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  • En manos de la sanidad polaca

    El Autor

    Francisco Martín Ros

    Médico de Atención Primaria

    Fueron diez días de zozobra durante los cuales la camisa no me llegaba al cuerpo. Según fui recobrando el equilibrio emocional, empecé a escribir de nuestro periplo polaco y no me salía nada bien hilado. Mezclaba conceptos con poco tino, quizás demasiados conceptos.

    Quería escribir de cómo puede cambiar tu vida en un instante, de lo impredecible que es todo, de que la monotonía tiene escondida en algún sitio la fecha de caducidad.

    Quería hablar de los hospitales polacos, de sus luces y de sus sombras, de lo rígidos que son los eslavos respecto de los acompañantes, pues está muy restringida su presencia -ningún familiar puede acompañar al enfermo por la noche-, siendo inevitable el contraste entre el rigor polaco y el aquitodovale español.

    Marcin Kozakiewicz

    También quería escribir sobre el Profesor Marcin Kozakiewicz, eminente cirujano máxilofacial polaco, de reconocido prestigio internacional, que fue, por fortuna, quien tuvo en sus manos una mandíbula más querida que la mía propia, y cuyo exquisito trabajo agradecemos en el alma.

    Del Dr. Marek Lapok, excelente persona que no escatimó explicaciones y palabras de aliento pasándonos el móvil de uno a otro con el traductor digital echando humo.

    Chorbadzhiyski

    De Eva, la traductora del primer y del último día, que nos aclaró muchos conceptos importantes.
    Y muy especialmente de Bozhidar Chorbadzhiyski, defensa central del Winzed Lodz, al que estaremos agradecidos de por vida porque supo abrir con diligencia y oportunidad las puertas necesarias sin escatimar tiempo y esfuerzo.

    La necesaria Sanidad Pública

    Pero sobre todo quería hablar de la Sanidad Pública, de lo necesario que es disponer de una cobertura sanitaria de calidad, allá donde vayas. Es este uno de nuestros mayores tesoros -si no el que más- y tenemos la obligación de cuidarlo y gestionarlo con ecuanimidad, rigor, profesionalidad y generosidad de miras, sin partidismos ni zancadillas electorales y, aunque suene utópico, sin importar qué cuello se lleva la medalla.

    Estos días he podido comprobar, una vez más, que la profesionalidad y la buena voluntad de aquellos que nos cuidan y reparan proporcionan el definitivo plus de calidad en la sanidad pública. Vale la pena luchar por ello porque es la mejor inversión posible, de presente y de futuro, de Norte a Sur.

    Quería hablar de todo esto y al final, de alguna manera, lo he hecho.

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