Unidad de alta precoz – Prótesis Total de Rodilla - Clínica Santa Cristina Albacete

Es hora de dar respuesta: ¡Al ataque!

El Autor

Alberto Nájera López

Doctor en Física, profesor de la Facultad de Medicina de Albacete

Han pasado ya 2 meses desde mi última colaboración en Diario Sanitario de Albacete. Vuelvo con ganas de seguir denunciando las pseudoterapias, la superchería, las creencias y, en general, a los vulgares estafadores que se aprovechan del dolor y del desconocimiento de la gente para enriquecerse.

En este tiempo han sucedido cosas importantes en la lucha contra las pseudoterapias que me gustaría compartir contigo. A finales de septiembre se hacía pública una carta abierta sobre la homeopatía firmada por numerosos farmacéuticos (dos de ellos de Albacete) dirigida al Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, a los Decanos de las Facultades de Farmacia, al Presidente de Sociedades Científicas Farmacéuticas y al Ministerio de Sanidad. En esta carta se recordaba que “el farmacéutico proporcionará una información veraz y adecuada a cada paciente, no fomentando en ningún caso expectativas terapéuticas injustificadas o inadecuadas y promoviendo su derecho a la prevención y diagnóstico de la enfermedad y a tratamientos eficaces y seguros” y, puesto que la homeopatía no ha demostrado científicamente ninguna eficacia, se solicitaba que “no se permita el engaño de la llamada terapéutica homeopática” en oficinas de farmacia. Esta carta estaba promovida por el grupo Farmaciencia (https://twitter.com/Farma_Ciencia) y ya cuenta con cientos de firmantes.

Al poco tiempo, la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP) y, más recientemente, la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (SEFAC) se han posicionado en contra de los productos homeopáticos. El rechazo de estas sociedades científicas es una victoria sin precedentes contra una potente, económicamente hablando, pseudoterapia como la homeopatía en nuestro país y piden a sus asociados que saquen la homeopatía de sus boticas y se obligue a eliminar la denominación de “medicamento” en estos productos.

Antes, en marzo, el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC) española, Juan José Rodríguez Sendín, ya calificó a la homeopatía de proceso “ilusorio y engañoso, práctica que no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” y el pasado lunes, la OMC anunció un plan de choque para contrarrestar la homeopatía.

Y si la acción en España está siendo frenética, esta semana también recibimos la noticia de que en EE.UU. los productos homeopáticos deberán advertir en sus envases de que no funcionan.

Pues bien, a todo esto, el pasado jueves participé en un Workshop organizado por Telefónica, en el que varios grupos de investigación (Carlos III, CSIC y UCLM) expusimos nuestros resultados acerca de la, hasta ahora inexistente, relación entre antenas de telefonía móvil y salud. En el debate compartimos los ataques que habíamos recibido por denunciar a quien, utilizando lenguaje pseudocientífico, se aprovechaba del miedo de la gente para enriquecerse. Hecho que generalicé a otros ámbitos de la magufería, permítaseme el término, dedicada a promover la pseudociencia y las pseudoterapias. El ataque más reciente que he recibido hacía referencia explícita a los artículos que vengo publicando en este medio. Acusaba, en general, a los escépticos de poco más o menos que fascistas del conocimiento que vestidos con camisas pardas sólo quieren pruebas científicas y denuncian  el “amimefuncionismo”. A raíz de ese escrito decidí actuar con determinación: basta de medias tintas.

El término magufo (contracción de los términos ingleses magic y ufo) define perfectamente a un movimiento anticientífico, muy agresivo y visceral formado por un ejército de personas que, sin pruebas y desde el más profundo desconocimiento científico o epistemológico, como no podría ser de otra manera, ataca a la Ciencia y a los científicos que denunciamos sus prácticas. Parece una guerra encarnizada en la que, durante años, en general, la comunidad científica ha permanecido al margen o que respondía tímidamente a sus ataques y promoción de la pseudociencia.

Pero esto está cambiando. Cada vez más científicos o escépticos bien formados, no damos tregua al magufo y nos unimos a quienes lo vienen haciendo desde hace décadas, maestros como Luis Alfonso Gámez, José Miguel Mulet, Fernando Frías, Wicho, Aitor Sánchez, Antonio Martínez Aberrón, Carlos Chordá, Clara Grima, Pepo Jiménez, América Valenzuela, Yanko Iruin, José M. López Nicolás, Mauricio Schwarz, Guillermo Quindós, Inma León, Juan Ignacio Pérez, Fernando Cuartero, Eparquio Delgado, Jorge Laborda, José Luis Tajada y otros muchos divulgadores, así como redes de escépticos y asociaciones como la Asociación para avance del pensamiento crítico (ARP-SAPC), el Círculo Escéptico, Qué mal puede hacer, Farmaciencia, la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas, entre otras. En definitiva, hemos decidido no dar cuartel y unirnos ¡al ataque!

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo