• Y después del coronavirus: prostatitis y pericarditis

    Durante y después del coronavirus llegaron todas las «itis»: conjutivitis, neumonitis, prostatitis y pericarditis. La experiencia del doctor Gonzalo Fuentes, como médico y paciente, ante el coronavirus es una auténtica pesadilla. Se enfrentó al virus desde la puerta de Urgencias del Hospital General de Villarrobledo, donde, desde finales del mes de febrero, vio que había algo capaz de provocar neumonías que poco tenía que ver con una gripe.

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    El doctor Gonzalo Fuentes analiza la enfermedad COVID como médico y paciente

    El coronavirus puede provocar un sinfín de «itis»: conjuntivitis, neumonitis, protatitis e incluso pericarditis

    En marzo, el doctor Gonzalo Fuentes decidió vivir solo en una parcela para no exponer a su familia. Dedicó todos sus esfuerzos a trabajar cuando los casos de coronavirus no dejaban de aumentar y una mascarilla era un lujo. Así, fueron cayendo varios compañeros hasta que el 24 de marzo fue él quien empezó con fiebre durante una guardia.

    Se fue de baja exhausto, agotado por la presión asistencial, los cambios de protocolos y la impotencia que suponía luchar sin armadura ni un tratamiento claro. De hecho, se llevó los mismos fármacos que daba a sus pacientes, hidroxicloroquina, que se utiliza para tratar enfermedades autoinmunes, y un antibiótico, azitromicina.

    Pasó sólo la fiebre y las toses, pero, además, tuvo conjuntivitis e inflamación de la próstata, una prostatitis que si bien parecía lo peor de la convalecencia lo superaría más tarde el dolor de pecho de la pericarditis. Una noche, solo, se vio sorprendido por un dolor de pecho que tuvo que autodiagnosticarse como una repentina inflamación del pericardio.

    Este médico es la prueba de que la carga viral tiene consecuencias. De hecho, el coronavirus le ha costado dos meses de baja, de soledad, de dolor y de impotencia. Ha visto cómo le daban el alta automática cuando daba negativo en coronavirus pero apenas podía moverse por el dolor de la pericarditis; ha sido testigo de la confusión, el colapso sanitario y la falta tanto de timón como de medios de protección; ha vivido jornadas interminables de trabajo y soledad, para luego seguir solo la convalecencia.

    El miedo, la soledad y el desconcierto

    Ahora aún se le saltan las lágrimas cuando recuerda los peores días, cuando cada uno de sus compañeros leía lo que podía en busca de mejores tratamientos; cuando unos se iban a casa solos y otros se marchaban con el temor de contagiar a los suyos lo que estaban viendo que podía ser mortal. La soledad, del personal sanitario y de los pacientes, ha sido otra de las terribles constantes.

    En su opinión, mientras aún se recupera de las secuelas del coronavirus, esta crisis sanitaria, en lo que a gestión se refiere, ha sido un desastre. Ha faltado información, pero también medios, desde respiradores hasta calzas, gorros o mascarillas.

    Para el doctor Gonzalo Fuentes esta crisis, que ahora da un respiro a los hospitales, ha tenido un coste de vidas irreparable, pero también deja unas secuelas físicas y psicológicas que es ahora cuando empiezan a salir a la luz.

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo

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