• Síndrome de Guillain-Barré y Batalla del Somme

    El Autor

    Tomás Segura Martín

    Jefe de Servicio de Neurología

    Albacete celebró en octubre una jornada monográfica sobre el síndrome de Guillain-Barré, que tuvo el mérito de reunir en nuestra ciudad a algunos de los mejores especialistas nacionales en la enfermedad. Esta patología, que afecta cada año a 15 albaceteños, está mundialmente extendida y es una de las enfermedades más sorprendentes a las que se puede enfrentar un médico no neurólogo.

    Aunque tiene formas de presentación muy diversas, que en ocasiones consiguen desorientar incluso al especialista más avezado, la fenomenología clásica es una parálisis progresiva que se inicia por las partes más distales de las extremidades y que avanza los siguientes días hasta postrar al paciente en una inmovilidad a veces completa, sin que existan signos de afectación del sistema nervioso central, ya que la parálisis es debida al mal funcionamiento de los nervios periféricos. El origen de la enfermedad es autoinmune, debido a la producción por parte del paciente de unos anticuerpos que atacan a los componentes mielínicos y axonales de dichos nervios y sus raíces.  

    Una de las conferencias del curso estuvo dedicada a la historia del síndrome. Impartida por el profesor Berciano, sin duda uno de los científicos europeos actuales que más y mejores contribuciones ha hecho al conocimiento histológico y fisiopatológico del síndrome de Guillain-Barré, fue como todas las conferencias del curso, magistral.

    Las primeras descripciones de la enfermedad se hicieron en el frente del Somme, durante la Primera Guerra Mundial

    Durante la misma el profesor hizo referencia a las primeras descripciones de la enfermedad, que se hicieron en el frente del Somme, Primera Guerra Mundial, por parte de los médicos de guerra franceses Georges Guillain, Jean Alexander Barré y André Strohl (este último por motivos difíciles de entender ha desaparecido del nombre más aceptado de la enfermedad), quienes publicaron sus hallazgos en el año 1916.

    Somme

    Somme

    Andre Strohl.

    Al otro lado del Atlántico no conocían esta patología, y de hecho, -como también explicó el profesor Berciano-, en 1921, el líder político americano Franklin Delano Roosevelt, quien luego sería presidente de los Estados Unidos, sufrió el síndrome, quedando para el resto de su vida impedido para caminar. Entonces, los mejores médicos del país diagnosticaron en él un ataque agudo de poliomielitis, enfermedad que sigue figurando en su biografía oficial, pese a que este diagnóstico, si se me permite decir hoy, era improbable dado el intenso dolor neuropático que sufrió Roosevelt durante el curso precoz de su enfermedad. Pero para quien no conoce el síndrome, intuir que una patología así pueda existir es realmente difícil, y como todo médico sabe, siempre el más listo es el último.

    Somme

    Roosevelt en su silla de ruedas, secuelas de su SGB.

    Cuando escuchaba al Dr. Berciano mencionar la Batalla del Somme no pude evitar pensar que el gran mérito de los descriptores originales de la enfermedad no fue tan solo descubrir que estaban ante un padecimiento nuevo, previamente no descrito, e incluso ser capaces de localizar la causa en el fallo del nervio periférico, sino haber tenido la grandeza de hacer aquello en mitad del infierno que supuso aquella batalla, sin dejarse llevar por la impresión -imagino que fue su primera suposición-  de que los soldados simplemente no querían moverse porque no querían volver al frente.

     Los médicos tuvieron la grandeza de trabajar en mitad del infierno que supuso aquella batalla

    Casualmente esta conferencia tuvo lugar mientras yo me encontraba inmerso en la lectura del último libro de Lars Mytting, autor noruego que recomiendo vivamente, que transcurre precisamente alrededor de determinados avatares que sucedieron en aquel terrible escenario que fue la Batalla del Somme, no en vano descrita por el Príncipe Ruperto de Baviera como la tumba de barro de la vieja infantería alemana.

