencia. José Martínez, jefe de Ginecología, saltó y dijo que tenía a una mujer de Nerpio que iba a morir desangrada antes de que llegaran los familiares. Ante esta injusticia, Blas consiguió movilizarlos a todos y el jefe de Pediatría, Ramón Palencia, se comprometió a hablar con Zaragoza para saber qué había que hacer para fundar una hermandad. La historia de Nerpio no podía volverse a repetir. Todos los presentes acordaron presionar a la dirección del hospital para que Madrid diese las autorizaciones pertinentes.

    Aquello empezó a rodar con dos médicos principiantes, los doctores Mariano Espinosa y Antonio Martínez, y los empleados de banca Carlos Morales (tesorero), Ángel Alcaide (secretario general), Miguel Muñoz (vicepresidente) y Blas González (presidente). Un joven Jesús Igualada, con sólo 14 años, se hizo cargo de la Sección Juvenil.

    Hermandad Donantes Sangre Albacete

    Imagen de los primeros años de la hermandad. Colas para donar sangre.

    Banesto

    Hay que decir que la relación de la banca con el Banco de Sangre no tiene nada de disparatada. En aquella época, cuando había una necesidad urgente de sangre se llamaba a Banesto porque era la primera empresa en número de trabajadores. Es verdad que no existía hermandad, que la sangre se compraba, pero también que los médicos tenían sus recursos para sus pacientes.

    Cuando por fin arrancó la Hermandad de Donantes de Sangre de Albacete, empezó toda una aventura para aquella primera junta directiva y para los dos jóvenes médicos. Se aprovechó la estructura de la banca para tener conexiones en todos los puntos de la provincia. Los empleados de las sucursales fueron quienes se encargaron, aprovechando su cercano trato con el público, de hacer campaña a favor de la donación de sangre.

    Con una nevera portátil

    Los doctores Espinosa y Martínez recorrieron la provincia con sus propios coches y los de los voluntarios, pasando frío y calor y con una nevera portátil -de las de la playa- y una hamaca para extraer y transportar la sangre. La Hermandad no paraba. Estaba siempre de charla en charla por todos los rincones de Albacete y visitando los medios de comunicación. Su junta directiva llegó a viajar a Madrid, al Ministerio de Trabajo, para pedir más apoyos. Muchos de ellos estaban entonces en Acción Católica y aseguran hoy que aquello empezó como un “movimiento de cristianos”.

    Hermandad Donantes Sangre Albacete

    Donante mil. De derecha a izquierda, Mari Carmen de Huéscar, presidenta y alma de la Hermandad; Joaquín Ortiz (Quino); un empleado del Ayuntamiento de La Gineta, Miguel Muñoz y la donante número 1.000, que era de La Gineta.

    Aquella red, con ramificaciones en todos los pueblos no dejaba ni de crecer ni de ganar prestigio hasta el punto que quien no podía donar se enfadaba. En Pozo Cañada estaba Joaquín Azorín padre; en Villamalea, Samuel ‘el relojero’; en Villarrobledo, Tomás Valcárcel; en Almansa, Ángel Ruano y en La Roda, Joaquín Pérez Collado.

    Para saber si el donante tenía o no anemia, la enfermera Isabel Vera les bajaba el párpado

    En el año 1993, la Hermandad de Donantes de Sangre decidió plantearse la meta de los 2.000 donantes activos. La sangre ya estaba garantizada para toda la ciudad, pero era necesario llegar a los sanatorios. Cuando la Hermandad llegó al antiberculoso, el hundido Hospital de Los Llanos, las monjas de La Merced les explicaron que se abastecían de sangre gracias a Pepico, el de las gaseosas de la Estación, que vendía su sangre para ir tirando.

    Como hoy, la Hermandad de entonces estaba presente en todos los rincones. Sus voluntarios se pasaban los diez días de la Feria haciendo campaña e, incluso, la Sección Juvenil llevó a cabo acciones solidarias como ‘La operación ladrillo’, donde, con el apoyo de ‘La Verdad’, se pidió dinero a la población para la rehabilitación del Asilo de San Antón. Incluso tuvieron a su propio cura, el padre Fernando Ibáñez, para captar donantes desde el púlpito.

    Sin fronteras

    Pronto, la Hermandad de Donantes de Sangre consiguió convencer a sus voluntarios de que la sangre, además de ser gratuita, no podía tener fronteras. Así, Albacete cedía donaciones a Valencia, Madrid y Murcia y cuando un enfermo albaceteño tenía que ir a sus hospitales iba con la tarjeta de “sangre ganrantizada”.

    Hermandad Donantes Sangre Albacete

    De derecha a izquierda, el psiquiatra Fidel Monjas, Herminio Picazo, un cargo político, Blas González y Ángel Alcaide.

    La Hermandad no podrá olvidar el día que ingresó un herido de caza procedente de Munera. Los donantes acudieron de madrugada a la llamada de los médicos, incluso hubo quien acudió en pijama. Hoy ya no es necesario porque se sabe que la sangre “fresca” sólo es necesaria para intervenciones de corazón y que ya dura 40 días y no 21.

    La Hermandad de Donantes de Sangre era una familia que podía estar trabajando hasta las diez de la noche. Hoy recuerdan que Manuel Lodares, quien fuera presidente de la Diputación, quiso donarles 500.000 pesetas de entonces, sorprendido por la importante labor que desarrollaban. Más tarde Lodares diría que había sido la única ocasión de su vida en la que quiso dar y no pudo ser.

    La sangre se extraía en un pajar

    Se extraía sangre en un pajar, en el coro de la iglesia… donde fuera necesario. Si en 1973 se consiguieron 500 litros de sangre, el año pasado se llegó a las 17.872 extracciones. Si el primer año la Hermandad contó con 15.000 pesetas de presupuesto, ahora supera los 350.00 euros.

    Mención aparte merece la presidenta de la Hermandad de Donantes de Sangre, Mari Carmen de Huéscar, alma de esta organización en el presente y en el pasado.

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