• Fernando Lamata, antes y después del ictus

    Fue el consejero de las transferencias sanitarias. Como gestor, impulsó tanto la Ley del Tabaco como el final de los manicomios. Este médico, psiquiatra, ha dedicado su vida a la sanidad pública, a la gestión bajo las siglas del PSOE, desde Felipe González hasta Zapatero, pasando por Bono y Barreda. Pero en 2010 un ictus marcó un antes y un después en la vida de Fernando Lamata Cotanda, el político de físico frágil y mirada empática.

    Fernando Lamata

    Fernando Lamata, junto a su mujer y sus dos hijos.

    Las asociaciones lo adoraban porque sabía gestionar cuando tocaba, pero también dialogar, entonar un tango o recitar poesías cuando lo invitaban a una cena. El que fuera consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha y vicepresidente sabía escuchar y resolvía. Y es que con Fernando Lamata se dieron dos circunstancias que remaban a su favor, llegó a la región con una amplia experiencia en gestión sanitaria y en un momento en el que la palabra recorte no había llegado a los titulares.

    Cogió las riendas de la sanidad pública castellanomanchega en el año 2000

    Nació en Madrid, estudió en Valencia, dirigió el Insalud en Cantabria, trabajó para la Comunidad de Madrid y para la Unión Europea. Había vivido en Argentina y en Bulgaria, pero Fernando Lamata acabó en Castilla-La Mancha, en la tierra de su padre. Y es que Pedro Lamata da nombre a todo un barrio de Albacete. Después de la Guerra Civil, sería alcalde durante unos meses.

    Fernando LamataActivista desde muy joven, la vocación empujó a este médico a dedicarse en cuerpo y alma a la política sanitaria, que aún hoy, a sus 65 años, ya jubilado, echa de menos. Pero un 31 de mayo del año 2010, después de los actos del Día de Castilla-La Mancha, ingresó de urgencia.

    Su padre da nombre a todo un barrio de Albacete, Pedro Lamata

    El día de antes, notó que la mano derecha le fallaba. No podía abrir la nevera, así que se fue al espejo y, como se temía, tenía la cara torcida. Tenía claro que era un ictus, pero esperó pensando que si no se le pasaba, se lo llevaría por delante.

    Y mejoró. Fernando Lamata pensó que no tenía sentido ir al hospital, no quería armar revuelo. Pero al día siguiente, durante los actos del Día de la Región, empezó a notar que no hablaba bien y que no recordaba canciones y poesías, algo estaba fallado en el disco duro.

    Las consecuencias del ictus le llevaron a dejar la primera línea de la política

    Ahora reconoce que si no hubiese tenido un cargo político habría ido al hospital ante el primer síntoma, pero llegó con 48 horas de retraso. Tenía la carótida izquierda taponada. Cuando ingresó no era capaz ni de escribir.

    Fernando LamataCon el paso de los días, volvieron los tangos a su memoria, empezó a escribir de nuevo y, aparentemente, recuperó todas sus facultades. Pero notó que lo que el llama “cuchilladas” políticas le hacían daño. La coraza ya no funcionaba y a la hora de tomar decisiones dudaba. Tenía sutiles cambios de ánimo que lo llevaron a abandonar aquello a lo que había dedicado su vida.

    En 2011, Fernando Lamata regresó a su puesto de funcionario en la Comunidad de Madrid.

    Con 63 años, pedía la jubilación anticipada

    No se ve con la misma resiliencia desde que sufrió el citus, pero aquel compromiso con la sanidad universal sigue ahí. De hecho, Fernando Lamata forma parte de la Asociación en Defensa del Acceso a los Medicamentos. Tampoco ha perdido su confianza en el Sistema Sanitario Público Español, al que sitúa entre los mejores del mundo. Considera que la sanidad ha aguantado las embestidas de la crisis, pero advierte que este sistema, aunque potente, “hay que cuidarlo”.

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