    Interesa mencionar unos datos que permitan al lector imaginar lo que fue el enfrentamiento, porque ha quedado en nuestro imaginario colectivo como ejemplo de conflicto tremebundo la Segunda Guerra Mundial, pero para nuestros bisabuelos y para gran parte de los europeos, incluso después del año 1945, la Primera siguió siendo el peor ejemplo de lo que puede esperar a un soldado en el frente, y no en vano sigue siendo conocida como la Gran Guerra en aquellos países que después sufrieron la Segunda.

    El primer día de batalla los ingleses sufrieron 57.000 bajas

    La Batalla del Somme comenzó el 1 de julio del año 1916. En aquellos momentos se desarrollaba la Batalla de Verdún, y los ejércitos franceses estaban muy presionados por los alemanes, por lo que solicitaron a sus aliados británicos que aliviaran su precaria situación  abriendo un nuevo frente en el Somme. Así, el Alto Mando británico diseño un ataque masivo sobre esta zona de la Picardía francesa.

    El primer día de batalla los ingleses sufrieron 57.000 bajas, 20.000 de ellas muertes inmediatas en combate. Las  ametralladoras alemanas cubrían todo el frente y en las repetidas oleadas de ofensiva anglo-francesa morían centenares de hombres por minuto. Miles de soldados quedaron enganchados de las alambradas, y como era imposible recogerlos, allí  permanecían hasta que el calor del verano los pudría y sus restos se desintegraban.

    Los cadáveres que conseguían enterrar sus compañeros tampoco se mantenían bajo tierra mucho tiempo, porque en cuanto empezaba un contraataque las explosiones los sacaban de nuevo a la superficie. Los prados, las iglesias, los bosques en los pueblos de la zona quedaron transformados en un lodazal de cientos de kilómetros de largo. Mineros civiles excavaron túneles inmensos en los que colocaron tal cantidad de explosivos que las detonaciones, que podían oírse en Inglaterra, al otro lado del mar, generaban cráteres del tamaño de un meteorito.

    A pocos metros de las trincheras, pequeñas nubes negras flotaban repartidas erráticamente sobre los campos, y cuando los soldados se acercaban reconocían en ellas el increíble zumbido de millones de moscas que pastaban sobre los cadáveres. Este escenario dantesco y la batalla se prolongaron hasta el día 8 de noviembre, y durante su transcurso fallecieron trescientos mil soldados y hubo un millón de bajas en ambos bandos. Al finalizar, el objetivo alcanzado por los británicos había sido adelantar 9 kilómetros su línea de trincheras.  

    Conocer la Historia es necesario, imprescindible, y su enseñanza veraz, una obligación de los Estados modernos

    Tenemos tendencia a pensar que en el mundo todo va peor cada vez, pero al fin y al cabo es solo un recurso de nuestro cerebro para de alguna manera obligarnos a trabajar más y mejor. Esta rebeldía cerebral es probablemente uno de los motivos del éxito de nuestra especie. Pero no está de más recordar la Historia para darse cuenta de que, por fortuna, en el siglo XXI, a diferencia de hace solo 100 años, los médicos conocemos perfectamente el síndrome de Guillain-Barré, conocemos su etiología, su fisiopatología y hemos aislado en sangre gran parte de los anticuerpos que lo producen.

    Hemos aprendido a vivir en paz

    Pero sobre todo, al menos los europeos, hemos aprendido a vivir en paz, y ya no existen líneas de trincheras que dividan en dos el continente, ni está la mayor parte de nuestra juventud ocupada en intentar aniquilar a la otra mitad, ni nuestros mejores químicos e ingenieros dedicando sus más brillantes esfuerzos en diseñar armas o túneles pensados para destruir al ser humano.

    Conocer la Historia es necesario, imprescindible, y su enseñanza veraz una obligación de los Estados modernos. Esto último, como podemos apreciar por cierto en nuestro país -sobre todo en los últimos tiempos-, sigue siendo bastante mejorable. Por ello, y por si los responsables políticos no se ocupan del asunto, animen a sus hijos a leer Historia. Les harán más libres y más felices.

    2 comentarios

    1. Excelente artículo. Gracias

    2. José María Sánchez Peña

      Totalmente de acuerdo

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