Virseda, un quijote en Urología

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El doctor Virseda, en su despacho, con una piedra extraída de una vejiga.

Es el padre de los trasplantes renales en Castilla-La Mancha. El médico madrileño que se convirtió en el “quijote” de la sanidad; que montó el Servicio de Urología en Albacete y se la jugó por una provincia que no conocía. La biografía del doctor Julio Virseda demuestra que la historia se escribe a base de esfuerzo, pero también de amistades y casualidades. A tres años de la jubilación, deja los trasplantes consolidados y un servicio que ha multiplicado la plantilla por cuatro. Y un sinfín de alumnos para recoger su legado. De hecho, su primer residente fue el actual gerente del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, el también urólogo Ibrahim Hernández. 

Hace ya dos décadas que el Servicio de Urología, creado en 1987, tiene sus propios residentes, pero fue una noche de San Juan de 2003 cuando se llevó a cabo el primer trasplante renal de la región en el Hospital General de Albacete.

Aquel logro nació de un empeño. Se dieron las circunstancias necesarias para ganarle la baza a Toledo. Julio Virseda recurrió a dos amigos, a Matilde Valentín, que entonces era consejera de Sanidad, y a Fernando Lamata, entonces director general del Insalud. Para completar el triángulo pidió ayuda al doctor Óscar Leiva, referencia en los trasplantes renales. Y es que no hay que olvidar que Virseda fue concejal en la oposición con el PSOE, cuando Valentín era alcaldable y el bastón se lo llevó Juan Garrido.

CLINICA BAVIERA

Con el apoyo político asegurado, el doctor Virseda se recicló en Madrid de la mano de Leiva hasta que dominó los trasplantes. Así, hoy Albacete ha llegado a los 400, experiencia que acredita al servicio para asumir el trasplante de donante vivo. Detrás, sigue un hombre adicto a El Quijote, apasionado de las artes, de las letras y de su profesión, que seguirá ejerciendo mientras le queden fuerzas.

Hijo único de un contable y un ama de casa, Julio Virseda nació en Madrid en 1949. Estudió Medicina en la Universidad Complutense, al terminar, en junio del 72, hizo una suplencia en el Hospital de Colmenar Viejo, pero, finalmente, en septiembre pasó al Hospital General de la Cruz Roja, donde inició su formación urológica.

Antimilitarista convencido, en 1973 lo obligaron a hacer el Servicio Militar, pero el doctor Virseda no pudo optar a las milicas universitarias porque surgió el pasado republicano de su padre, quien llegó a tener el cargo de “miliciano de la cultura”. Aun así, la mili le sirvió para conocer los sabañones y acabar a las órdenes de la División Acorazada de Milans del Bosch. Después de 18 meses, volvió a trabajar mañana y tarde como médico hasta que en 1977 se presentó a las oposiciones nacionales. Consiguió plaza en Toledo y San Sebastián, pero eligió la capital imperial por la cercanía con su tierra. Allí nació su afición por las Humanidades y descubrió las bondades de la vida de provincias.

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En 1986, Julio Virseda decidió opositar a una jefatura de servicio. Salieron cuatro plazas, en Ávila, Palencia, Valladolid y Albacete, y consiguió tres, Valladolid quedó desierta.

¿Por qué acabó este madrileño en Albacete? Porque en los años ochenta ya se hablaba de la Facultad de Medicina, aunque no nacería hasta 1998. Además, acababa de arrancar el Hospital General y era necesario crear el Servicio. El doctor Virseda puso en marcha Urología con los doctores José Beltrán, Luis Cañamares y Samuel López. Empezaron cuatro y hoy son dieciséis.

Virseda sólo conserva un recuerdo albaceteño de su infancia, cuando el tren paraba de camino a Alicante y subían los cuchilleros. Quién le iba a decir que acabaría siendo profesor titular de la Facultad de Medicina, que montaría el Servicio de Urología o que lograría poner en marcha los trasplantes renales.

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