• Células mieloides supresoras: ¿nueva puerta para la esclerosis?

    Las células mieloides supresoras podrían ser una fuente terapéutica alternativa que potencie el tratamiento con interferón-beta.

    Las células mieloides supresoras podrían ser una fuente terapéutica alternativa.

    La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad neurodegenerativa con un fuerte componente inflamatorio, en la que  fallan los mecanismos espontáneos reguladores de la respuesta inmune que posee el organismo.

    Este peor control de la respuesta inmune hace que la inflamación presente en la esclerosis múltiple se cronifique y que el daño que ejerce sobre el tejido nervioso sea prolongado, según ha explicado el director del Laboratorio de Neuroinmuno-Reparación del Hospital Nacional de Parapléjicos, Diego Clemente.

    Una de las líneas de trabajo del grupo es la búsqueda de terapias que potencien la actividad de las células mieloides supresoras

    Junto con  el Grupo de Neurobiología del Desarrollo-GNDe del Instituto Cajal-CSIC –dirigido por el doctor Fernando de Castro– y la colaboración de la Unidad de Gestión Clínica de Neurociencias del Hospital Regional Universitario de Málaga -en su momento dirigida por el doctor Óscar Fernández-, todos ellos de la Red Española de Esclerosis Múltiple, han estudiado el papel y potenciación de las células mieloides supresoras (MDSCs), un tipo celular muy inmaduro de la respuesta inmune innata, en el modelo animal de EM.

    Una de las funciones de las MDSCs consiste en suprimir la actividad de los linfocitos T, muy importantes en el deterioro de la capa de mielina, (una sustancia que envuelve y protege las células nerviosas), evento propio de la esclerosis múltiple.

    Las MDSCs pueden impedir que los linfocitos T activados ejerzan su función, llegando incluso a provocar su eliminación, de ahí su interés como blanco terapéutico.

    La meta es un mejor control de la actividad de los linfocitos T

    “Precisamente una de las líneas de trabajo del grupo es la búsqueda de terapias que potencien la actividad de las células mieloides supresoras, lo que repercutiría en un mejor control de la actividad de los linfocitos T, y, por tanto, en un mejor control de los síntomas y del deterioro del tejido nervioso”, afirma Diego Clemente.

    Papel del interferón-beta

    Desde este punto de vista, el trabajo estudia el papel de una molécula usada actualmente para el tratamiento de la EM, el interferón-beta, en la potenciación de las MDSCs en el modelo animal de esta enfermedad.

    “Lo que mostramos en nuestra investigación es que la mejoría de los síntomas en los ratones tras el tratamiento con Interferón-beta, es paralelo a un enriquecimiento de la población de MDSCs en el bazo y en la médula espinal de los ratones que habían recibido el tratamiento frente a los ratones enfermos no tratados con este fármaco”, ha argumentado Diego Clemente.

    Además, ha detallado el científico, tras el tratamiento con el interferón-beta «las MDSCs presentes en el tejido nervioso mostraban características típicas de células con mayor actividad inmunosupresora, es decir, con mayor capacidad de eliminación del linfocito T activado”.

    Con el fin de utilizar las MDSCs en futuros trasplantes celulares para la EM, los investigadores expusieron in vitro MDSCs obtenidas de ratones enfermos sin tratar.

    Nuevos horizontes

    En conjunto, estos resultados abren dos vías de trabajo. Por un lado, el estudio en pacientes de EM de las células mieloides supresoras como biomarcadores de una buena respuesta al tratamiento con interferón-beta, lo que ya está siendo objeto de investigación del grupo del Hospital Nacional de Parapléjicos gracias a la reciente financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

    Por otro, se da un paso más hacia el manejo de las MDSCs como futuro tratamiento modificador de la EM mediante su potenciación in vitro con interferón-beta previa a su trasplante.

    “Este estudio apunta que se podría plantear el trasplante de MDSCs en pacientes que estén siendo tratados con interferón. Es más, el fármaco podría incluso potenciar la propia actividad de las MDSCs. Además, podría ser una fuente alternativa terapéutica para los pacientes denominados no respondedores, en los que el interferón-beta no funciona, pero que quizá sí pudieran ver sus MDSCs afectadas positivamente por el fármaco in vitro, previamente a su autotrasplante”, ha concluido Diego Clemente.

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