• Pico Navazuela, 12 kilómetros para desconectar

    El Autor

    Rigoberto López Honrubia

    Profesor de Psicología de la Salud en la Facultad de Enfermería

    Por el desvío de la carretera de Bogarra llegamos a La Dehesa, aparcamos y seguimos la carretera que va a la Herrería y después del pilón seguimos a la izquierda buscando el Hondo de Haches. 

    Fotografías: Manuel Martínez Vergara

    Una pareja de lugareños nos advierten para no alejarnos ante el zurriero de las tripas de las nubes. Agradecemos y seguimos laderando hasta encontrar el camino que discurre paralelo a un arroyo que termina incrustándose en la montaña.

    Nuestro primer objetivo es la Peña de la Atalaya (1.173 m)

    La tarde está húmeda. Se inicia una llovizna que  no llega a incomodarnos, es más, las finas gotas nos avivan y el tiempo termina siendo exquisito, sin calor y con un suelo blandito.

    El camino ahora discurre por una dehesa preciosa, con paredes de piedra bien conservadas que van delimitando terrazas en producciones onduladas. Abundan los nogales, almendros, oliveras y algunos pistachos.

    El valle se va estrechando hasta cerrarse, incluso con apresamientos de piedras en toda su anchura, que nos da idea de cómo puede correr por aquí el agua cuando se ponga la cosa brava.

    También hay setas de cardo

    El arroyo termina por escindirse en dos y seguimos a la derecha por el Rincón del Conde para el asalto del pico Atalaya. La tierra está preñada, con ganas de mostrar lo que esconde; numerosos “pejines” (suillusmicrolepiotascoprinus y otras variedades) van sobresaltándonos y nuestra disposición tiene su recompensa encontrando cuatro setas de cardo, una de ellas de buen tamaño que nos alegra, aunque pronto nos convencemos que aún falta para el día del manto.

    Nuestra compañera se interesa por el nombre de una planta, alguna de cuyas propiedades conocemos, Manu y yo nos miramos y nos reímos porque ninguno damos con el nombre; sabemos que nos encanta en las berenjenas, que nos saca los gases y en boca tiene un sabor anisado, pero no será hasta el final de la tarde cuando a mi pregunta responda a bote pronto ¡hinojo! Y es que como te empeñes no sale

    Varias aldeas, Casas de Enmedio, La NavazuelaCaserío de la Jara…

    Ahora el sendero se pone más exigente y campo a través vamos ganando metros hasta encontrar otro camino que terminará por facilitarnos la subida. Hoy nos acompaña Ana Teresadominicana sobrina de Manu, y aunque su calzado es mejorable y cerró demasiado tarde el último día de feria, ha caminado sin problemas y obviado su preparación física. Y ha quedado tan sorprendida como nosotros de estas tierras, farallones, vegetación, flores y vistas de llanos, aldeas, montañas y picos. 

    Y repasamos con ella los picos más resultones por su cercanía o silueta, Albarda, Padrastro, Almenara, Argel, Peña Palomera, Molar, Ventoso, Cañadas, Trifillas, Atalaya de Liétor, ….y a tiro de piedra el Navazuela (1183 m) próxima cumbre. Esta tarde está especialmente hermosa la ajedrea, abundante y florida que nos lleva a restregar en ella nuestras manos una y otra vez y terminamos por llevarnos pequeños ramitos a casa, y ahora expelen recuerdos de la etapa.

    Otras plantas con unas flores azules, parecidas al espliego, desprenden un olor peculiar, alimonado y que, probablemente, terminaremos sabiendo por la búsqueda de Manu. 

    Por la cuerda llegamos al punto geodésico para extasiarnos un poco más, compartir una manzana, el agua y una onza de chocolate. Dado que es la primera ruta después de las vacaciones nos lo hemos tomado con tranquilidad, hasta el punto que nuestra acompañante se relaja casi en exceso, en tanto una lagartija sin cola la visita, momento que aprovechamos retomar, montaña abajo hasta encontrar la carretera de La Herrería.

    12 kilómetros, con un desnivel total de 340 metros, en tres horas y media

    Una liebre joven la traviesa antes que nosotros a veloz carrera. El descenso fácil pero un poco molesto por los muchos árboles secos caídos. A nuestra derecha hemos dejado el oleoducto que como una culebra discurre hacia Híjar pasando por Peña Tuerta, y que tal vez nos asomemos a verlo por aquel lado del pico Villarones próximamente.

    Y después de comernos unos higos y andar un poco por la carretera hasta La Dehesa, vamos a Alcadozo para enseñar a Ana la nuvelle cuisine del bar de Rafa: hígado a la plancha y las cuatro setas que magistralmente elaboradas nos han sabido a gloria bendita. Y comprendemos que si saboreáramos las cosas disfrutaríamos más con menos. Han sido 12 Km con un desnivel total de 340 m, en tres horas y media. Un reinicio estupendo.

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