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  • Los entresijos del menú de hospital

    A pesar de la fama que acompaña a la comida hospitalaria, en el General de Villarrobledo aseguran que el 90% de sus comensales están satisfechos. Unos 280 servicios de media, entre desayunos, comidas, meriendas y cenas, llegan a diario a los pacientes.

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    Fotografía: Eugenio Retamosa

    Que los alimentos lleguen a las habitaciones con puntualidad británica, en perfecto estado y a la temperatura adecuada durante los 365 días del año se logra gracias a la mecanización de un proceso en el que trabajan tres dietistas, tres cocineras, cuatro pinches de cocina y las auxiliares de enfermería del turno correspondiente.

    Desde que a las 7,30 de la mañana se empiezan a preparar los desayunos hasta las 23,00 de la noche, hora en la que se recogen las últimas bandejas de la cena y se limpia la cocina, la actividad entre los fogones no cesa.

    La dietista-nutricionista de la Gerencia de Atención Integrada de Villarrobledo y presidenta del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Castilla-La Mancha, Mar Navarro, recuerda que las dietas constituyen un elemento esencial en muchos procesos de recuperación médica, quirúrgica e, incluso, sirven como base principal en tratamientos de algunas enfermedades como la hipertensión o la diabetes. Y es que la aplicación de una dieta adecuada “desarrolla el efecto preventivo, terapéutico y educativo del paciente, además de contribuir a su bienestar físico y social”.

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    Fotografía: Eugenio Retamosa

    Precisamente Mar Navarro es la encarga de supervisar los menús de los cuatro grandes grupos de dietas que se sirven en el Hospital General de Villarrobledo.

    Además, los hospitalizados con tratamientos que no requieren de una dieta específica gozan del privilegio de disponer de un menú a la carta. Todos los días el personal de cocina reparte entre estos usuarios unas tarjetas en las que se recogen los diferentes platos a elegir para confeccionar los menús individualizados del día siguiente.

    Las peticiones para desayunos y meriendas suelen incluir lácteos, infusiones, galletas, pan y bollería. Para las comidas y cenas: verdura, pasta o arroz, carne, pescado y postre. Tal y como marca la ley, dos muestras de cada uno de estos platos son guardadas en un congelador durante un mínimo de tres días por si surgiera algún caso de intoxicación.

    La limpieza es otro de los puntos importantes y en el que se hace hincapié. Los platos y cubiertos se lavan dos veces: primero a mano, con detergente y lejía para quitar los restos de grasas y salsas, y después en un lavavajillas que funciona a altas temperaturas y que está provisto de un detergente desinfectante y un abrillantador.

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    Fotografía: Eugenio Retamosa