• Una enfermera ‘a prueba de guerras’ en el Zendal

    Con 23 años, la enfermera albaceteña Andrea Alfaro ya está formada «a prueba de guerras», tal y como le aseguran sus compañeros veteranos del Hospital de Emergencias Isabel Zendal de Madrid, donde hace frente al coronavirus desde enero. Natural de Tobarra, quién le iba a decir que esta Semana Santa en lugar de tocar el tambor la pasaría enfundada en un EPI.

    Andrea Alfaro cambió Albacete por Madrid porque en la capital le ofrecían tres meses de contrato

    Acabó la carrera en julio y hoy es enfermera de un hospital de emergencias

    Recién acabado el Grado de Enfermería en Albacete, la primera oferta de trabajo que superaba los 15 días de contrato le llegó de la Comunidad de Madrid, donde a Andrea Alfaro le ofrecieron en julio tres meses de empleo en la sanidad pública.

    Así, de la noche a la mañana, se embarcó en la doble aventura que suponía dar el salto a la capital, en este caso en el Hospital Ramón y Cajal, y asumir el cuidado de los pacientes con coronavirus.

    Nunca pensó que vería a tantos pacientes morir y que dieran ese paso sin la compañía de sus familias. Pero esta enfermera hizo todo lo que pudo y se adaptó a un contexto para el que no hay facultad que te prepare. Así, cuando ya estaba hecha a su primer trabajo, recibió la temida llamada que la obligaba a incorporarse en 24 horas al Hospital de Emergencias Isabel Zendal, a 40 minutos en transporte público.

    «Piensas, si hace falta, hay que hacerlo». Así que dio el paso, pero consciente de que sus compañeros de la planta COVID del Ramón y Cajal se quedaban en cuadro. Cuando llegó, tuvo la sensación de que llegaba a una nave industrial en lugar de a un hospital.

    Los pacientes no tenían intimidad alguna y faltaba hasta medicación. Los inicios fueron tan caóticos que cuando regresaba a su casa no le quedaban fuerzas para volver a trabajar.

    Del caos a la eficacia

    Ahora, el Hospital de Emergencias Isabel Zendal, que hace dos semanas trataba a 490 pacientes, no tiene nada que ver con el centro con el que se encontró Andrea Alfaro el 21 de enero. Es más, le ve ventajas porque se trata de un centro, con multitud de recursos para ventilación mecánica, centrado en la enfermedad respiratoria. Aquí se atiende desde el paciente 0 con coronavirus, aquel que tiene autonomía hasta el que requiere cuidados respiratorios intermedios o el que debe ser intubado en la UCI.

    Sin intimidad

    El Zendal está muy lejos de la intimidad que esta enfermera considera fundamental o de la humanización a la que aspira ahora la sanidad, pero cuenta con los medios suficientes como para salvar vidas en un escenario en el que la ventilación y los techos altos de los que carecen el resto de los hospitales son fundamentales.

    Con la vacunación completa desde hace diez días, Andrea Alfaro ha vivido dos batallas en la guerra que se libra contra el coronavirus sin resultar herida. No ha llegado a contagiarse y ya está inmunizada. El 30 de junio acaba su contrato.

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    Un comentario

    1. María Pizarro Venecia

      No creo nada de lo que cuentan ustedes sobre el hospital Isabel Zendal. Por qué no dejan de asustar a los familiares de los enfermos con covid 19?

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