• La primavera se ceba con los alérgicos

    Las pruebas de la alergia son determinantes.

    Las gramíneas y el olivo están en números rojos. Los alergólogos, como el doctor Vicente Cantó Reig, no necesitan ver los niveles de polen para constatar que esta primavera está resultando complicada. La consulta y el estado de los pacientes le da el pulso. Y es que, si bien polen hay prácticamente todo el año, la primavera es, con diferencia, la época de mayor concentración.

    Para el doctor Cantó Reig no hay primavera buena, por lo que la clave está en que el paciente se someta con tiempo a un estudio completo que le permita recurrir a un tratamiento efectivo cuando lo necesite. Acordarse de la alergia cuando surgen los síntomas supone actuar con retraso, sufrir en balde.

    Llegados a este punto, sólo se puede recurrir a los tratamientos para mitigar los síntomas y al sentido común, como evitar el deporte al aire libre, abrir las ventanas del coche o no ventilar las casas a las peores horas, como son el amanecer o el atardecer, no tender al aire libre y utilizar gafas de sol.

    Los alérgicos al olivo y las gramíneas empezarán a notar mejoría a finales de junio, pero, en realidad, el polen no da respiro, de ahí que el alérgico deba saber qué planta le afecta, en qué época y dónde está. Las arizónicas y cipreses ocasionan molestias desde el mes de diciembre hasta abril, especialmente durante febrero y marzo. El plátano de sombra poliniza en la segunda quincena de marzo y la primera de abril. Las gramíneas polinizan desde finales de abril hasta finales de junio. El olivo ataca en mayo y primera quincena de junio, mientras que la salsola y el cenizo desencadenan síntomas entre los meses de  junio y octubre.

    El doctor Cantó, alergólogo de la Clínica del Rosario, advierte que las alergias varían entre provincias y dentro de un mismo término municipal, de ahí la importancia de saber qué puede afectar más en cada zona para tratarlo y evitarlo en la medida de lo posible.

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo