• Neonatos pierde otra «madre»

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    Pilar Vela, dando su último biberón.

    Son las enfermeras milagro, aquellas que encuentran una vena como si se tratara de una aguja en un pajar. Sus pacientes tienen las manos del tamaño de sus dedos, pero los sacan adelante, aunque sea entre cables e incubadoras. Primero se jubiló Marilí Atiénzar, después de 40 años, y esta semana se han despedido Pilar Vela y María Ángeles Ortiz Palencia. Tres «catedráticas» de los niños prematuros. El Servicio de Neonatología pierde a tres profesionales a las que la experiencia ha hecho únicas.

    Algo tiene este servicio y sus pequeños pacientes que lleva a sus enfermeras a aguantar hasta el final sin moverse. Aunque les tienten los centros de salud y los horarios fijos, resisten hasta los 65 años con los turnos rodados, con las noches en vela y los pies hinchados, por pura vocación.

    Pilar Vela, María Ángeles Ortiz y Marilí Atiénzar han desarrollado su carrera profesional en paralelo. Las tres empezaron en el Hospital Perpetuo Socorro, cuando se puso en marcha el entonces servicio de niños prematuros. Fueron las pioneras en el cuidado de niños de bajo peso. Ellas fueron también las primeras enfermeras de la Unidad de Cuidados Intensivos que se abrió para los recién nacidos con problemas y las últimas décadas las han pasado en el Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario.

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    Equipo. Vela, con las compañeras de turno Manuela, Adela, y Marilí.

    Nunca podrán olvidar a Roque Tébar, el jefe de servicio que abrió la UCI para los recién nacidos. Igual que quedarán en su memoria los cientos de niños que han sacado adelante, muchos de ellos considerados auténticos milagros. También se despiden con palabras de agradecimiento para el jefe de Pediatría, el doctor Andrés Martínez, y, por su puesto, para todos sus compañeros.

    Han pertenecido a una unidad que tiene fama por la sensibilidad de sus pediatras y la preocupación de enfermeras y auxiliares, que deben aportar tranquilidad a los padres y unos cuidados más que especializados a niños que, en ocasiones, son del tamaño de la palma de la mano.

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    María Ángeles Ortiz, primera a la derecha, con sus copañeras de turno.

    En la última década, Albacete ha conseguido que la esperanza de vida de los niños prematuros -aquellos que nacen antes de las 35 semanas- aumente notablemente. Los bebés de entre medio kilo y 750 gramos han pasado de un porcentaje de supervivencia del 23,8% en los noventa, al 52%. Entre medio y un kilo de peso, sobrevive más de la mitad, el 69,7%, y entre un kilo y kilo y medio de peso, salen adelante el 96,9% de los niños.

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    Marilí se jubiló a principios de año.