• Duelo gestacional, el duelo invisible

    El Autor

    Anna Marta Lubska

    Psicóloga, psicoterapeuta, «life coach»

    Desde hace unos años, en el discurso en torno a la maternidad podemos observar que progresivamente estamos concediendo cada vez más visibilidad y espacio a las cuestiones que hace unas pocas décadas eran tabúes. Nos brindamos mucho más permiso para hablar sobre las dificultades del posparto y de la lactancia, sobre los retos de la conciliación familiar, sobre el rol activo del padre, sobre la reproducción asistida, sobre muchas maneras de vivir y experimentar la maternidad, de las cuales todas son correctas. Las mujeres estamos soltando mucha presión, nos atrevemos a ser “madres suficiente buenas” en lugar de pretender ser madres perfectas.

    duelo gestacional

    Sin embargo, hay una realidad relacionada con la maternidad a la que todavía se presta poca atención en el espacio público y que condena a las mujeres a las que afecta a vivirla en silencio, soledad e incomprensión.

    Estadísticas

    El día 15 de octubre se celebra el día mundial de la muerte gestacional y perinatal. Las estadísticas muestran que en España entre el 10 y el 25% de los embarazos resultan en un aborto espontáneo. La mayoría de los abortos se producen antes de la octava semana y más del 80% de abortos ocurren durante las primeras 13 semanas de gestación. A partir del segundo trimestre uno de cada 50 embarazos termina con la muerte intrauterina. En España 4 de cada mil nacidos mueren durante el parto o a los pocos días de nacer.

    Muerte gestacional, un hecho frecuente

    La muerte gestacional es un hecho frecuente, sin embargo conocemos muy poco lo que realmente significa emocional y psicológicamente para las madres y los padres que lo experimentan.

    El dolor por la pérdida de un embarazo es habitualmente una experiencia que la mujer vive de forma silenciosa. Pensamos que la palabra duelo está reservada para llorar la pérdida de alguien a quien conocíamos, a quien podemos poner cara, recordar sus vivencias, quien permanece vivo en las fotos. Es difícil compartir el duelo por la muerte de alguien cuya existencia ha sido tan fugaz y experimentada solo por la mujer en cuyo cuerpo habitaba.

    Cuando una mujer desea ser madre su afecto hacia el hijo existe mucho antes de nacer, incluso antes de concebir al bebe ya existe en su imaginación y en la proyección del futuro. Se puede decir que una mujer que desea ser madre está enamorada de la criatura mucho antes de quedarse embarazada.

    Profundo shock

    Antiguamente la expresión “estar en el estado de buena esperanza” se asociaba a describir el embarazo como un estado en el que se espera un buen final (aunque la mujer viva esta espera experimentado un sinfín de emociones, muchas veces contradictorias). Cuando este proyecto termina de forma brusca e inesperada, es frecuente que surja en la mujer una sensación de entumecimiento, así como un profundo shock. La mujer pasa en muy poco tiempo de sentir alegría, ilusión y felicidad enorme, a vivir emociones de las más difíciles y desesperanzadoras.

    Para la mayoría de las mujeres (sobre todo si fue un embarazo buscado y deseado) lo que muere no es un embrión o un feto, es un hijo al que ya amaban. En este proceso pueden ser habituales estados de desconcierto, incredulidad, emociones de rabia, tristeza, sensación de incomprensión, soledad, necesidades de aislamiento y recogimiento, percepciones de vacío, desamparo, apatía, injusticia.

    Qué decir cuando no hay nada que decir.

    Culpa irracional

    Son muy habituales los sentimientos de culpa irracional, a los que acompañan las ideas de que podíamos haber hecho algo para prevenirlo, enfado con nuestro propio cuerpo por no haber realizado la tarea para la que se supone que está desarrollado y preparado. Todos estos procesos son complejos, subjetivos y personales. Puede aparecer la frustración de una meta no lograda y un proyecto vital fracasado.

    Cicatrices

    En la mayoría de los casos esta experiencia deja cicatrices y requiere elaboración consciente. Sin embargo, cuando una de las primeras informaciones que recibe la mujer del médico que la atiende es que puede intentarlo de nuevo, y su entorno la “consuela” con la famosa frase “mujer legrada mujer embarazada”, esto añadido a la desorientación y desequilibrio hormonal que vive, hace que pueda empezar a creer que ahora hay que mirar hacia el futuro y “no dar más vueltas o lo ocurrido”. El siguiente embarazo nunca puede ser el remedio para curar el dolor del embarazo perdido. El siguiente hijo no puede sustituir al niño no nacido. Buscar un nuevo embarazo en el periodo de tristeza y sensaciones intensas podría causar dificultades emocionales, tanto en los padres como en el siguiente hijo.

