• «Tenemos a nuestro hijo gracias a la investigación»

    Todo el mundo conoce al niño albaceteño, de cara angelical, que lucha contra el cáncer. Es la imagen del ‘Reto de Pablo‘, una iniciativa altruista de sus padres con la que ya han recaudado más de 117.000 euros para la investigación. Pero cómo ha llegado esta familia hasta aquí. Una mañana, cuando Pablo tenía 2 años y 9 meses, un diagnóstico cambió el rumbo de Montse y José Luis, padres del niño, y de su hermano Israel.

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    Cinco años separan a Pablo de la curación del cáncer

    El ‘Reto de Pablo’ seguirá recaudando fondos para investigación mientras haya niños con cáncer

    Hoy Pablo tiene 8 años y, como cualquier niño de su edad, va al colegio. No ha perdido ni un solo curso. No está curado del cáncer, el neuroblastoma que le diagnosticaron hace cinco años, pero sí está libre de la enfermedad y sin tratamiento. Hasta dentro de cinco años no tendrá el sello de ‘curado’. Sin embargo, su padre tiene muy claro que «tenemos a nuestro hijo gracias a la investigación».

    José Luis no se refiere al cáncer de su hijo con eufemismos. Tampoco habla de la enfermedad o el tratamiento como una pesadilla. Este policía de profesión lleva mucha mili en la batalla frente al cáncer infantil para correr más que él. Por eso no le gustan ni las falsas esperanzas, ni los triunfalismos o términos edulcorados en una enfermedad que se llama cáncer, que necesita investigación y que también mata a niños.

    Así, aunque nada le gustaría más que decir que su hijo está curado, José Luis no lo podrá confirmar hasta dentro de cinco años. Mientras tanto, cada revisión, y lleva decenas, es un éxito.

    Cada paso que ha dado Pablo desde que tenía dos años es una lección. Y es que él es la motivación para que todos los padres se preocupen de que se invierta en investigación para más y mejores tratamientos que lleven a la cura del cáncer. Porque nadie sabe cuándo, cómo o por qué le puede tocar.

    Cuando Pablo tenía 2 años y 9 meses y su hermano Israel 8 años, su pediatra, el Dr Lorenzo Boira, palpó algo en el abdomen, en una revisión rutinaria, que no le gustó. No dijo nada, aunque sí pidió una ecografía con la excusa de que nunca se le había hecho una. Pues bien, si esa prueba se hacía a las 9,30 de la mañana en Albacete, a las 12 José Luis y Montse salían con Pablo hacia Madrid. El tumor estaba claro, sólo le faltaba el nombre y la hoja de ruta para tratarlo.

    «Hemos tenido muchísima suerte»

    En cuestión de días, la red de familiares y amigos se puso en marcha en busca de la mejor respuesta sanitaria para Pablo que, como su padre es policía nacional, pertenece a la compañía Muface. Llegaron a estar en manos del Dr Madero, una referencia en cáncer infantil al que tenían acceso por Quirónsalud. Pero mientras José Luis recuerda aquella época repite una otra vez: «hemos tenido muchísima suerte». Y lo dice porque pidió el alta voluntaria y apostó por el equipo de Blanca López Ibor, en el Hospital Montepríncipe de Madrid.

    Pablo pasó de tener un tumor inoperable a contar con la opción de la cirugía a los tres meses del tratamiento. Recibió durante quince meses quimioterapia, cirugía, autotrasplante de médula, radioterapia y, cuando estaba libre del cáncer, inmunoterapia para evitar una recaída. Entre el hospital Montepríncipe de Madrid y el Sant Joan de Déu de Barcelona, Pablo dio la vuelta a las estadísticas.

    Ha habido momentos de todo. Esta familia ha visto cómo su ciudad se volcaba con el ‘El Reto de Pablo’; ha vivido en un hospital que no parecía tal y se empeñó en llegar hasta Barcelona para conseguir un tratamiento que parecía inalcanzable.

    Momentos buenos y malos han hecho que esta familia viva cada día con el valor que merece mientras camina hacia dos metas, la curación real del cáncer de Pablo y la inversión en investigación para los ‘pablos’ que vengan detrás.

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