• Postulan a dos enfermeras para el Nobel de la Paz

    El Consejo General de Enfermería ha iniciado una campaña para que concedan el premio Nobel de la Paz a dos enfermeras, Marianne Stöger y Margaritha Pissarek, que dedicaron 40 años de sus vidas a cuidar a más de 6.000 pacientes con lepra en Corea del Sur. Dos «ángeles de ojos azules» que contribuyeron a acabar con el estigma de esta «maldita» enfermedad.

    Estas dos enfermeras austríacas contribuyeron a acabar con el estima asociado a la lepra.

    Marianne y Margaritha contribuyeron a acabar con el estigma asociado a la lepra

    Marianne Stöger y Margaritha Pissarek, enfermeras austríacas, llegaron a Corea del Sur en los años 60 para atender a más de 6.000 pacientes afectados por la lepra. Allí permanecieron 40 años, hasta que su salud les obligó a regresar.

    No solo se entregaron al cuidado de unos enfermos recluidos, marginados y considerados “malditos” sino que contribuyeron a acabar con el estigma asociado a la lepra. También, recaudaron fondos para obtener medicamentos y construir instalaciones que ayudaran en su recuperación.

    Cuando llegaron a Sorok, en Corea del Sur, apenas habían cumplido los veinte años. Este viaje marcó sus vidas

    En los años 60, estas dos enfermeras llegaban a la Isla de Sorok, en Corea del Sur, para atender a los pacientes afectados por la Enfermedad de Hanssen, más conocida como lepra. Apenas habían cumplido los veinte años y ese viaje marcaría sus vidas para siempre.

    Su estancia en Sorok se prolongó más de 40 años en el caso de Marianne, que fue la primera en llegar, en 1962, y 39 en el de Margaritha, que acudió cuatro años después.

    El objetivo es conseguir un millón de firmas y postularlas como candidatas al Nobel de la Paz

    El Consejo General de Enfermería se ha sumado a la iniciativa puesta en marcha por la Asociación Coreana de Enfermeras para conseguir un millón de firmas y postular a Marianne y Margaritha como candidatas al Nobel de la Paz. Quieren hacer extensivo este llamamiento a enfermería y a la población en general, dentro y fuera de España.

    Para el presidente del Consejo General de Enfermería, Florentino Pérez Raya, “la entrega de Marianne y Margaritha es un claro ejemplo de sacrificio y vocación, valores que definen nuestra profesión y a los que, desgraciadamente, en la sociedad actual no siempre prestamos la atención que merecen. Su trabajo, además, fue decisivo para acabar con el estigma asociado a la lepra.»

    Marianne Stöger y Margeritha Pissarek
    Marianne Stöger y Margeritha Pissarek

    «Desde el Consejo General», apunta Pérez Raya, «apoyamos esta iniciativa de nuestras colegas coreanas y esperamos contribuir a su difusión dentro y fuera de España para llegar al millón de firmas que lleve a que estas enfermeras se postulen como candidatas al Premio Nobel de la Paz. Este reconocimiento iría más allá de lo personal porque, además de la labor de Marianne y Margaritha, se reconocería la profesión de enfermería en su conjunto”.

    El documental que recoge su historia

    Dos «ángeles de ojos azules» merecedoras de este Nobel

    Su llegada a la isla, no pasó desapercibida. Primero, Marianne, y luego, Margaritha llamaron enseguida la atención. Su aspecto, rubias y de ojos azules -muy diferente al de los coreanos-, y su calidad humana, hizo que sus pacientes las apodaran, a pesar de su juventud, “halme” (abuela en coreano). Más tarde, los medios de comunicación se referirían a ellas como “ángeles de ojos azules” o “ángeles de Sorok”.

    Los pacientes con lepra eran considerados “malditos”, vivían recluidos, eran esterilizados y obligados a realizar trabajos forzosos

    Y es que, en aquella época, los pacientes afectados por la enfermedad de Hanssen eran considerados “malditos”, vivían recluidos, eran esterilizados y obligados a realizar trabajos forzosos. Además, los profesionales sanitarios encargados de su cuidado, según recuerdan los propios pacientes, mantenían un distanciamiento físico y emocional que Marianne y Margaritha no estaban dispuestas a perpetuar.

    Frente a las múltiples capas de guantes que otros profesionales empleaban para atender sus heridas, ellas tocaban a los enfermos con sus manos desnudas, sin importarles las úlceras de su piel o deformidades. Y eso, a pesar de que entonces se pensaba que la lepra era una enfermedad infecciosa.

    El hecho de que se considerara que era una enfermedad transmisible por el simple contacto de la piel, llevó a que los hijos de los enfermos fueran separados de sus padres y llevados a centros de acogida. Después, sólo se permitían encuentros organizados, puntuales y sin que hubiera contacto físico.

    Marianne y Margaritha cuidaron a pacientes y, también, a sus hijos.

    Margaritha asumió el papel de enfermera y también el de madre, con los niños separados de sus padres

    Los padres se colocaban a un lado y los niños a otro y siempre de espaldas al viento, para evitar el contagio. Precisamente, estos niños fueron el motivo por el que Margaritha llegó a la isla. Allí, recuerdan, asumió no sólo su papel de enfermera sino también de madre e intentó dar a estos niños el cariño del que habían sido privados.

    Un regreso difícil para las dos enfermeras

    Cuando Marianne y Margaritha llegaron a la isla, el volumen de pacientes ascendía a los 6.000, en el momento de su partida, se había reducido a 600.

    Durante los 40 años que permanecieron allí, solo regresaron a Austria puntualmente, viajes que aprovecharon para recaudar fondos que les permitieran comprar medicamentos y construir instalaciones para los enfermos de Sorok.

    En 2005, ya mayores y con su salud mermada, decidieron regresar definitivamente a su país natal y lo hicieron con la discreción y la humildad que había caracterizado sus vidas, dejando una carta de agradecimiento por todo el cariño y respeto que habían recibido.

    Marianne se enfrenta a un cáncer de colon y Margaritha padece Alzhéimer

    Su vuelta no fue fácil. Marianne tuvo que enfrentarse a un cáncer de colon por el que ha sido operada tres veces y Margaritha padece Alzheimer, una enfermedad que confunde sus pensamientos, pero que no le hecho olvidar su etapa en Sorok, una etapa de entrega y sacrificio que, para ambas, ha sido la mejor de sus vidas.

    El Nobel, un galardón que se concede en vida

    El Consejo General de Enfermería de España ha querido respaldar esta iniciativa de la Asociación Coreana de Enfermeras y así movilizar tanto a profesionales como a población general para que apoyen con su firma esta petición y Marianne y Margaritha sean tenidas en cuenta para su nominación al Premio Nobel de la Paz.

    Quien quiera apoyar esta iniciativa puede hacerlo en el siguiente enlace:

    Campaña para la obtención de un millón de firmas para postular a Marianne y Margaritha como candidatas al Premio Nobel de la Paz

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