Unidad de alta precoz – Prótesis Total de Rodilla - Clínica Santa Cristina Albacete

Fedriani, el padre de los Cuidados Intensivos

Fotografía tomada hace ocho años, con motivo de su jubilación, para una entrevista.

Nieto, hijo y padre de médico, Jaime Fedriani Gorria lleva la vocación en la sangre. Albacete le debe toda una vida dedicada a la sanidad pública y a Cruz Roja, pero su mujer, Herminia de Matos, asegura que no hay nada que saldar, que si su marido volviese a nacer no restaría ni una sola de las horas dedicadas a sus pacientes. El doctor Fedriani tiene ahora 78 años; hace ocho que colgó la bata y hace tres que empezó a olvidar, de ahí que haya que recurrir a su círculo más cercano para contar quién fue el padre de los Cuidados Intensivos en Albacete.

Médico, profesor, concejal, presidente de Cruz Roja, simpático y polifacético. El doctor de la barba hasta el pecho, inconfundible, ha dejado huella en la historia de la sanidad. La primera Unidad de Cuidados Intensivos o el primer marcapasos llevan su firma. Cuenta el profesor de Enfermería Elías Rovira que en Sevilla hablaban de él como si de un héroe se tratara, capaz de intubar a un paciente con una goma de butano porque era lo único que tenía a mano o de envenenarse al hacerle el boca a boca a una paciente que había tratado de suicidarse.

Jaime Fedriani Gorria es sevillano, aunque estudió la carrera de Medicina y Cirugía en Madrid. Empezó a trabajar en la capital de España, pero cuando le surgió la oportunidad de ejercer en Angola, no lo dudó. Se fue a Portugal a formarse en medicina tropical y cambió de continente, no sin antes casarse con una portuguesa, Herminia de Matos, que le acompañó en aquella primera locura y en esta última.

En Angola, el doctor Fedriani llevó el ritmo de vida que no abandonaría hasta la jubilación. Trabajaba en el único hospital de un país en guerra, por lo que las jornadas laborales confundían el día con la noche. Sin embargo, Herminia de Matos guarda buenos recuerdos de aquella etapa. El matrimonio volvió a España durante unas vacaciones, porque había un enfermo en la familia, y cuando trató de regresar la situación en Angola se había complicado tanto que fue imposible volver.

Fedriani y su mujer, la portuguesa Herminia de Matos.

Fedriani se quedó entonces en el Hospital Gregorio Marañón, en Cuidados Intensivos, hasta que se convocaron plazas de jefe de servicio en varios puntos de España. Los consejos de un compañero albaceteño y el hecho de tener a su madre en Madrid, convencieron a aquel médico sevillano. Aunque también consiguió la plaza de Almería, se decantó por Albacete para probar.

Como marca la tradición, llegó a mediados de los años setenta con la intención de que Albacete fuera un destino temporal y aquí sigue aun después de jubilarse. Y eso que aterrizó en una ciudad donde la sanidad estaba en pañales. Él puso en marcha la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Perpetuo Socorro, cuando éste, conocido como la vieja residencia, era el recurso sanitario de referencia. Hasta entonces, los enfermos graves, como las víctimas de accidentes de tráfico, morían en los traslados a los hospitales vecinos.

En aquella etapa, Fedriani prácticamente vivía en el hospital. Su mujer y sus tres hijos acudían a la cafetería a merendar con él para poder verlo. Su hijo Jaime, el mayor, aún recuerda que la luz se iba con frecuencia y, cuando llegaba el apagón, su padre salía corriendo porque no quedaba otro remedio que ventilar a los pacientes a mano. La plantilla de Intensivos era tan reducida que en verano hacían guardia día sí y día no.

Todo cambió cuando abrió el Hospital General. Tantas veces anunciaron su apertura que Fedriani, escéptico, dijo que si llegaba a pisar la nueva UCI, se afeitaría su mítica barba, y así fue. La única vez en décadas que cambió de imagen. Ni sus hijos lo reconocieron.

Trabajó y estudió sin descanso, hasta el punto de convertirse en una leyenda entre los estudiantes. Y es que él fue el primero en poner un marcapasos en Castilla-La Mancha. Pero no sólo destacó como médico. Fue concejal del PSOE en el primer ayuntamiento democrático, el de Salvador Jiménez, cargo del que acabaría dimitiendo.

También fue profesor de la Escuela de Enfermería y presidente provincial de Cruz Roja durante diez años. La política la dejó en un segundo plano, pero nunca abandonó ni sus ideas socialistas ni su apoyo a Cruz Roja, a la sanidad pública y a la Facultad de Enfermería. Activo como pocos, cuesta creer que Jaime Fedriani esté olvidando el hombre que fue.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo