• Muerte por crucifixión, dolor extremo

    El Autor

    Elías Rovira Gil

    Profesor de la Facultad de Enfermería de Albacete

    La triste, lamentable y tenebrosa historia de la pena de muerte, ofrece capítulos de culturas y personas que, una vez aceptada, se preocupaban porque el proceso fuese lo más rápido y menos doloroso para el condenado; y otros, en los que el pensamiento era justo al contrario: infligir el mayor dolor y pena.

    Fotograma de la película «La pasión de Cristo».

    Entre los primeros, podemos encontrar el caso del Dr. Joseph-Ignace Guillotin (1738 – 1814). Guillotin fue médico y diputado francés, y tras presenciar el dantesco espectáculo de la decapitación pública realizada por verdugos sin pericia o en estado de ebriedad, decidió dedicar sus esfuerzos a tres causas: que todas las clases sociales tuviesen el mismo tipo de muerte una vez condenados, que las decapitaciones dejasen de tener gran afluencia de público, y que el proceso fuese “seguro” y rápido. Por esto último solicitó el uso de una máquina que se venía utilizando en otros lugares, que evitaba los errores y con ellos los varios intentos. Dicha máquina pasó desde entonces a ser conocida popularmente con su apellido: la guillotina.

    La crucifixión fue la muerte que aplicaban a aquellos a quienes se quería causar más dolor y escarnio

    En el lado opuesto a estos “esfuerzos benefactores” de procurar un trámite rápido e indoloro, se halla el desarrollo y la práctica de crucifixión, realizada por múltiples culturas, y muy especialmente por el Imperio Romano.

    Fue la muerte que aplicaban a aquellos a quienes quería causar más dolor y escarnio. La realizaron de diversas maneras: dejando colgar al reo abrazado a un único y grueso poste, sobre maderos, o bien en cruces de distinto tipo (en forma de X, de T o de cruz propiamente dicha).

    Los estudios de la crucifixión se vienen realizando desde hace siglos, bien desde un punto de vista antropológico o histórico, pero también fisiopatológico o biomecánico. Se han realizado de forma genérica y también se ha teorizado sobre las peculiaridades y cómo debió de ser concretamente la de Jesucristo.

    Pero, ¿Por qué es tan dura esta forma de morir? Primero habría que explicar que el condenado es sujetado con los brazos por encima de su cabeza, es decir, se le deja suspendido. Ello se realizaba con clavos en la parte distal del antebrazo o en la muñeca (nunca en la mano, pues se desgarraría) y/o con cuerdas. En los pies, a veces, también se procedía a clavar y/o atar al condenado. Este hecho, no hacía sino prolongar la agonía y hacerla más dura si cabe.

    No es preciso relatar el dolor que todas estas fijaciones ya de por sí producían en el reo

    Pero la muerte, está todo pensado que sobrevenga por la inversión que se realiza en la fisiología respiratoria. Es decir, habitualmente a una inspiración sucede una espiración, y así continuamente. No hay inspiración sin espiración ni viceversa. También habitualmente realizamos la inspiración de forma activa (diafragma y otros músculos si son precisos) y la espiración de forma pasiva. Bien, cuando el cuerpo está suspendido en crucifixión, el propio peso del cuerpo colgando de los brazos algo abiertos, hace que la inspiración sea pasiva, y la espiración sea activa.

    Durante unos primeros instantes, hay fuerza suficiente para realizar dicha espiración, pero poco a poco el proceso va fallando. Sin duda es muy importante introducir oxígeno en los pulmones, pero también lo es eliminar el CO2. Cuando este anhídrido carbónico (CO2) se va acumulando en sangre (se le llama hipercapnia) por falta de espiraciones adecuadas, se empiezan a producir graves efectos en el organismo. Tampoco el oxígeno acabará llegando debidamente a la sangre (hipoxemia), lo que también provoca graves alteraciones. El condenado intenta producir espiraciones; para ello hace apoyo en los pies (si le fueron sujetados) aumentando el tremendo dolor en la zona y alargando la terrible agonía.

    El condenado hace apoyo en los pies (si le fueron sujetados) aumentando el tremendo dolor en la zona

    El proceso puede llegar a ser largo y tremendamente doloroso. Si los vigilantes querían acortarlo y asegurarse de la muerte, optaban por dos acciones: o fracturaban las piernas del reo (lo que le evitaba el apoyo que permitía algunas espiraciones más) o bien directamente clavaban una lanza en su tórax, produciendo un pneumo/hemotórax, o colapso del pulmón. A veces incluso, narran las historias, llegaban hasta el mismo corazón.

    Esto sería lo básico y general en la crucifixión. Sin duda en según qué casos se podían añadir hemorragias, choque neurogénico por dolor, contusiones cardiacas, etc.

    En fin, que ni rápidas ni lentas las condenas a muerte parecen nada ético ni recomendable.