• «Hasta tres veces vinieron de la UCI a valorarme»

    Miguel Simarro es uno de los cerca de 7.000 pacientes de Castilla-La Mancha que han recibido el alta hospitalaria por coronavirus, lo que la Consejería de Sanidad llama «altas epidemiológicas» y el Ministerio de Sanidad «curados». Entró el 27 de marzo por la puerta de Urgencias del Hospital General Universitario de Albacete y salió el 15 de abril. Ha vuelto a nacer gracias al personal sanitario, pero ni tiene el alta médica ni está totalmente curado. Aún se fatiga.

    • Albacete: 1.466 pacientes han recibido el alta hospitalaria por coronavirus.
    • Ciudad Real: 2.192.
    • Toledo: 2.118.
    • Cuenca: 641.
    • Guadalajara: 538.
    altas coronavirus
    Como Miguel Simarro, más de 1.400 albaceteños ya son «altas piedemiológicas» por coronavirus.

    Miguel Simarro ingresó el 27 de marzo y recibió el alta el 15 de abril

    Castilla-La Mancha ha registrado 6.955 altas epidemiológicas

    Castilla-La Mancha ha registrado 6.955 altas epidemiológicas desde que empezó la pandemia, lo que se traduce en pacientes hospitalizados que han dado negativo en la prueba conocida como PCR. No obstante, no significa que estén libres de secuelas. De hecho, hay médicos con pericarditis que si bien tienen el alta epidemiológica no están preparados para el alta definitiva.

    El albaceteño Miguel Simarro es una de esas altas epidemiológicas. No está totalmente recuperado, pero ya no tiene rastro alguno del coronavirus. Así, no sólo no es contagioso sino que tiene anticuerpos, lo que hace más difícil que vuelva a contraer la enfermedad.

    Después de una semana con fiebre, hasta de cuarenta grados, una placa de tórax confirmó que debía ir a Urgencias. Una noche hasta llegó a meterse en la bañera desesperado por una fiebre que no bajaba. De hecho, aunque llegó al Hospital General de Albacete por su propio pie, en cuanto los médicos vieron la radiografía, lo ingresaron.

    Recuerda la amabilidad del personal sanitario, los días eternos, que se ahogaba, que tenía que estar boca abajo para respirar mejor, pero nunca llegó a ser consciente de la gravedad. «Hasta tres veces vinieron de la UCI a valorarme», recuerda ahora. Y es que hoy este agricultor se ha convertido en un paciente experto en coronavirus. Le preocupan sus niveles de ferritina y de Dímero D y confía en su médico de cabecera para que la coagulación no se descontrole, ya que sabe que es otra de las secuelas del virus.

    Con 61 años, aún no se encuentra bien del todo. De hecho, perdió 18 kilos durante su estancia hospitalaria a pesar de que la cortisona le daba hambre a todas horas.

    Tenía que estar boca abajo porque se ahogaba

    Ahora es cuando este paciente es consciente de que ha vuelto a nacer. En aquel momento, lo peor fue no estar junto a su familia. Sin embargo, empieza a tener la certeza de que está vivo de milagro. Después de una primera semana de ingreso en la que cada vez estaba mejor, empeoró hasta el punto de que hasta le tenían que dar de comer. Tenía que estar boca abajo porque se ahogaba.

    Hoy se acuerda de quienes le conseguían comida fuera de horas; de quienes se jugaban la vida, cubiertas por bolsas de basura, mientras lo lavaban y, en definitiva, de quienes le han salvado la vida. Pero nunca se olvidará del momento en el que le dieron el aplauso de despedida mientras se le caían las lágrimas de la alegría.

    Quién le iba a decir al albaceteño Miguel Simarro, como a los miles de pacientes que lo han pasado, que un virus que surgió en China, entre un murciélago o un pangolín, iba a llegar a Castilla-La Mancha a poner en peligro sus vidas.

    Lassus - Asociación de Ayuda contra el síndrome depresivo

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