• El dilema del doctor

    El Autor

     John J. Trujillo Oñoro

    Cirujano cardiovascular de Hospital Quirónsalud Albacete

    En  estos largos días inciertos, casi todos hemos dedicado parte de nuestro tiempo a realizar diversas tareas pendientes. Una de ellas en mi caso ha sido releer la vida de Alexander Fleming, escrita por André Maurois, uno de los grandes escritores franceses del siglo pasado, prologada por Gregorio Marañón. 

    Trujillo opinión Fleming

    El reto de médicos y bacteriólogos

    Cabe decir que el hecho de escoger el libro no ha sido casual porque en cierto modo quería consultar algunas vivencias del personaje y su relación con la vacunoterapia para darme, si era posible, otra visión más amplia y literaria sobre el tema.

    Encontré, como imagina, una semejanza en algunos aspectos que como sociedad en general  estamos viviendo actualmente y en la urgencia por encontrar una vacuna o un remedio eficaz que pueda erradicar la terrible enfermedad infecciosa que hoy nos preocupa .

    La historia de estos descubrimientos, se remonta a finales del siglo XVIII, cuando Pasteur, Koch o Lister abrieron a la investigación médica, territorios inmensos y nuevos y el término inmunidad y vacunación se extendió a otros investigadores que supieron continuar y solucionar el difícil pero apasionante legado. 

    En este caso, Fleming, quien dejó transcurrir su vida en el Inoculation Department de la vieja escuela de Medicina de Saint Mary´s Hospital en  Londres, dirigida por el famoso y complejo profesor Almroth Wright. Allí recaló el joven escocés serio y brillante y junto a otros  hicieron un equipo, casi una hermandad de médicos y bacteriólogos dedicados a la investigación hasta altas horas de la madrugada pese a las dificultades económicas de la época interrumpidas solo parcialmente por la I Guerra Mundial.

    Fleming tuvo que llevar cadáveres con sus propias manos

    Trujillo opinión Fleming

    La mal llamada Gripe española de 1918 que mató a más de 40 millones de personas en todo el mundo, fatigó mucho a los médicos y sanitarios como ahora, los pacientes morían de forma inesperada y desesperante. Con frecuencia, Fleming tuvo que llevar cadáveres con sus propias manos hasta el cementerio improvisado. Por entonces ya estaban obsesionados en Como vencer las enfermedades infecciosas como titularía en una de sus tesis .

    En el oscuro Laboratorio, rodeado de su maestro y colegas  seguían las investigaciones y consiguieron por fin , sentar las bases de algunos conceptos que hoy estudiamos como la Lizosima, la antibiosis, la inmunidad celular y su respuesta con los  anticuerpos o inmunoglobulinas muy del dominio público actualmente o el uso del mercuriocromo descubierto por ellos y que utilizamos hasta hace bien poco como la vacunación, ya empleada en la primera guerra contra el tifus.

    Serendipia y penicilina

    No obstante, el acontecimiento más importante de su vida, fue el descubrimiento casual de la Penicilina en 1929. “En cuanto se abre una caja de cultivo  -decía Fleming- se enfrenta uno con preocupaciones, caen cosa del aire». De repente enmudeció. Encima de aquella gelosa había crecido un moho, pero sobre ella, alrededor del moho, las colonias de estafilococos se habían disuelto y parecían gotas de rocío.

    Fleming separó aquella caja de Petri, que guardaría toda su vida , y se consagró al estudio del sorprendente moho. 

    Unos  minúsculos hongos que crecen como una masa felpuda y que habitan en los armarios húmedos o sobre los  zapatos viejos iban a darle a la humanidad la esperanza y la capacidad de salvar millones de vidas. Posteriormente, la sustancia que producía dicho moho, fue purificada y usada esta vez en la Segunda guerra mundia . Por esto, fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1945, mientras él  continuó siendo un  hombre silencioso, secreto y humilde  hasta su muerte.

    «Aquí huelo el drama»

    Pero repasando  las viejas páginas del libro, encontré un pasaje sucedido en el Laboratorio de Wright y Fleming  que me llamó la atención por los momentos penosos que nos tocó vivir también a nosotros. A dicho centro, acudían eminentes visitantes y médicos extranjeros. Cierta noche, Bernard Shaw – Premio Nobel de Literatura – gran amigo de Wright, mientras tomaba el té, escuchó una severa afirmación de Freeman: tenemos demasiados casos a nuestro cuidado, por lo que Shaw preguntó: y ¿qué sucedería si más gente de la que ustedes pueden tratar les solicitara asistencia? Wright  respondió, nos veríamos forzados a preguntarnos cual de las vidas es la más preciosa. Shaw colocó su dedo índice en la nariz y dijo: Aquí huelo el drama … Al poco tiempo, escribió un polémico libro titulado El Dilema del Doctor.

    Trujillo opinión Fleming

    Impotencia y dolor

    No deja de causarnos rubor esta similitud cien años después porque es aquí y ahora con esta nueva epidemia, donde muchos de los médicos tuvieron que decidir a quien ingresaban, a quien subían a las unidades de cuidados intensivos, es decir , ¡quien debía sobrevivir o quien no! Este mismo dilema tuvimos que soportarlo no sin dolor o impotencia.

    La pandemia de hace aproximadamente un siglo, ciertamente guarda similitudes con la improvisación, el dolor de las familias, el desaliento y la fatiga de una sociedad a pesar de contar ahora con un arsenal terapéutico sin precedentes. Por fortuna, las bases estaban sentadas desde esa misma época y la comunidad científica ha logrado hoy, otro de los acontecimientos más importantes que quedarán grabado en la historia de la humanidad.

    Gracias por su entrega, compasión y conocimiento

    Quiero también, aprovechar éste articulo como asunto pendiente para mostrar mi respeto a  todos los que han sufrido una pérdida y mi  aprecio para todos los colegas y sanitarios de aquí y de allá,  del Hospital General de Albacete  y en especial de nuestro Hospital Quirónsalud de Albacete por estar a la altura con absoluta dedicación y profesionalidad, a todo el personal del Hospital sin excepción quiero darle las gracias por su entrega, compasión y conocimiento. 

    2 comentarios

    1. Luis Carlos García Seba

      Dr. John Jairo Trujillo,
      Me embarga la agradable sorpresa de leer tan interesante artículo escrito por usted.
      Recuerdo bien esas historias que leí del libro “Cazadores de Microbios”.
      La otra gran sorpresa es encontrarte después de más de 30 años de nuestra graduación como médicos de la universidad Del Norte en Barranquilla.
      Tengo la esperanza se volvernos a encontrar antes de partir de este mundo.
      Me encuentro en Reynosa Mexico, practicando mi especialidad la Otorrinolaringologia.
      Quiero tener el honor de poder comunicarnos. Mi email es rinolaser@hotmail.com.
      Un abrazo Fuerte
      Dr Luis Carlos García Seba

    2. Manuel Fernando Alvarez Gutierrez

      Gracias por ilustrarnos con ese tipo de memorias, que nos ayudan entender el contexto de toda esta pandemia tan abrumadoramente tragica.

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