• Elvira Argandoña, matrona y fiscal

    El caso de Elvira Argandoña es único, tanto por lo dispar de sus vocaciones como por sus logros. Con 24 años era matrona, con 31 años, madre de dos hijos y licenciada en Derecho y, con 36, fiscal. Una fuerza de voluntad fuera de lo común y un afán de superación poco corriente le llevaron, con la vida solucionada, con dos puestos de trabajo asegurados, el de enfermera y el de matrona, a emprender una nueva aventura universitaria.

    Elvira Argandoña

    Elvira Argandoña, en su despacho.

    Con 24 años era matrona y con 36, fiscal

    Pocos creyeron que lo conseguiría. Pero hoy Elvira es madre de familia numerosa, tiene tres hijos, y cuenta con un currículum con el que podría envolver a cualquiera. Ejerce de fiscal en Albacete, pero podría trabajar tanto de enfermera como de matrona, porque, en su momento, también se ganó ambas plazas.

    Elvira es la mayor de cuatro hermanos. De familia humilde, su madre era ama de casa y su padre administrativo, pero ambos estaban empeñados en que sus hijos llegaran a ser universitarios. Elvira estudió en el colegio religioso Santo Ángel hasta tercero de BUP y terminó COU en el instituto público Andrés de Vandelvira.

    Imagen de Elvira Argandoña trabajando como matrona. La fotografía se ha retocado para borrar a una paciente.

    Quería estudiar Medicina y su expediente se lo permitía, pero detrás de ella venían tres hermanos que también tenían que hacer carrera, por lo que salir de Albacete se hacía económicamente inviable. Entre sus sueños también estaba ser profesora universitaria, pero, finalmente, se decantó por Enfermería sin tener una vocación muy definida.

    No se lo esperaba, pero la rama sanitaria le enganchó y, cuando terminó Enfermería, se presentó al examen de residente y se especializó durante dos años. Con 24 años, Elvira Argandoña era matrona y tenía la plaza de enfermera. Con el futuro laboral asegurado, se casó. Sin embargo, ahí quedaba la espinita de las clases en la Universidad. Enfermería no era una licenciatura por aquel entonces y, por tanto, no le permitía alcanzar su sueño. Sentía que había tocado fondo.

    Llegó a hacer la preinscripción en Medicina, en Madrid, pero, recién casada, no quería alejarse de Albacete, así que, de la noche a la mañana, se decidió por Derecho.

    En tercero de carrera tuvo a su primer hijo y en quinto, a su hija. Además, seguía trabajando como matrona

    Acostumbrada a estudiar y trabajar desde los 15 años, Elvira no pudo resistir la tentación y, al acabar la licenciatura, se matriculó del Máster de Derecho Sanitario de la Universidad de Castilla-La Mancha. Y fue en 2007, tras una crisis personal, cuando una compañera le habló de las oposiciones a fiscal y se lanzó. Su preparador, al que confiesa que le debe la toga, fue José Martínez, el fiscal Jefe de Castilla-La Mancha. Él nunca la desanimó, pero sí llegó a reconocerle que veía que lo suyo, con su situación personal y laboral, era una quimera.

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    Noches en vela, jornadas maratonianas, los hijos, el trabajo y los estudios. No fue fácil. En más de una ocasión pensó en abandonar, sin embargo, contra todo pronóstico, Elvira fue aprobando exámenes y en mayo de 2010, con 36 años, era fiscal, la número 18 de España y la 60 de un examen al que se presentaron más de 3.000 candidatos.

    Ahora vive entre montañas de papeles, sin horarios, con casos de más de 5.000 folios que viajan de la Audiencia a casa y al revés, con guardias y un ritmo frenético del que aprende a diario. Pero le gustaba ser matrona y le gusta ser fiscal. Además, acaba de tener a su tercer hijo. ¿Ha puesto punto final a su currículum?