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¿Quién reparte la suerte en el Hospital General?

Jacinto Mecinas dentro de su quiosco.

Jacinto Mecinas dentro de su quiosco.

La suya es una de las caras más conocidas del Hospital General y, sin embargo, nada tiene que ver con la profesión sanitaria. Siempre sonriente, es quien reparte la suerte desde hace un cuarto de siglo, haga frío o calor, contra viento y marea. Se llama Jacinto Mecinas y es vendedor de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE) desde 1991.

Jacinto empezó vendiendo el cupón a principios de los años 90 en Villarrobledo, su tierra. Pero en el año 2000, con el cambio de siglo, surgió la oportunidad de trabajar en Albacete, en el General, y la aprovechó. Ahora presume de tener muy buenos amigos entre el personal del complejo hospitalario. Además, cuenta con una media de cien clientes al día, la mayoría pacientes y acompañantes que van de paso.

En el estresante ambiente de un hospital, su quiosco es un remanso de paz. Él está a la puerta de las consultas externas, en un lugar privilegiado por el que pasan cientos de personas a diario. Si el objetivo en la vida es conseguir salud, dinero y amor, Jacinto Mecinas trata de paliar la segunda opción a quien le falla la primera.

Jacinto Mecinas atiende a una media de cien personas al día, la mayoría pacientes y acompañantes que van de paso

Mecinas no ha repartido grandes premios, pero sí ha dado pequeñas alegrías.

Mecinas no ha repartido grandes premios, pero sí ha dado pequeñas alegrías.

Defensor de la sanidad pública, Jacinto entró en la ONCE porque tiene cataratas congénitas. Aún le duele no tener carné de moto o de coche, pero reconoce que, a sus 43 años, puede presumir de haber llevado una vida totalmente normal, sin barreras. Y es que sus padres no fueron excesivamente protectores con el tercero de sus cuatro hijos.

Entró en la ONCE en 1991 porque tiene cataratas congénitas

Este vendedor de la ONCE se entera de todo lo que pasa en el Hospital General Universitario. Considera que tiene buenos profesionales, pero considera que hay que mejorar las listas de espera. Desde su quiosco, pone una pega: “Lo del tabaco es increíble; saben que tienen que salir del recinto para fumar y los hay que hasta entran con el cigarrillo encendido”.

Desde el año 2000, es uno más en el complejo hospitalario.

Desde el año 2000, es uno más en el complejo hospitalario.

De momento, no ha hecho a nadie millonario, pero sí que ha dado alguna alegría. Pacientes, acompañantes y sanitarios acuden a Jacinto con un mensaje que se repite día a día, “a ver si tenemos suerte”. Ilusión no le falta.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo