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El Cristóbal Colón de la laringe

El Autor

Juan Javier Andrés

Periodista económico

A un paso de la Plaza de España, a escasos metros del Senado, en pleno Madrid y prácticamente escondida, aguanta el paso del tiempo desde 1924 una placa que tristemente puede pasar desapercibida. O no. Su protagonista tiene un nombre tan genuinamente español (Manuel) y un apellido tan marcadamente español (García) que pocos adivinarán su enriquecedora experiencia vital y, sobre todo, ese hueco que para siempre tendrá en la Historia.laringoscopio_inventor

Sin ser médico y siendo como era un artista y, sobre todo, un reputado profesor de canto, su inmensa curiosidad le adentró en un profundo estudio de la laringe y un exhaustivo análisis de la voz y de todo lo que los mecanismos que la producen que le sirvieron para marcar toda una época y, en especial, para revolucionar la medicina con la invención del laringoscopio. Ni duda cabe que Manuel García (1805-1906) puso también, con su trabajo y sus grandes aportaciones, la primera piedra para el nacimiento de la Laringología como especialidad médica.

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Su pasión por la voz le venía de familia. En pleno siglo XVIII sus padres eran famosos cantantes de  ópera, lo mismo que sus hermanas, el propio García estudió canto, debutó en Nueva York como Fígaro en El Barbero de Sevilla, actuó en Ciudad de México y en París, donde abandonó el escenario para volcarse en la enseñanza de canto. En esta actividad se consagró internacionalmente, llegando a obtener la cátedra del Conservatorio de París y trabajar en la Royal Academy of Music de Londres, ciudad en la que murió.laringoscopio_inventor

Durante su intenso periplo vital (vivió 101 años) jamás cejó en su empeño de estudiar la laringe y la voz. De hecho, durante una época se enroló en el ejército francés y trabajando en el Hospital Militar de París profundizó en su inquietud. Exploraba a pacientes con lesiones en esa zona, asistía a disecciones de laringes de perros y de cadáveres humanos, buscaba la base anatómica de la producción de la voz. Según se abría al conocimiento, mayor era su obsesión por visualizar una laringe en pleno funcionamiento, y ese afán fue vital para inventar el laringoscopio. Como el propio García escribió, “por fin un día de sol espléndido (septiembre de 1854) paseando en París en el Palais Royal, vi en mi imaginación como un relámpago el mecanismo de la laringoscopia. Corrí inmediatamente a casa del instrumentista Charrière y le dije que quería un pequeño espejo montado en un largo mango de alambre”.

Vi en mi imaginación como un relámpago el mecanismo de la laringoscopia

Así fue como un golpe de inspiración trajó a la Humanidad el primer laringoscopio de la Historia Su artífice fue este español que, pese a vivir sólo los primeros diez años de su vida en España, jamás renunció a su patria, y sin más herramienta que su tesón y su afán de saber caminó por senderos inexplorados y descubrió todo un mundo de posibilidades para el conocimiento humano. Nadie pudo resumir en tan pocas palabras su hazaña como la revista Nuevo Mundo. El 12 de abril de 1918 le llamó el “Cristóbal Colón de las laringes”.

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