• Carta de un residente: «En el ojo del huracán»

    Nunca olvidaré como empezó todo para mi, un 15 de marzo, con las palabras de José Luis (mi Jefe): “Martín, tus rotaciones se dan por finalizadas, mañana a las 8:00 vuelves a la UCI”.

    carta residente UCI

    Desde el primer día, todos teníamos muy claro que iba a ser duro, viendo lo de Italia, China, incluso Madrid. Pero jamás podríamos imaginar lo que venía… No solo por la sobrecarga que supone pasar de 12 camas a 48 con una plantilla de 14 intensivistas (contando 4 residentes), 1 cardiólogo y 1 intensivista pediátrica al día, sino por que cada día teníamos que adaptarnos a lo que teníamos, camas de UCI en lugares insospechados, respiradores de transporte, monitores de hace 30 años, o directamente de veterinaria, con enfermería y auxiliares en su mayoría nuevos (desde aquí, toda mi admiración por ellos y su valentía y la de los veteranos por la docencia en esos momentos).

    Echando la vista atrás, puede parecer todo muy malo, pero en ese momento, lo veíamos como una bendición, ya que de esa manera, mucha gente iba a tener una oportunidad que de otra forma no hubiera tenido. Si me centro en mi jornada de trabajo, las mañanas se hacían muy cortas, faltaban horas para hacer todo lo que había que hacer, ingresos, intubaciones, cambios de tubo, tubos de tórax, pronos, vías, traqueotomías, protocolos que cambiaban cada día…y de repente, las 5 de la tarde, sin darte cuenta.

    Las llamadas a las familias

    Era momento de llamar a informar a las familias. Guardo de forma especial ese momento. Tenías que ser consciente de que eras el único nexo de unión entre el paciente y sus familiares. A mí, personalmente, me resultaba difícil, ya que se perdía gran parte del lenguaje no verbal y la cercanía que debe de tener esa información.

    Al terminar, siempre intentaba mandar un mensaje de ánimo, y muchas veces eran más los propios familiares los que nos animaban a nosotros. “Mucho ánimo con todo esto, esperamos darle buenas noticias pronto”, “Ánimo también para usted doctor y muchas gracias por todo lo que hacen”, aunque no quisieras, te removía por dentro.

    No parabas ni para ir al baño

    Hacíamos guardia cada 3 días, guardias en las que no parabas ni para ir al baño, en las que te enfundabas el EPI y no te lo quitabas en muchas horas, en las que no sabías la hora que era, en las que te enterabas que era la hora de la cena porque algún restaurante había mandado comida de forma altruista (muchas gracias a toda esa gente), guardias que hicieron que esos meses pasaran muy rápido y que hacían que no tuvieras tiempo ni de plantearte todo lo que estabas haciendo, ni de que estabas en el centro de todo lo que estaba pasando.

    Y al salir de todo ello, a casa corriendo a ducharte y desinfectarte, con la esperanza de no haberte llevado el bicho a casa. Así pasaron los días, uno tras otro, sin fines de semana, sin días de descanso, sin poder desconectar ni un segundo, deseando que todo eso pasara cuanto antes.

    La guerra

    Nunca he estado en una guerra, pero creo que esto ha debido de ser parecido.

    En estos tres meses, he tenido que crecer profesionalmente hablando, he hecho cosas que no imaginaba ser capaz de hacer, he aprendido muchísimo y pese a todo lo malo, tengo la sensación de haberlo dado todo y de haber ayudado en todo lo que hemos podido.

    Gracias

    A José Luis, Virgilio, Pedro, Toni, Fernando, Isabel, Elena, Rafa, Guti, Mamen, Ángela, Ángel, Lourdes, Marta, María (las dos), Victoria, Ana, Ana Belén, Elia, Miguel, Salme, Miguel Ángel… a todos vosotros y al resto de personal que han estado ahí conmigo, gracias por vuestra ayuda, gracias por vuestra paciencia, gracias por vuestra capacidad para motivarnos día a día, mil gracias por todo, tenéis que estar orgullosos de vuestro trabajo.

    Martín Pérez Villena, residente de tercer año de Medicina Intensiva

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