• Peñalta y el Río Madera, receta para «andarines»

    El psicólogo Rigoberto López y el dentista Manuel Martínez proponen Peñalta para alcanzar la ración de ejercicio semanal

    El Autor

    Rigoberto López Honrubia y Manuel Martínez Vergara

    Profesor de Psicología de la Salud en la Facultad de Enfermería y dentista licenciado en Cirugía y Medicina

    Esta mañana hemos madrugado para ver levantar el día y estar pronto en el inicio de ruta: Río Madera. De ahí sale un carril para subir a Peñalta y al pico Pajonar.

    Aparcamos en una de las tres aldeas de Río Madera, Riomadera de Abajo, junto a un hospedaje de turismo rural y un restaurante que solo abre los fines de semana. Los perros nos jalean, aunque no parece ser que haya mucha gente para oírlos. Andamos un poco por la carretera en dirección a Río Madera hasta encontrar una pista a la izquierda que zigzaguea y asciende con rapidez. Partimos de 1.000 metros y subiremos a 1.516. Es el camino de Paterna a La Vegallera, señalizado por un PR.

    La mañana está fresca. Y como dice un haiku de mi amiga Toñi, Dientes de León:

    Meditar caminando
    con cada pisada
    el frescor del rocío.

    Pasamos por delante de la Piedra de las Ventanas, 1.443 metros, característica por dos huecos en su seno que dejan ver el otro lado. Como si de la Ciudad Encantada se tratara, algunas piedras erosionadas han adquirido chocantes formas que nos amenizan la subida con la música de fondo de las grajas que revolotean en las alturas. Solo la red eléctrica desentona en la escena. El sol va coronando los altos del Pimpollar y de los Gansos y nos quitamos lo que nos sobra. 

    Peñalta

    Solo da el sol

    en el borde de las nubes

    flores de romero.

    También nuestros olfatos participan de la escena; entre los olores de la húmeda cubierta del suelo y de los pinos, a detectamos el de los pegines, suillus, que nos estimula a ir ojeando donde otros animales han oteado en busca de algún botín.

    A lo largo de la ruta hemos visto numerosas macrolepiotas, rusulas, cortinarios, algunas nuevas que Manu se encargará de catalogar y otras pocas que se vienen con nosotros, pie de perdiz, níscalos y algún pejín pelado, ¡ave que vuela a la cazuela!, como dice mi compadre. Ya en el collado, entre los Llanos y el Chuscarrero, dejamos el camino de la Vegallera y nos acercamos al refugio de Mesas, un pequeño habitáculo con dos bancos y una mesa que puede ser útil al caminante, y es de agradecer que este abierto por si fuera necesario.

    Peñalta

    En la puerta tomamos té y frutos secos antes de continuar por el camino de la izquierda adentrándonos al Chuscarrero, y seguir campo a través hasta el Alto de Peñalta, donde hay dos picos de apenas un metro de diferencia, aunque el punto geodésico está en otro pico, Pajonar 1512, de tres metros menos que los anteriores.

    Peñalta

    Y nos quedamos estupefactos ante la visión circular de cadenas montañosas abrumadas en sus cumbres, picos y montañas fácilmente reconocibles, Almenara, Sarga, Padrón, Argel, Mentiras, La Sagra, las Cabras, Albarda, Padrastro, Trifillas, Coronillas, y otros que hipotetizamos. Paterna blanquea y a su lado una pequeña mancha oscurecida del incendió pasado y aldeas como La Casica, Val de Pinares, y en unos claros entre árboles Río Paterna y El Batan del Puerto. 

    Una parada para contemplar

    Nos sentamos para disfrutar de las vistas y aprovechamos para un nuevo té y una onza de chocolate. Ante tanta maravilla tenemos que animarnos mutuamente para proseguir y, por la cuerda rocosa de Peñalta, nos aproximamos a La Peguera para ir adentrándonos en las Torcas del Pajonar, curiosas estructuras geológicas producidas por hundimientos de tierra, flanquedas con paredes y bloques de piedra, donde se acumula el agua y florece una rica vegetación.

    Cuando las torcas se acaban seguimos por el arroyo que desciende hasta Río Madera. Ahora son las aliagas las que proliferan y nos complican el descenso, pero el tándem ponemos en marcha nuestros recursos, paciencia, y vamos descendiendo. Abajo, cerca del rio, nos cruzamos con la senda que va desde Río Madera a la Mohedas pasando por la Casa Rosa.

    Y escuchando el discurrir del agua, por esta preciosa senda que en otros tiempos acogería a muchos lugareños, al decir de sus paredes de piedra, a la sombra, y en la que crecen higueras y nogales, por cierto, los higos de culo mula muy buenos. Algún mirlo nos dedica un trino de vez en cuando. En el puente termina la senda y ahora un poco de carretera para llegar al coche. Una sanitaria que visita la aldea nos informa de un bar abierto en la zona. Saludamos a dos mayores que han venido a nuestro encuentro, tal vez para ver caras nuevas, y es que la zona rural se está quedando como la Unión, ¡como un corral sin gallinas!

    Migas con níscalos

    En el jardín del Batán del Puerto nos ofrecen migas multicomponentes con níscalos, chorizos, torreznos, uva y huevo frito, complementadas con flan casero, nueces tiernas con miel y una manzanilla para terminar. Y el orujo blanco obsequio de la casa. La camarera conversa con nosotros de la despoblación rural y lo duro que lo tienen los que permanecen. Aunque no hay ninguna garantía de que lo lleven mejor los que se van, especialmente los mayores, cuando aquí están sus raíces. Habría de trabajarse con más determinación para que nuestros pueblos no vayan apagándose sin remedio. 

    Y luego el nene nos dirá que hemos andado 11,7 kilómetros, en 4,30 horas, y con un desnivel de 670 metros. 

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