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Lecturas para “escapar” de la rutina sanitaria

Desde Dostoievski hasta Falcones. Novela histórica o negra y romanticismo, sin olvidar la enfermedad o el dolor. En el mundo sanitario se dan los extremos. Desde quienes sacan tiempo de donde no hay para escapar de la rutina con literatura hasta quien no recuerda una lectura que no fuera de tintes científicos. En cualquiera de los casos, aquí están los títulos que han marcado el verano o toda una vida.

El neurólogo Tomás Segura descubrió a Carrère hace dos veranos, “leyendo la que hasta ahora creo es su ultima obra, El Reino, entonces recién salida a la luz. Me llamó la atención esa forma de mezclar los hechos autobiográficos con el contenido del ensayo, y decidí indagar más sobre el autor. Así fueron cayendo otras novelas suyas. La más conocida para el gran público quizá sea El Adversario, una obra desasosegante, basada en hechos reales, sólo recomendable para corazones maduros”.

Segura también recomienda, del mismo autor, De vidas ajenas, porque “es también una experiencia intensa, que de nuevo utiliza la vida del autor para adentrarse en las de otros y que en cualquier caso recomiendo aquí hoy como lectura muy interesante. Y lo será  especialmente para quien trata cada día con la vida y con la muerte, tanto, que acaba  acostumbrándose a la desgracia y al dolor y no se permite mirar más allá del paciente para llegar hasta la persona. De vidas ajenas es una gran novela, de lectura fluida, que trata sobre la enfermedad y el dolor, y sobre todo, sobre la entrega y el amor verdadero“.

Sin embargo, Llanos Campaña, enfermera de Medicina Interna del Hospital de Almansa, forma parte de ese nutrido grupo de adictos a la novela negra. Recomienda El silencio de la ciudad blanca, de Eva G. Sáenz de Urturi, donde el lector se enfrenta a “una ciudad aterrorizada por el regreso de unos asesinatos rituales. Un experto en perfiles criminales que esconde una tragedia. Un thriller hipnótico cuyas claves descansan en unos misteriosos restos arqueológicos”.

Para Juan Manuel Córcoles, jefe servicio de Cirugía Torácica de los hospitales Vinalopo-Elche y Torrevieja, este verano ha sido el de El siglo de los indomables, de Juan Carlos Padilla, que narra la historia de un emigrante español que prospera en tierras lejanas. “La búsqueda sin tregua de su hijo con un extraño defecto genético que desaparece sin dejar rastro”. Córcoles también recomienda Africanus, el hijo del cónsul, de Santiago Posteguillo, que aborda los inicios de la historia de Público Cornelio Escipion, el romano que derrotó a Aníbal.

Y para un neurocirujano recién jubilado, como es el caso de Vicente Calatayud, la lectura de este verano ha sido Sapiens, de animales a dioses (breve historia de la humanidad), de Yuval Noah Harari. Calatayud se queda con tres frases: “La historia es algo que ha hecho muy poca gente mientras que todos los demás araban los campos y acarreaban barreños de agua”. “Una de las poca leyes rigurosas de la historia es que los lujos tienden a convertirse en necesidades y generar nuevas obligaciones”. “Los humanos poseen una maravillosa capacidad para creer en contradicciones”.

La médico de Familia Carmen Somoza siempre recomienda El comité de la muerte, de Noah Gordon, pero sus gustos van desde Dostoievski hasta Torcuato Luca de Tena, la serie Cienfuegos de Alberto Vázquez-Figueroa o La Catedral del Mar de Ildefonso Falcones.

La auxiliar de Enfermería Pepa López Fuster siempre recomienda León el Africano, de Maalouf Amín, y Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. los considera títulos imprescindibles en todo buen lector, pero este verano ha caído en sus manos por casualidad La hija de la criada, de Barbara Mutch. “Me impactó porque es un canto a la amistad”.

En cualquiera de los casos, la lectura “sana el alma”. Y no lo dice cualquiera, ésta es una receta de Juan Manuel de la Cruz, director de la Biblioteca Pública del Estado.

Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo