• Los médicos de la primera línea

    Castilla-La Mancha, con sus más de dos millones de habitantes y sus 80.000 metros cuadrados de territorio, cuenta con más de 1.300 médicos de Atención Primaria. Son los que trabajan en primera línea, aquellos que, como el doctor Ángel Martínez, se convierten en la autoridad del pueblo, junto con el sacerdote y la Guardia Civil. Curan el cuerpo y el alma, porque actúan de confesores y consejeros. Hoy celebran su día, el de la Atención Primaria.

    DSCF1159

    El doctor Ángel Martínez, toda una vida dedicada a la medicina.

     

    Alcadozo, Hellín, Albacete, La Roda, Casas de Benítez y El Salobral. Además de sustituciones en Peñas de San Pedro, Pozohondo y Liétor. El doctor Ángel Martínez representa a esos más de 1.300 médicos de cabecera que han tenido que recorrer cientos de kilómetros antes de establecerse en su pueblo o ciudad. Son los facultativos de referencia, aquellos por los que pasa toda la población, aunque se disfrute de una salud de hierro. Se les conoce también como médicos de familia porque son la referencia para abuelos, padres e hijos.

    Llevan toda una vida reivindicando más tiempo para dedicar a sus pacientes, pero acaban por no mirar el reloj y atender a todo el que pasa por su consulta, de ahí que sólo el 7% de los miles de casos que ven al año acaben derivados a los hospitales. Y es que su medicina guarda la esencia de la evidencia. Carecen de medios para hacer pruebas diagnósticas de urgencia, por lo que huyen de la criticada medicina defensiva. Acaban por dominar todas las especialidades en una.

    DSCF1042

    Imagen de archivo de una consulta de Atención Primaria en un centro de salud.

    Se ganan el respeto y el aprecio de sus pacientes, lo que les identifica con el médico de antaño, el que lo era las 24 horas del día. Así, ejercen en el mercado, cuando salen a dar un paseo o antes de pisar el centro de salud. El doctor Ángel Martínez aún recuerda que lo suyo fue una medicina heroica. Alcadozo fue duro porque vivía en el pueblo, allí crió a sus dos hijos, y era médico noche y día. Eso sí, si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo. Es más, se jubiló porque le obligaron, de lo contrario, seguiría ejerciendo.

    La prueba de que se ha retirado un buen médico es que ahora ejerce con sus padres, que tienen la friolera de 95 y 99 años.

    Este defensor de la sanidad pública ha vivido momentos muy duros y desagradables, pero se queda con lo bueno. Considera que los médicos «hemos sido maltratados por las administraciones de todos los colores, pero el futuro es bueno». En su opinión, es necesaria una «buena cabeza» que «enderece esto». Su experiencia le dice que la clave está en «motivar al profesional».

    CONSULTE AQUÍ EL DECÁLOGO DE LA ATENCIÓN PRIMARIA