    Ritual de despedida

    En el caso de cualquier duelo, poder realizar un ritual de despedida (como el funeral) permite nombrar y aceptar la realidad. En el proceso de duelo gestacional, cuando el funeral no es posible, puede ser de gran ayuda realizar un acto simbólico como escribirle una carta al no nacido en la que expresamos lo que sentimos, encender una vela, plantar un árbol en su honor, preparar una cajita con algunos objetos que nos hagan recordar al niño. Ayuda ponerle un nombre, incluso cuando la pérdida se produce en las etapas muy tempranas y no conocemos el sexo. En este sentido, es importante no poner el mismo nombre al siguiente hijo.

    Padre y hermanos

    El duelo es un proceso natural, es el periodo de recogimiento durante el cual la persona doliente a su ritmo se adapta a la nueva realidad, vuelve al equilibrio, y elabora la manera de darle un lugar interior a lo que ya no va a existir en la realidad exterior. Es muy importante no excluir al padre y a los hermanos mayores (si los hay) de este proceso, y entender que para ellos también es un periodo difícil. El rol fundamental de padre consiste en ser apoyo para la mujer, pero es conveniente que él también encuentre su propio espacio para compartir sus sentimientos y necesidades.

    Muchas veces los hermanos mayores intuyen la pérdida incluso cuando no se nombra, manifestando síntomas somáticos o cambios comportamentales. Una de las pacientes que vivió varios abortos espontáneos me habló de que su hijo mayor después de cada pérdida a la hora de acostarse llevaba a su cama un peluche más. Cuando nombramos lo ocurrido con palabras sencillas y comprensibles, explicando nuestras emociones y evitando las metáforas sofisticadas, el niño suele aceptar la realidad de forma saludable y sin sufrimiento.

    Semanas, meses o años

    Es fundamental para la mujer y para la pareja darse tiempo y espacio para conectar con las emociones y las necesidades sin marcarse objetivos en el tiempo. El duelo puede durar unas semanas, unos meses o unos años, siendo cada periodo de tiempo correcto y adecuado. No existe un tiempo ideal estipulado para retomar la vida cotidiana, laboral, sexual o social. El duelo no se supera, el duelo se elabora, se aprende a vivir con la nueva realidad.

    Indicaciones para un acompañamiento eficaz y empático durante el duelo gestacional y perinatal:

    En el proceso de duelo el rol del entorno es fundamental. Muchas veces es difícil para la familia y amigos de la pareja acompañarla de forma eficaz. Aquí unos consejos que pueden ayudar en esta tarea:

    1. Escucha a la persona. Dale espacio y tiempo para hablar. No insistas si no quiere hablar.
    2. No juzgues ni racionalices sus emociones, reflexiones, creencias. Reconoce su derecho de vivir y manifestar el dolor a su manera.
    3. No minimices la perdida comparándola con tus propias experiencias o experiencias de otras personas.
    4. No cambies de tema intentando distraerla del dolor.
    5. Acepta que no puedes hacer nada para que la persona se sienta mejor. Su dolor va a durar lo que tiene que durar.
    6. No adivines, pregunta a la persona que siente y necesita.
    7. No aproveches su dolor para hablar sobre el tuyo. Es su dolor él que necesita ser expresado y atendido.
    8. No intentes tranquilizar o calmar a la persona si llora. Si llora es porque es lo que necesita en este momento.
    9. No hables sobre el futuro. En las primeras etapas de duelo el futuro es irrelevante para la persona doliente. Más que esperanza necesita reconocimiento del dolor presente.
    10. No des consejos. No sabes lo que es bueno para otra persona. El acompañamiento empático no tiene nada que ver con ofrecer consejos. Incluso si has pasado por una experiencia parecida tus recursos o herramientas no tienen porque ser válidos para los demás.
    11. No utilices frases hechas tipo “mujer legrada mujer embarazada”, “eres joven, vas a tener más hijos”, “mejor ahora que más tarde”. Hacen mucho daño.
    12. Ofrece ayuda concreta (como sacar al perro, preparar la comida, prestar un libro), evita propuestas vagas tipo “llámame si necesitas algo”.
    13. No intentes consolar a la persona dándole explicaciones basadas en tus creencias religiosas, estadísticas o frases de sabiduría popular.
    14. No busques el lado positivo de las cosas. Dar sentido a la experiencia o encontrar algún regalo colateral en el sufrimiento es la última etapa del duelo y no hay que forzarla.
    15. Está bien que no sepas qué hacer o decir. No te sientas culpable por comentarios desafortunados que puedas hacer. Hemos recibido poca educación e información que nos ayude a gestionar bien estas situaciones.

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