ANA ROMERO · Peluquería & Belleza

Mi camino junto al cáncer

El Autor

Rosa Villada

Escritora y periodista www.rosavillada.es

Cuando el médico te está diciendo que tienes cáncer, es como si la bolica del mundo se paralizase. No es que se pare del todo, no, pero el tiempo se detiene, se ralentiza, y la escena aparece ante ti a cámara lenta. Oyes lo que te está diciendo el cirujano, pero en realidad no le estás escuchando. Tu cabeza va por delante. A mucha más velocidad de lo que discurre la escena que se está desarrollando ante tus ojos. En ningún momento pensé aquello de “Dios mío, ¿por qué a mí?” Confieso que la palabra que pasó por mi mente en primer lugar fue: ¿¿ahora?? Que es tanto como decir: pero si yo estoy ya de retirada. Ya me retiré de todo lo que perjudicaba seriamente mi salud, incluido el periodismo. Y no solo me retiré de lo que me hacía daño físicamente, sino también mental y emocionalmente. Podría dar una lista exhaustiva de todo lo que he dejado atrás en mi vida, con la sana intención de aligerar mi equipaje vital. Pues nada, ni por esas. A pesar de todo, tengo cáncer.

Como digo, mi cabeza no dejaba de pensar, mientras el amable cirujano que iba a operarme un mes después de aquella visita, seguía explicándome cómo iba a ser todo el proceso, antes, durante y después de la operación. Pero yo seguía a lo mío. Y mientras él me explicaba que me iban a poner unos arpones –eso me sonó fatal, la verdad, y hasta me hizo salir de mis pensamientos- y que después de la intervención tendría que llevar durante un mes un sujetador muy apretado –que yo bauticé después como chaleco antibalas y que me hizo la vida imposible durante todo el tiempo que lo llevé- yo, le oía, pero seguía con mis propios pensamientos, inmersa en un espacio-tiempo diferente.

Después del “¿¿ahora??” llegué a la conclusión, yo solita, de que ¡vaya un momento más inoportuno para tener cáncer! Justo cuando mejor me encontraba, tenía más proyectos, y mi vida transcurría sin sobresaltos. ¡Mira qué lista, como si existiera algún buen momento para que te diagnosticaran un cáncer! Si lo hubiera, seguro que en el Hospital ya habrían elaborado un protocolo con las fechas más propicias y los momentos más oportunos, para que cada paciente eligiera el mejor momento de su existencia para tener cáncer. Pero estaba claro que no era así. El cáncer es un imprevisto que llega a tu vida, sin haber sido invitado, y justo en el momento más inoportuno. Porque, llegue cuando llegue, nunca va a ser un buen momento.

Así las cosas, se vinieron abajo todos los planes y tuve que aceptar, sí o sí, a este nuevo compañero de camino. Y de esto es de lo que quiero hablar realmente. Del camino de la vida. Como peregrina, he recorrido en numerosas ocasiones el llamado Camino de Santiago. La primera vez que lo recorrí desde Roncesvalles a Santiago fue en el 2000. Y me enganchó tanto la magia de la ruta de las estrellas, aprendí tantas cosas en el Camino, que volví a hacerlo, un par de veces cada año, en los posteriores. Después de la operación, a finales de mayo, y de haber sufrido estoicamente olas de calor con mi chaleco antibalas, día y noche, pegado al cuerpo, llegó la hora del tratamiento.

Me mandaron 30 sesiones de radioterapia y enseguida lo relacioné con los 30 días que tardé en recorrer a pie el Camino de Roncesvalles a Santiago. Como, tras la operación, tuve que suspender todos los viajes vacacionales que tenía previstos, se me ocurrió que este año, mi “peregrinación” iba a ser al Hospital, para darme las sesiones de radioterapia. Así que me compré una credencial del Camino de Santiago y cada día, cuando termino la sesión, me sello con un Sol la casilla de esa jornada, como si hubiera recorrido una etapa del Camino.

Porque, Camino es, sin duda, este que realizo todos los días, excepto festivos y fines de semana. No es el Camino que me hubiera gustado recorrer, pero es el que tengo que hacer ahora. Precisamente ahora. Y lo hago con el mismo entusiasmo que los anteriores, poniendo en práctica todo lo que aprendí recorriendo la ruta de las estrellas. Al fin y al cabo, todos somos peregrinos en esta hermosa Tierra y todas nuestras experiencias son caminos que hemos de recorrer. No existe un solo camino, sino muchos. Ya lo dijo Machado, “se hace camino al andar, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

¡Uy, perdón! Si ahora resulta que el poeta que popularizó Serrat, no está bien visto por algunos, y quieren quitar su nombre del callejero. No importa. Seguiré haciendo camino al andar junto al cáncer. A mí no me asusta la palabra. Coincide con mi signo zodiacal. Soy cáncer desde que nací un mes de junio… algo tendrá que enseñarme. Y lo hace precisamente ahora.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo