• El impresionante vértice geodésico del Molatón

    El dentista Manuel Martínez propone las vistas desde el Molatón, en Higueruela, para alcanzar la ración de ejercicio semanal

    El Autor

    Manuel Martínez

    Dentista licenciado en Cirugía y Medicina

    La tarde está soleada, hemos salido antes de lo acostumbrado porque la etapa de hoy parece ser larga y no queremos volver a hacer una nocturna como la vez anterior.

    El grupo viene esta vez muy mermado, solo hemos quedado “la resistencia”, solo dos del total y, aunque echamos de menos el bullicio de todos, la tarde promete, y así es,  pues nada más salir tenemos que quitarnos abrigo y vamos de manga corta como si fuera verano. Hemos dejado atrás las últimas calles de Higueruela tras ponernos las botas en un cómodo banco de una calle principal.

    El camino nos regala con abundantes viñas, ya todas en espaldera, por lo que es muy posible que sean de la variedad garnacha tintorera, y con hermosos pinares, que algunos parecen de repoblación pero otros son grandes pinos piñoneros. 

    Seguimos avanzando alegremente y pasamos varios barrancos por los que ha debido pasar agua con las lluvias. Así lo atestigua la cantidad de cañaverales que encontramos.

    Navalón, Tres Piedras, Pared, Cenajo…

    Llevamos ya casi una hora y vamos paseando, hablando y fijándonos en lo que nos rodea, varios montes a  derecha e izquierda, cerro de la Fuente Navalón, cerro de las Tres Piedras, y continuamos casi  llaneando entre más cerros, el de la Pared, el del Cenajo y, tras pasar una bonita alquería con éste último nombre, comienza de verdad la subida; apretando un poco los dientes pasamos por Mingo García y hacemos una paradita para mirar atrás y ver lo que luego veremos desde más altura, el Chinar, el Mugrón y mucho más ¡impresionante! Echamos un trago de agua, cada uno en su vaso dados los momentos que estamos pasando, e intercambiamos alguna prenda, a falta de pañuelos de papel.

    Para hacer honor a nuestra fama, ya llevamos mucha pista,  decidimos salir de ella y campo a través, haciendo ligeras zetas, acabamos en el punto geodésico, muy elevado, ¿verdad? Y regocijándonos con el último solete de la tarde nos ponemos, como si estuviéramos en la quilla de un barco, en otra elevación menos elevada, a mirar sin cansarnos y  tomar un cafetito “calentito” y unas pastas que nos saben a gloria.

    Molatón Higueruela

    Empieza a caer la tarde y no queremos llegar de noche ¿Verdad? Pues vamos que ahora todo es cuesta abajo pero queda bastante tramo: en parte por caminos de las abundantes molinetas que hay aquí, en parte por campo a través y a veces por algo que parece una senda. Nos dejamos caer aprovechando los valles hasta llegar a divisar el pueblo, ya con sus luces encendidas y con su iglesia arriba del todo, la más iluminada.

    Molatón Higueruela

    Hemos caminado por diversos terrenos, hemos conversado de todo un poco, ha pasado la tarde y no nos hemos dado cuenta. Ya es de noche cuando entramos en el pueblo por la misma calle que habíamos salido, eso sí, con casi trece kilómetros más en nuestras piernas, con un desnivel de 340 metros y casi 3 horas y media de tiempo ganado.

    Y aún nos queda la última parte. Y es que nos espera una cervecita con algo de picar en la Posada del pueblo.

    Molatón Higueruela
    Molatón ruta

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