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  • «MasterChef» de hospital

    Atiende a diario a más de cien comensales «complicados». Y es que tiene que combinar dieta blanda, para diábetos, celiacos, hipertensos o normal en todo un abanico de menús que van desde los purés hasta los pimientos de piquillo o el salmón en salsa. El cocinero Isidro Cejudo empezó en la hostelería a los 16 años. Optó por una profesión que no tiene paro, pero tampoco entiende de horarios o festivos. Fue cocinero en el Hospital General Universitario y ahora está al frente de los fogones del Hospital Perpetuo Socorro.

    Los pacientes comen el Día Internacional del Trabajo, en Navidad o en agosto. Como la limpieza, celadores, conductores, auxiliares, enfermeras, médicos o administrativos, las cocinas también son imprescindibles en el engranaje de un centro sanitario.

    La higiene se debe cuidar hasta el extremo; hay que mirar la materia prima con lupa y los platos, adaptándose a las normas de los nutricionistas, deben ser atractivos para comensales encamados y, en su mayoría, inapetentes.

    Se trabaja contrarreloj para que desayunos, comidas, meriendas y cenas lleguen calientes y en su punto. Además, los pacientes comen prácticamente a la carta porque a diario se les da a elegir entre tres opciones diferentes.

    Estar en los fogones de un centro sanitario es una tarea de responsabilidad que, en el caso del Hospital Perpetuo Socorro de Albacete, se ha dejado en manos de un hombre de 58 años con más de cuatro décadas de experiencia. Cejudo empezó su formación con sólo 16 años. En 1975 recibió su primer curso de cocinero en el Hotel Escuela Bellamar de Málaga. Con 17 años, llegó al Hotel Los Llanos de Albacete, donde trabajó en la cocina hasta los 26 años.

    Ya tenía una década de experiencia cuando Isidro Cejudo entró en las cocinas del Hospital General. Hijo de mécanico, de los cuatro hermanos él fue el único que se aventuró al mundo de la cocina, el que considera de los más sacrificados, pero también «de los más bonitos». «Aquí cuantas más fiestas, más trabajo, pero no hay paro. Si quieres, trabajas», advierte este cocinero, adicto al arroz con bogavante, después de 31 años entre hospitales.