• Biblioterapia, el sanatorio del alma

    El Autor

    Juan Manuel de la Cruz

    Director de la Biblioteca Pública del Estado en Albacete

    La Biblioterapia está inventada hace años, que digo años, hace siglos: Ya los faraones egipcios ponían en el frontal de sus bibliotecas: “Sanatorio del alma”. Las bibliotecas públicas modernas se precian (nos preciamos) de poner por encima del “valor libro”, el “valor persona”, entendiendo que nuestra colección bibliográfica es muy importante, pero mucho más el servicio público y social: la biblioteca como punto de información, de intercambio cultural y de ideas, y la lectura como elemento para mejorar nuestra calidad de vida y nuestra salud mental y social.

    La tópica y manoseada frase “mens sana in corpore sano” hace mención a una vida saludable y se refiere tanto a buenos hábitos físicos como mentales. La lectura incentiva nuestra imaginación, desarrolla nuestro conocimiento, despierta nuestros sentidos y nos hace estar más vivos. Un buen lector parte con ventaja sobre el que no lo es. Y, encima, le relaciona con otras posibilidades culturales que colaboran a mejorar nuestro día a día, porque la afición lectora suele ir acompañada del cine (¡qué buen y duradero matrimonio forman cine y literatura!), del teatro, de la música… pero también de otras artes plásticas.

    Son muchos los lectores que sueltan algo así como “este libro me salvó la vida”, o sin tanto dramatismo “este libro me cambió la vida”, o más modestamente “con este libro he estado más tranquilo en esta tarde de hospital” o sencillamente “qué bien lo he pasado con este libro”. En todo caso estamos hablando de “calidad de vida” física y mental. Y todo esto sin entrar todavía en los contenidos propiamente de los libros porque ni mucho menos estoy hablando solo de los famosos libros de autoayuda hacia los que siento un especial y personal recelo.

    Ya a principios del siglo XX se empezaron a “recetar” libros para casos de ansiedad o depresión especialmente en Estados Unidos, algo que se generalizó aún más al finalizar la I Guerra Mundial que se significó especialmente por su crueldad y su larga y dura lucha en trincheras provocando difíciles estados psicológicos posteriores. La lectura, determinadas y seleccionadas lecturas, podían ayudar a la recuperación personal y a una reintegración en la vida social.

    Somos muchos los que decimos “siempre hay un libro que te está esperando”, porque, efectivamente, el libro está ahí, esperando pacientemente. Tiene tanta paciencia que en no pocas ocasiones se nos escapa la vida y no hemos terminado de dar con él. Pero eso no quiere decir que no exista. Tan solo hay que tener la osadía de buscarlo y la suerte de encontrarlo. Una vez que se produce el “encuentro” los resultados son espectaculares: se nos abre la mente y el espíritu y mejora nuestra calidad de vida y por tanto nuestra salud. Siempre hay una historia que está ahí, esperándonos, que nos levantará el ánimo cuando estemos decaídos o que nos dará un revolcón mental en determinados momentos, despertando nuestros sentidos. Es cierto que al Quijote se le fue la pinza con tantos libros de caballerías, pero no lo es menos que Cervantes, a su vez, ha salvado muchos espíritus y muchas vidas con su obra, ayudándonos a encontrar el camino cuando estamos perdidos. Y no olvidemos que el Quijote es un personaje de ficción y Cervantes real.

    Sí es cierto que es muy importante la selección de un buen libro, o más que un “buen libro”, el libro adecuado para el momento y la situación que atravesemos en cada momento. En el caso de medicina y “biblioterapia”, una elección correcta puede ayudar de forma considerable en el tratamiento de no pocas enfermedades y dolencias, especialmente las que tengan que ver con los estados de ánimo como resulta obvio. Hay aquí todo un campo de colaboración interprofesional medico/bibliotecaria, porque hay que reconocer que la selección de lecturas, especialmente en algunos casos, resulta fundamental. No descubro nada nuevo señalando que la Biblioterapia es, o debería ser, una herramienta importante y mucho más cuidada, en el mundo de la medicina.

    Bien es verdad que lo dice un bibliotecario, no un médico. Desde aquí: ¡mucha más colaboración y trabajo compartido entre hospitales y bibliotecas! En la Biblioteca Pública del Estado en Albacete nos ponemos a ello.

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo